¿Qué pasa con las revistas literarias y culturales en Cuba?

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¿Para qué sirven las revistas? ¿Qué objetivos tienen? En eso pienso esta mañana tirado sobre la cama y escribiendo en el celular. Las revistas siempre me seducen. Las persigo, las colecciono. Aunque no tenga espacio. Terminada la Feria del Libro, pienso.

Tuvieron espacio en la Feria Internacional de La Habana. Como siempre en el stand de publicaciones seriadas se celebraron aniversarios cerrados, incluso, aunque no pude participar, invitación de por medio, se organizó un encuentro Iberoamericano de revistas culturales. No sé qué repercusión tuvo y que se proyectó.  No tengo que saberlo todo.

Allí, en el stand de publicaciones periódicas estuvieron presentes coordinadores de revistas y publicaciones periódicas tan importantes: como periódicos y suplementos, impresos y digitales. De todos los ámbitos. Ciencias, artes. Todo. Este es uno de mis espacios favoritos en Feria de La Habana.

Después estuve en Matanzas, Holguín, y Villa Clara. En las ferias de estos territorios se desarrolló un panel dedicado a las revistas. Se reconocía el trabajo de Matanzas, La Gaceta de Cuba, La siempreviva, Revolución y Cultura, Arte Cubano, Signos, Diéresis, y Umbral.  Y pude escuchar las historias, al pie de la sentencia, de los revisteros: Alfredo Zaldívar, Arturo Arango, Jorge Ángel Hernández, Yanira Marimón, Edelmis Anoceto, Norberto Codina, José León Díaz, y Reynaldo González.

No voy a aclarar qué se dijo en uno y otro lugar. Parecía el mismo panel de un sitio a otro. Se proyectaban las mismas preocupaciones: distribución, pago a colaboradores, largos periodos en poligrafía, abuso en la extensión de los trabajos, uso del lenguaje especializado con demasiadas citas y notas, el posible compromiso de los colaboradores y columnistas, retroalimentación con los lectores, suscripciones, y más. Se habló de las revistas de autor, de aquellas que representan a una organización y de aquellas que deben mostrar el quehacer cultural de la provincia. Por cierto, todas coinciden en recoger la historia cultural de la nación.

Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura contó de su paso por varias de ellas. Afirmó: “He sido un revistero toda la vida. Soy fanático de las publicaciones periódicas. Cuando la gente se va los domingos a misa. Yo me voy a la cama a leer revistas”. También comentó que este tipo de publicaciones son la necesidad de comunicar la cultura y sostuvo que el gusanillo de hacer revistas es una enfermedad y al mismo tiempo un padecimiento. Destacó que la revista que dirige, La siempreviva, entró ahora en una nueva época.

Es curioso como casi todos los panelistas, revisteros, se refieren a la distribución y promoción y no mencionan, no insisten, en la página de la revista en las redes sociales, o el portal web. Eso aún no se interioriza. Tampoco hubo presencia de revistas digitales en los paneles. (Esto lo dejo para otro trabajo porque existen varias). La Gaceta de Cuba, por poner un ejemplo, está disponible en www.uneac.org.cu. Su equipo de trabajo se ocupa de ponerla en el universo digital en cuanto termina la presentación.

Sin embargo, quiero colocar fragmentos de la intervención de Arturo Arango. Él se refirió a la inmediatez de lo cultural, y la cobertura por los medios digitales. “Lidiar con lo digital en el mundo de las revistas es algo que debemos pensar con urgencia. ¿Qué es la cultura y la literatura cubana hoy? ¿Qué circula de Cuba adentro y afuera?

Tendido sobre la cama, pienso. ¿A qué o quiénes se parecen hoy las revistas literarias y culturales cubanas cuando se habla de construcción y formación de públicos? Los libreros siempre me responden que es septiembre el mes más feliz y el más cruel; las revistas se venden mucho cuando llega septiembre e inicia el curso escolar y hay que forrar libretas. No obstante, pienso en la vida de las revistas y en su importancia.

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