Dos de abril, un cumpleaños de muchos corazones

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El dos de abril es el Día Internacional del Libro Infantil. Se trata del cumpleaños del llamado “Príncipe de los cuentos para niños”: Hans Christian Andersen, quien nació en Odense, Dinamarca, justo ese día, en el lejano 1805.

Cada dos de abril el IBBY convoca a un autor y un ilustrador que en un poster dan su mensaje de amor a los niños. Es un mensaje que honra al Maestro. Es un mensaje de confianza en el futuro. Un mensaje de afecto a Hans Christian Andersen quien, para muchos de nosotros, es como la patria de los cuentos, el país de la infancia. El International Board on Books for Young People (IBBY) también instituyó desde los años 50 un premio con su nombre.

Es un premio que aunque se equipara al Nobel, no lleva importe monetario, pero honra la obra de vida de un autor e ilustrador y bienalmente visualiza el quehacer de aquellos que siguen la digna huella de Hans Christian Andersen en el hermoso, difícil y a veces poco reconocido oficio de escribir para la infancia una literatura comprometida, no solo con la fantasía y la belleza del mundo, sino con la causa de defender a esa niñez desvalida que nadie entiende en los ideales de paz, tolerancia y respeto hacia los semejantes. Andersen era un ser imaginativo, apasionado, pura acción y dinamismo, lleno de recovecos sentimentales que le hacían concebir ilusiones por seres imposibles y amarlos apasionadamente hasta el delirio.

Nadie discute es la valía de su obra, a caballo entre la saga nórdica y el relato animista sentimental, que lo mismo confiere vida y raciocinio a un abeto que a un atizador. Se le identifica asimismo con varios de sus entrañables y sufridos personajes que guardan mucho de su biografía. Se cuenta que su infancia es retratada en el célebre Patico feo, mientras que hay bastante de su pasión platónica en el amor de La Sirenita o en la propia Reina de las Nieves.

Pero Andersen se trasciende a sí mismo al ser un agudo cronista de su tiempo. Es curioso que teniendo gustos y amigos de la nobleza, fuera un retratista fiel de la pobreza, desigualdad, de la muerte, el abandono, las diferencias sociales. Se ha hablado de la poderosa imaginación de Hans Christian y no es algo refutable, pero más valdría reconocerle su humanismo, esa poderosa carga emotiva que logra conferirle a sus historias para atrapar a sus lectores incluso en siglos como este. Fue un hombre solitario, preocupado por lo esencial, aunque también su apariencia lo hizo sentirse infeliz. Se rodeó de reyes y de niños. Tuvo mecenas y también ayudó a muchos.

El exotismo de sus narraciones a veces sobrepasa cualquier imaginación y temas como la muerte, el paso de una vida a la otra y la propia religiosidad son bastante recurrentes en su enorme obra. Desde cada personaje que conmueve a la infancia, vibra entonces el corazón noble de Hans Christian, al que siempre acompañan su vendedora de fósforos, Pulgarcita, El soldadito de plomo y la bailarina, el canto nocturno de un ruiseñor y, por supuesto, ese Patico feo, que como él, tras muchos tropiezos, se convirtió en el hermoso y admirable cisne que siempre había estado destinado a ser…

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