Entrevista

Hanna Chomenko | Cuando me enfrento a ilustrar un libro me lo planteo como una oportunidad de aprender

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Ania González González (La Habana 1973), conocida como Hanna G. Chomenko ─nombre artístico con que reivindica su ascendencia polaca ─es pintora, grabadora, dibujante e ilustradora. Se graduó en la Academia de San Alejandro y culminó su licenciatura en la Universidad de La Habana. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Ha realizado más de veinte exhibiciones personales de su obra artística y participado en más de cincuenta muestras colectivas dentro y fuera de Cuba.

Por su quehacer creativo ha recibido varios premios y menciones. En el 2006 fue condecorada con la Medalla XX Aniversario de la Asociación Hermanos Saíz. Paralelamente tiene una amplia labor como ilustradora en diversos géneros, tanto para el público infantil como el adulto. Ha publicado con diversas editoriales cubanas: Editora Abril, Gente Nueva, Letras Cubanas, José Martí, Extramuros, El Mar y la Montaña, La Luz y Montecallado. Con ella conversamos para reconocer también a los ilustradores.

Recientemente inauguraste la exposición “Muchos mundos, muchos duendes…” ¿Qué propones con ella?

Brinda un compendio de dieciséis años de trabajo en el sector infantil donde más que temas, motivos o referentes particulares, se pueda contemplar la ilustración en sí misma como manifestación de las artes gráficas, con la riqueza, complejidad y diversidad que les son propias y el desafío que implica su misión.

La muestra presenta un total de cuarenta y dos ilustraciones infantiles, con una diversidad de medios y técnicas: se incluyen ilustraciones realizadas con técnicas convencionales como la plumilla, la acuarela y el lápiz de color, pero también se utiliza el lápiz óptico y la tableta gráfica. Lo mismo se concibe inicialmente el dibujo sobre papel y luego se digitaliza, que se dibuja directamente con dispositivos digitales o a través de vectores originados por softwares gráficos. De igual forma he elegido ilustraciones destinadas a medios diversos, no solo a la poligrafía y el libro como medio tradicional, sino otras destinadas al medio audiovisual y dispositivos digitales.

Entre sus objetivos busca visibilizar más el oficio del ilustrador, conquistar espacios de intercambio de la ilustración como manifestación, para que gane en legitimación, autonomía y deje de ser considerada una labor menor, ocasional, y accesoria. Además de llamarla atención sobre la ineludible realidad que imponen las actuales rutinas productivas editoriales, poligráficas y medios de comunicación en general con el necesario.

¿Por qué la ilustración infantil?

Aunque me inicié en 1994 como ilustradora de artículos periodísticos y literatura activa para adultos, en revistas como Revolución y Cultura, La Gaceta de Cuba, considero que la ilustración infantil como modalidad es una de las más complejas, porque se trata de lograr simplicidad sin ser simplista, ser claro sin ser obvio y estar a la altura de la naturaleza lúdicas e imaginativa de los niños. Creo que el sector infantil tiene sus particularidades y nunca se le puede subestimar, al contrario, brindarle una visualidad rica en estilos, recursos gráficos y expresivos, no solo como distracción sino para potenciar esa función comunicativa-formativa que es tan vital en nuestros tiempos.

¿Qué libro te llenó de ganas para ilustrar?

Todos los libros de mi niñez. El librero que mi madre llenó de hermosísimos libros, que era un universo donde me sumergía horas y jugaba con los personajes de los libros y soñaba deambulaba por esos ambientes. Pero, sin dudas, lo que me cautivó por completo fueron Las historias de Famas y Cronopios, de Julio Cortázar, que fue lo primero con lo que experimenté en las clases de ilustración del profe Francisco Blanco Hernández en San Alejandro.

¿Cuáles son algunos libros y autores cubanos para los que has trabajado?

El cochero azul, de Dora Alonso; la saga de Penélope, de Albertico Yanes; Namach, de Haydee Arteaga; Los increíbles piratas del barco de vapor y El niño que perdió el miedo, ambos de Enrique Pérez Díaz; José Alberto y el Arcoíris, de Alberto Rocasolano; la antología de Julia Calzadilla Los libros encantados, Villa Beatriz, de Marie Rojas; Historia de una perra de pelea, de Yunier Riquenes; Historias para despertar, de Ramón Laffita; La voz Cuasi, de Mildre Hernández, entre otros…

 ¿Cuáles son los personajes más difíciles para crear?

No creo que haya personajes difíciles siempre que estén bien construidos, mientras más rica es la lectura, en todos los sentidos, no solo desde el punto de vista denotativo, sino también connotativo, el ilustrador tiene más para trabajar… Hay que ser leal al texto y siempre pensar en el libro como un todo, una entidad con vida propia, más allá del autor o del ilustrador… Igual te digo que una comunicación pobre entre el autor y el ilustrador puede hacerlo difícil, quizá crear determinados personajes o ambientes que son privativos de la historia de vida del autor, de su mundo referencial.

Igual cuando me enfrento a ilustrar un libro, me lo planteo como una oportunidad de aprender… No solo del contenido del libro, sino del propio oficio de ilustrar. A mí me gusta, siempre que sea posible, intercambiar cara a cara con al autor (no siempre he podido hacerlo), entrar en su subjetividad, de esa forma puedo acercarme más a su libro soñado.

Personalmente no me planteo la ilustración como un espacio de expresión propia como en el caso de los lienzos o dibujos de mi obra personal. Para mí ilustrar es un servicio en un sentido casi devoto de respeto y fidelidad al autor, trato de desdoblarme para ser fiel al aliento del libro, me propongo que se parezca al autor, no a mí.

No sé si me explico, esto es una sensación difícil de expresar en palabras…fíjate, no creo que lo haya logrado en todos los casos, pero acercarme a eso me cautiva…claro que de alguna forma todas llevan mi impronta, ¿quién puede parar ese caudal que fluye de la cabeza, pasa por el corazón y desemboca en la mano?

 ¿Qué proyectos asumes ahora mismo?

Bueno, tú sabes…. no solo trabajo para el sector infantil, así que este año enfrenté el reto y el honor de trabajar con Marta Rojas ilustrando, Santa Lujuria, un texto sorprendente que me exigió mucha investigación y aprendí mucho trabajándolo.

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Consejo editorial compuesto por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

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