Reseña

Fosa común, la palabra cruda

Escrito por Jorge L. Legrá

En texto aún sin publicar he planteado que la poesía  es capaz de colocar la palabra más allá de los arquetipos del pensamiento, de las perspectivas gastadas y rancias del cientificismo, y los contenedores de lo político, es parte de una lógica de salvación que nos corresponde instrumentar hoy a partir del lenguaje, mucho más ahora cuando la verdad se ha convertido en un reducto de dudosa verificación.

Si se examina la producción poética más reciente, se corrobora el deseo reprimido de dar impulso a un pesado martillo contra los muros de Berlín que nos han tocado. Para ello, el verso que se escribe en la isla rehúye cada vez más el hermetismo de la forma, el ornamento lúdico y el onirismo de la imagen. El énfasis se ha ido corriendo hacia los contenidos, a subrayar un registro de ideas que discrepa y toma partido. Fosa común, Ediciones Ávila 2018, el libro con el que Onel Pérez Izaguirre arribó al premio Poesía de Primavera 2017, es un ejemplo de lo que he señalado.

Desde el mismo título del poemario, Onel Pérez (Baire, 1988) advierte al lector el tipo de experiencia literaria que está por compartir, sugiere que con su escritura habrá que descender a la fosa, bien lejos de los exquisitos salones de la existencia, caminar entre la peste y el vómito, entre ratas y moscas porque eso también es parte de nuestro ser.

En el corral me convierto. / tres por tres, / un cuarto reducido para el poema. / Animal o asesino; / lo importante es que la mierda baje / por la canal. (Reciclaje, pp. 29)

Las tres partes en que está dividido el poemario: Alcantarillas, Sistemas de fosas y Cloaca, representan niveles escatológicos que tendrá que ir superando el lector, si es que quiere mirar por encima de las postales para turistas, de la televisión y su militancia, o de la prensa y su afán de desorientación.

Onel ha mostrado destreza y sensibilidad para echar mano al dato anecdótico y sazonarlo con la carcoma de lo literario, imponer su travesía poética a fuerza de crudeza en la imagen e ímpetu en la palabra. La espesura metafórica no le interesa, por eso prioriza la capacidad del verso para tallar una visualidad que resulte terminante desde el contenido mismo.

Mi patria es la contradicción / lo que está fuera de ella / no sirve y se va.

Al iniciar la lectura del libro empiezan por motivarnos estos primeros versos. El descenso a los estercoleros de un país, ya no es algo que repugne, más bien desamarra la curiosidad de quien también ha sentido en la patria una construcción más cercana a los despojos de su carne y a la vez más apartada de las consignas oficiales. Por eso, replantear desde la contemporaneidad insular los símbolos que han sido usados y manipulados en exceso, es parte de una arremetida insurgente contra la inercia agotadora de las tribunas. Cuando el poeta canta: Morir por la patria es callar, relee esa marca de nuestra condición nacional consagrada más allá de nuestras fronteras y a costa de enmascaramientos mentales.

En ocasiones he escuchado hablar de un estilo minimalista en Onel, han sido citados poemas de Fosa común para probarlo, no quiero discrepar con abundancia al respecto, pero me parece que su poética está atravesada de matices que caracterizaron a la poesía concreta brasileña, cada texto, cada palabra es articulada en un orden que favorece la visualidad, y se aleja de lo rebuscado y abstracto. La belleza en la expresión no constituye un objetivo en sí, sino que el poeta apuesta por el efecto poderoso de un verso calibrado y dirigido a provocar la experiencia del desastre.

Bien mirado, es decir, bien leído, Fosa común exhibe cierta habilidad del poeta para recorrer las ruinas de lo íntimo y lo doméstico vistos desde el foco de una sociedad en crisis, o viceversa: la ruina de una sociedad en crisis vistas desde las ruinas de lo íntimo y lo doméstico.

Mientras los socios del barrio / chupan la hierba, / el caballo agoniza. / ¿Cuál es la última?, pregunto a mi padre. / La caída es necesaria, dice / y ruedan los corderos / en fila / para el matadero. (Troya, pp. 44)

Uno de los temas recurrentes en las últimas poéticas que se han exhibido en la isla es la simulación como artificio o expresión de una ingeniería de la conducta cívica programada. One, así le llaman sus cercanos, no deja escapar esta oportunidad para intervenir en el asunto, pero a diferencia de otros, penetra en los gradientes de una neurosis social y el origen “incivil” de la misma. El poema titulado “Paso de Ceremonia” concentra en su brevedad una de las mejores penetraciones sobre esta temática realizadas desde la poesía:

Aprieten el paso / simulen una marcha / que persista. / El sudor tiende a evaporarse / y pertenece a los muertos / que levantan la voz. / Imiten. / La espiga sigue cosechando frutos, / engorda hacia la multitud, / traspasa dudas. / En realidad nada cambia. / Cierren los labios. / es hora de la pausa;/ algo indica que vendrán / nuevos años de sacrificios. / Aprieten el paso. (Paso de Ceremonia, p.13)

Aunque el poeta vaya avanzando con ciertos riesgos, su escritura no hace más que sorprender al lector en sus propios pensamientos ocultos, en su propia subversión; le echa en cara una responsabilidad que no termina por asumirse. Su conciencia es el signo de la mentalidad de todos, sus declaraciones, llegan a ser las confesiones del rebaño:

 el ruido vive en mi porque lo he creado.

Me siento una cosa domesticada cuando piensan que tienen la gloria entre las uñas.

Más que citar, One sostiene un diálogo con grandes voces como José Martí, Gottfried Benn, Gerald de Nerval, Charles Bukowski, Jose Kozer, Ángel Escobar, entre otros. Apenas acude al recurso del intertexto, solo le interesa  imponer a estas figuras un papel que refuerce su propia postura recalcitrante. En el poema titulado “Último apunte del Diario de Campaña”, la figura del Apóstol resurge para recordarnos:

la luz no es para sordos. En otro texto es Gottfried Benn quien impulsa el diálogo mientras está increpando: Tienen que entrar en la muerte /…y conservarse en ella. / En cuestiones de carne / hay difuntos resistentes / al experimentar el cambio.

Intento terminar esta reseña, pero Fosa común, es un libro que desborda, de seguro no dejará al lector un respiro luego que se inicie en sus páginas. Al principio hablé de cierto deseo reprimido que he creído apreciar en la expresión poética más reciente, la necesidad de impulsar el martillo contra nuestros propios muros de Berlín. Termino con estos versos de Onel Pérez que, creo, ilustrarán mejor lo que he dicho al respecto:

… es difícil distinguir, / derrumbar el muro / cuando se lleva adentro. (Inercia, p. 32)

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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