ColumnistaActualidadAlvaro Castillo Granada

Álvaro Castillo Granada rinde homenaje a los libreros de Cuba

Por JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS

La verdad es que tengo el honor de presentar hoy Con los libreros en Cuba, el más reciente libro de Álvaro Castillo Granada. No sólo es un honor para mí sino un inmenso privilegio. Las razones para afirmar lo anterior son múltiples, pero en especial porque el aprecio que siento por Álvaro es una afortunada fusión de afecto, admiración y complicidad, siempre rica e in crescendo.

Álvaro Castillo Granada es librero por los cuatro costados de su humanidad física, espiritual e intelectual. Es hombre de libros. Es su razón de ser. Vive rodeado de libros y más libros. De muchos libros, para el culto permanente de ese estuche de palabras, de idolatría hacia ese artefacto que produce placer estético, goce íntimo y alegría de vivir, las veinticuatro horas del día. Tiene, desde luego, devociones literarias muy puntuales, pero debo resaltar una muy completa y es hacia la figura cardinal del siglo XX: el poeta chileno Pablo Neruda.

Tanto su casa como su lugar de trabajo —la librería que obviamente lleva el nombre de San Librario-–, están repletos de tomos, volúmenes, colecciones, folletos y plaquettes, de los más diversos autores mundiales y de los más variados temas. Casa y librería son sus templos, sus aposentos sagrados. Y al igual que los templos, encontramos allí altares, columnas, retablos y pilas bautismales, conformados no sólo por estos prodigiosos elementos del conocimiento sino por una riquísima colección de dedicatorias y autógrafos de los grandes escritores y de las grandes escritoras de nuestro tiempo.

Naturalmente, de tanto leer —y al contrario de lo que le aconteció a Don Alonso Quijano el Bueno—, se descubrió a sí mismo y brotó desde hace ya varios lustros su brillante y revelador oficio de escritor. Y no de cualquier escritor, sino de un narrador exquisito, un cronista ágil y ameno, lleno de sorprendentes recursos creativos. De ahí que haya sido galardonado en importantes certámenes literarios tanto en Colombia como en Cuba, su segunda patria.

Fruto de todo ello, para deleite de sus lectores, ha publicado:

  • El libro (recuerdos de un lector), en 2004
  • Julio Cortázar. Una lectura permutante del Capítulo 7 de “Rayuela”, en 2005
  • En viaje, 2007
  • De cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau, 2008
  • Encuentros con Paco Ignacio Taibo II, en 2013
  • Un librero, publicado por Random House en 2017, y que ha merecido varias reimpresiones

Nuestro Álvaro —también editor— ha fundado varias colecciones, ya emblemáticas, de poesía, narrativa y ensayo (Ediciones San Librario), y en la actualidad dirige la Editorial Isla de Libros desde el año 2012.

Además, no deja de ser una esclarecida faceta de su personalidad y de su trayectoria humana —la cual nos une hasta el infinito—, su constante e intensa solidaridad con Cuba Socialista, amorosa y sincera hasta los tuétanos. Creo que él mismo ya ha perdido la cuenta de cuántos viajes ha realizado a la Isla Infinita, como la llamaron en su momento esa notable pareja de poetas y amigos suyos Fina García-Marruz y Cintio Vitier. Pero deben ser más de cuarenta los desplazamientos, allí donde Álvaro no solamente ha encontrado el paraíso terrenal o el paraíso perdido de su pasión libresca, sino los inequívocos y auténticos valores de la amistad, la camaradería y la confabulación para el hallazgo perenne de valores culturales.

En Cuba, a lo largo de casi tres décadas, ha cultivado amistades. Me consta, de primera mano, el afecto incondicional y certero que profesan hacia Álvaro Castillo Granada docenas de cubanas y cubanos, de todas las edades y condiciones, a todo lo largo y a todo lo ancho del entrañable archipiélago.

Y aquí es donde encontramos el meollo del asunto que nos reúne esta noche en el cálido ambiente de la librería El Lobo está en el Bosque.

Con los libreros en Cuba reúne en breves pero esplendentes estampas narrativas el retrato afectuoso y respetuoso de aquellas mujeres y hombres, jóvenes, maduros y otoñales, que con ardiente paciencia se dedican al mismo noble oficio que fulgura en la humanidad de Álvaro.

A través de un centenar de páginas, desfilan sus colegas amigos y conocidos, tanto los que realizan su oficio en establecimientos, ferias y festivales, como los que operan en las aceras, sardineles y plazas de La Habana y de otros municipios de Cuba.

Para cada uno, hay un pequeño gran homenaje, un reconocimiento, una flor, y todo ello acompañado de fotografías de los libreros y libreras y de sus espirituales materias con tomo y lomo. Trabajo arduo y afectuoso, dedicado a “todos, con todos, libreros, ayudantes, correparques: compañeros”. Y para un librero de marca mayor, con quien comparto el sentimiento de admiración: “Carlos Orallo Boscá, mi hermano”.

Querido Álvaro: tienes la palabra, como corresponde. ¡Ya tú sabes!

Actualizado el

Ver perfil completo

Consejo editorial compuesto por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

      Deja un comentario

      Logo
      Registrar una cuenta nueva
      Restablecer la contraseña