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Ediciones Holguín, 33 años después

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Escrito por Moisés Mayán

Cuando la máquina Risográfica zarandeó el panorama editorial cubano, ya Ediciones Holguín tenía su historia. Por concurrencia de múltiples azares, el 2000 constituye motivo de obligada recordación. Con el portazo temporal del 31 de diciembre de 1999 cruzábamos año, siglo y milenio. Lo que ignorábamos muchos de los jóvenes de ese entonces, era que en términos de palabra impresa, el 2000 marcaría un antes y un después.

La Risográfica se convirtió en animadora indiscutible de los movimientos literarios provinciales, y permitió respaldar las obras de todos aquellos autores que no conseguían acceder a las editoriales nacionales. El 2000, por lo tanto, se irguió como parteaguas de la pujante literatura cubana hecha fuera de la capital, sin embargo como ya hemos apuntado, Ediciones Holguín contaba con más de tres lustros de experiencia.

En 1986 fue convocado por primera vez el Premio de la Ciudad en los géneros de poesía, cuento, testimonio y ensayo. Los cinco títulos premiados (pues el galardón de poesía se entregó compartido) demandaban su publicación inmediata. Necesidad que apoyaron los miembros del jurado de esta edición fundacional, conformado por Pablo Armando Fernández, César López, Manuel Díaz Martínez, Miguel Barnet, e Imeldo Álvarez, entre otros de muy reconocida trayectoria.

En el mes de abril de 1986, gracias al esfuerzo de la Dirección Municipal de Cultura, el Comité Municipal del Partido, y la Asamblea del Poder Popular, se lograron imprimir los textos en el Taller 01 “Atanagildo Cajigal”. Con una tirada de 1500 ejemplares estuvieron listos para su presentación en septiembre, Tenaces como el fuego, y Bajo un cielo tan amplio, cuadernos de poesía de Lourdes González y Alejandro Fonseca respectivamente; el libro de relatos Primer encuentro de Pedro Ortiz Domínguez, la muestra ensayística La consagración de los contextos de Manuel García Verdecia, y el testimonio Salto al Ogaden de Mario Nieves. Emergía de esta manera en el tejido literario nacional, una casa publicadora que no podía nombrarse de otro modo, Ediciones Holguín.

La llegada de la Risográfica

En el año 2000, Ediciones Holguín se sumó con nueve títulos a la apoteosis que provocaba la llegada de la Risográfica. Se clausuraba la conocida como “Edad de plomo”, donde la impresión directa, los linotipos, y las antiquísimas máquinas Chandler, cedían ante el empuje de las computadoras y la impresión digital, iniciándose una nueva época. Mencionar 33 años más tarde, los innegables aportes bibliográficos de este sello a la cultura cubana, es sin temor a equivocaciones recaer una y otra vez en la persona de Lourdes González.

Lourdes González ha conseguido sostener al unísono las riendas de una institución generadora de cultura, y los rigores crecientes de su propia obra. Su capacidad directiva ha sorteado con éxito momentos complejos, marcados por carencias de insumos, reajustes de plantilla, roturas de equipos informáticos, reparaciones del local, manteniendo siempre un diálogo productivo con las autoridades con el fin de salvaguardar al libro y a su autor. En 2016 Ediciones Holguín asumiría un cambio tectónico en su imagen visual corporativa, así como en sus perfiles de colección. Buscando reajustar sus productos a un mercado cada vez más exigente en el plano de la visualidad, arremetió contra monolitos estéticos y se impuso una nueva dinámica en materia de diseño.

Un cuerpo de editores con nombres como Eugenio Marrón, Fidel Fidalgo, Dunia Verdecia, y José Luis Serrano, donde se ensamblan creadores de primer nivel, con acuciosos profesionales de las letras, le otorga al quehacer editorial un prestigio muy bien ganado. El montaje y composición a cargo de Rebeca Pantoja, quien es de por sí un seguro de calidad, y el diseño preciso y sobrio de Roddier Mouso, conforman una mecánica de trabajo que no pueden ostentar muchas editoriales del país. La labor de Kenia Leyva al frente de la revista Diéresis viene a complementar el ámbito irrenunciable de las publicaciones seriadas, y cada número contribuye a la consolidación de las herramientas promocionales.

33 años después

Ediciones Holguín en estos 33 años de arduo bregar en los dominios de la Lengua Española, ha desterrado cualquier manifestación de provincianismo, decantándose por la buena literatura escrita por autores de cualquier parte del país, de cualquier región del mundo y de cualquier idioma. Las traducciones han venido a ocupar un sitio remarcable en esta suerte de biblioteca total que es Ediciones Holguín. Recientemente este sello organizó un levantamiento de los traductores cubanos en activo, no solo para reunir porciones de su trabajo en un texto como La mirada del otro, sino para soñar con la posibilidad de trasladar a diversas lenguas las obras de autores locales, pensando sobre todo en el turismo.

Más de 650 títulos testifican a favor de Ediciones Holguín. Más de 300 autores legitiman y apuntalan la voluntad de este “centro imborrable de la verdad poética”, como lo definió César López. Miles y miles de lectores han encontrado el tamaño de su esperanza en libros producidos por esta editorial, y siguen lloviendo razones para celebrar a Ediciones Holguín en sus 33 años, y hacerlo como mejor sabemos, con un libro abierto frente a los ojos, alegres e invictos.

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