Jorge Fornet: “Lo que significa ser un premio de la Casa de las Américas”

El director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa, aceptó solícito una conversación con la periodista Sheyla Valladares, en 2014, cuando la Casa celebraba el aniversario 55. Claustrofobias reproduce estos fragmentos a manera de confesiones para celebrar el aniversario 60 de esta institución.

Es uno de los enigmas del Premio. Por qué se ha sostenido durante tanto tiempo, en las buenas y en las malas, sin fallar en momentos de ebullición de la Revolución cubana, incluso en momentos de cierta tranquilidad económica y en momentos de dificultades también. Puede haber pocos argumentos, pero son los contundentes. Nuestro Premio no puede pagar lo que otros mucho más pequeños y que son más generosos, económicamente hablando, no tiene eso y, sin embargo, sigue atrayendo a los escritores, siguen confiando en él.

Creo que en primer lugar está el prestigio que ha ido ganando a lo largo de estos años, el nombre mismo, lo que significa ser un premio de la Casa de las Américas, la confianza que nos tiene la gente a pesar de que hay un mundo donde los premios, de alguna manera, están adulterados o demasiado mercantilizados. La confianza que tienen en un Premio que exalta, sobre todo, los valores literarios; en el que se reúne un grupo de jurados de diferentes países, lo que ofrece la posibilidad también de que las obras sean leídas por personas de disímiles lugares y tendencias estéticas y puedan ser juzgadas con la mayor objetividad posible, con la mayor seriedad y rigor. El hecho también de formar parte de una nómina que han integrado grandes escritores del continente, también es atractivo para cualquier autor. De modo que, simplificando un poco, se juntan el tema del prestigio con la limpieza a la hora de entregar el premio. Creo que esos serían como los dos polos que nos inducen a pensar un poco en los porqués de que la gente sigue confiando en él.

Una de las cosas que más llama la atención del Premio es uno de sus mayores defectos o virtudes y es su ambición. Comenzó siendo como suelen ser todos los premios, digamos, los tradicionales, esos que vienen desde la época de Aristóteles, de narrativa en sus variantes de cuento y novela, de teatro, ensayo y poesía, eso era todo y en español. Pero tan pronto como en el año 64 la Casa se percibe que era imposible hablar de unidad latinoamericana, de un proyecto común americanista si estaba fuera Brasil y ya en ese año se incluye y poco a poco, nuevos géneros como el testimonio.

Era obvio que estaba ocurriendo algo en la literatura latinoamericana y había efectivamente que visibilizar las formas de creación que estaban teniendo lugar y la Casa por supuesto no inventó el testimonio, pero sin lugar a dudas, lo legitimó al convocar un premio de ese tema, y la literatura para niños, y después las literaturas del Caribe en inglés y francés y en las lenguas creol y las literaturas indígenas y los premios para la literatura de los escritores latinos en EE.UU. Empieza a crecer esa desmesura, que crea problemas económicos y organizativos, pero que son parte de una política cultural a la que la Casa no puede renunciar.

Sabemos, por supuesto, que hay premios que no son comercialmente muy atractivos porque están rompiendo esquemas, es decir, es difícil cuando uno comienza, cuando uno hace apuestas, cuando uno no va al seguro. La Casa siempre trata de hacer eso, no ir al seguro, no conformarse con lo ya establecido sino también encontrar nuevos cauces. Uno sabe que eso entraña riesgos y dificultades, pero no puede evitarlos. El sentido mismo de la Casa es correr esos riesgos, es apostar por esas zonas de la creación, por otras lenguas, por otras maneras de ver, por otros espacios de América Latina, por fuerzas que antes eran menospreciadas, o zonas de las sociedades latinoamericanas, como lo indígenas, por ejemplo, que antes eran invisibilizadas y hacerlos pasar a un primer plano. Esa es parte de nuestra función. Pero te repito: es un defecto que tenemos y al mismo tiempo una condición para la existencia de la Casa.

Cuando escucho lo que dicen los ganadores recuerdo siempre una frase de [Antonio] Skármeta, el gran narrador chileno, cuando inauguró el Premio. Creo que fue en el año 84, él recordaba la vez que había ganado en 1969 con el libro de cuentos Desnudo en el tejado y decía que significó para él, un escritor perdido en la provincia chilena, como un trampolín enorme ganar el Premio Casa.

Y es que tiene esa particularidad, que piensa sobre todo en autores no consagrados, en autores nuevos, es decir, el Premio es también esa apuesta por los que están escribiendo y reescribiendo la literatura latinoamericana de este momento. De hecho, siempre tratamos de que los jurados mismos estén compuestos por gente que no haya estado anteriormente, tratamos de no repetir nombres, tratamos de ser lo más ecuménicos posible, lo más amplio, lo más abierto. El Premio no solo es una posibilidad de leer libros y de darlos a conocer sino también de crear una red de intelectuales en América Latina, esto la Casa se lo propuso desde muy pronto.

Cortázar siempre recordaba que el descubrió en Cuba que era latinoamericano. Hasta entonces era un escritor argentino, y principalmente después, un escritor argentino avecindado en París. Y de repente descubre que era un escritor latinoamericano al llegar aquí, ver esa proyección de Cuba y reconocerse en los demás escritores, más o menos con un proyecto común. Eso también es parte del Premio, no solo son los manuscritos, sino el espíritu que se crea a su alrededor. Siempre insisto en esta posibilidad de que abrirles los espacios a los jóvenes, los nuevos escritores, los no consagrados. García Márquez no necesita un Premio Casa, pero los García Márquez que están perdidos hoy en la geografía latinoamericana sí lo necesitan, los García Márquez o los otros probables, no se trata tampoco de suponer que todos los escritores serán famosos, no es la fama lo importante, sino esta misma participación que hace posible el crecimiento literario.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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