Lorenzo Lunar: “No quiero encasillarme con el género negro”

La necesidad de expresión y la búsqueda de nuevas perspectivas personales desde la lectura y el estudio se complementan. La investigación es lo primero. Uno se pasa la vida indagando sobre determinados asuntos, aunque no se dé cuenta, aunque las instituciones que tutelan la labor investigativa no te reconozcan como tal, porque no te riges por los métodos escolásticos o burocráticos. La investigación es parte del vivir, y viceversa. No creo que sea posible contar algo coherente si no lo sabes, si no lo has interiorizado, si no lo has vivido.

La preferencia por el género negro es algo así como la preferencia por las rubias o las trigueñas. A uno le gustan las mujeres y resulta que al final te acomodas –o no- con alguna. No quiero encasillarme con el género negro, aunque es cierto que me va bien en él. Debe ser por causa de mis lecturas juveniles, y porque de ellas he conservado una gran admiración por los escritores de novelas negras norteamericanas: Dashiell Hammett, Raymond Chandler, J.M. Caín, y otros. Creo también que a medida que se han fortalecido mis relaciones personales y de trabajo con los actuales cultivadores del género negro en Iberoamérica, me he ido comprometiendo más con una manera de decir y con algunos temas que tratar que son muy de esta época.

El trabajo como editor es también otra de mis ocupaciones. Realmente me brinda algo más que el salario; son más las satisfacciones que los sinsabores. Además, me gusta soñar libros; libros que no puedo escribir yo por determinadas razones y que se me facilitan gracias a este oficio. No se trata, simplemente, de tomar un texto, marcarlo, discutirlo con el autor y meterlo en imprenta; es soñar el libro que saldrá a partir de un manuscrito que alguien te confía; regalarle a un autor un texto que le haga feliz, pero que te ha hecho antes feliz a ti.

Hace años fui librero. Es un oficio que me encanta. Un librero no es solo el que vende y compra libros. Los colecciona, recomienda y hasta, en casos muy especiales, los regala. Conozco excelentes libreros; en La Habana mis amigos Carlos Orallo y Adolfo Montes son dos entre los muchos que enaltecen el oficio. Mi hermano, Álvaro Castillo, ese colombiano que ha publicado desde su proyecto cultural San Librario diecisiete autores cubanos hasta el momento, es otro paradigma. Con La piedra lunar, quiero también honrarlos a ellos.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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