Mundo editorial

Elogio a la Editorial Sed de Belleza

Escrito por Yamil Díaz Gómez

En el mismísimo 1994, entre apagones y malnutrición, quedaban ciertos jóvenes con sed de belleza que le pusieron ese nombre a un nuevo proyecto editorial. Son esos gestos los que, a la larga, preservan a un país. Un joven como ellos, poeta como ellos, urgido como ellos de salvar a la patria, en las noches de mil ochocientos ochenta y tantos engañaba su hambre con vino reconstituyente y escribía endecasílabos hirsutos. Y en su poema «Sed de Belleza» reclamaba:

Dadme lo sumo y lo perfecto: dadme
Un dibujo de Angelo: una espada
Con puño de Cellini, más hermosa
Que las techumbres de marfil calado
Que se place en labrar Naturaleza.
El cráneo augusto dadme donde ardieron
El universo Hamlet y la furia
Tempestuosa del moro…

Los otros, los del 94, se aferraron como él al verso amigo, a ese amoroso compañero imprescindible en toda crisis. Dijeron: «Dadnos un poco de comprensión» y encendieron la utopía. Así dieron a conocer, nada menos que un 24 de febrero, su plaquette inicial. Fea y mimeografiada, llevaba el título de Siempre es bueno recordar a Tebas y la firma de Carlos Galindo.

Es decir: no venían a matar a sus padres literarios sino reconocían una deuda con un maestro de otra generación. Y aquí llegaba la primera gran noticia: no sería esta la editorial de un grupo ni de una promoción, ni siquiera de un territorio. Solo la falta de talento quedaba condenada a la censura eterna.

A la vuelta de veinticinco años, los protagonistas de Sed de Belleza ya no se llaman Coyra, Mitjans, Noel, Isel ni Alpidio sino Déborah, Idiel, Edelmis, Héctor y Miriam. Ya no dependen de un mimeógrafo, ni del papel gaceta, ni de los viejos plomos o los preciosos clichés heredados de Feijoo. Ya nada les impide soñar libros de cuatrocientas planas. Hoy es nostalgia aquella máquina de coser que les valió el malicioso nombrete de «Taller de corte y costura». Hoy son nostalgia las incursiones fuera de la legalidad; los «chivos» en imprentas amigas; el correcorre de Mitjans cuando lo descubrieron, y varias cajas tipográficas se le cayeron al piso, y terminó cazando un verso de Gabriela Mistral con el crédito de Alejandra Pizarnik.

Hoy tienen el orgullo de mirar atrás: acariciar más de doscientos sesenta lomos de libros con las firmas de Berta y Dulce María, Boitel y Lorca, Sergito y Ferraris, Teresita Fernández y Saint-John Perse…

No ha sido poco mérito desarrollar, junto a Capiro, una escuela de editores. O regalarnos una humilde galería en las cubiertas, que han servido también para dar a conocer a artistas de la plástica. O ser uno de los pocos sellos editoriales cubanos que no solo piensa en las necesidades del autor sino también en las de los lectores. No es poco mérito que les hayan cedido sus originales grandes autores como Agustín de Rojas, desde el otro mundo, y Antonio Gamoneda, desde este. No es poco mérito ganar, desde una covacha, el Premio Abril o el Premio de la Crítica; perder la sede y conservar la fe.

Hoy tenemos que agradecerles muchas cosas. En especial el recordarnos que la sed de belleza condujo hasta Dos Ríos a aquel artista que buscaba lo sumo y lo perfecto. Que la sed de belleza sigue siendo el único camino para un día, por fin, salvar al ser humano.

6 de febrero de 2019

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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