Ana Cairo, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2015

Estas palabras las publicamos por primera vez en el año 2015, al conocer la noticia del Premio entregado a Ana Cairo. Uno de sus estudiantes, el investigador y ensayista Amauri Gutiérrez Coto, compartió este texto que volvemos a circular.

Escrito por Amauri Gutiérrez Coto

No puedo dejar de escribir estas líneas para felicitar a la Dra. Ana Cairo por el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas. Recuerdo sus primeras palabras a los alumnos de primer año en la Escuela de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y, mucho antes de ser mi profesora de Literatura Cubana y del Seminario de Estudios Martianos, coincidíamos siempre en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba hasta la hora cierre.

Fue allí donde aprendí más de Cuba y fue allí donde me fue presentando a toda una pléyade de investigadores que se convirtieron en amigos – Araceli García Carranza, Julio Domínguez García, Tomás Fernández Robaina, Enrique López Mesa, Carlos Venegas Fornias, Francisco Rey Alfonso, Panchito Pérez Guzmán, Emilio Cueto, entre otros muchos – quienes despertaron en mí una pasión por los estudios cubanos.

La Biblioteca Nacional de Cuba y el Archivo Nacional de Cuba fueron nuestras oficinas y en esos espacios crecieron proyectos comunes, sueños y cronogramas de trabajo. La Dra. Cairo me abrió las puertas para enseñar en la Universidad de La Habana y, poco a poco, me fui convirtiendo en uno de sus lugartenientes. Recuerdo sus libros Bembé para cimarrones, Máximo Gómez: 100 años, Heredia entre cubanos y españoles, Guiteras: 100 años, Eduardo Chibás: imaginarios, Raúl Roa: imaginarios y Mella: 100 años. Recuerdo esos títulos de manera especial porque en algunos casos me pidió algún texto para ellos o participé ayudándola en las búsquedas pero cada uno de ellos fue una verdadera clase y una formación continua que se ha mantenido hasta el día de hoy.

Un proyecto especial para mí fue el volumen que editamos a cuatro manos El Padre Las Casas y los cubanos que se inició con una charla que ella dio en el Centro Fray Bartolomé de la Parroquia de San Juan de Letrán en La Habana. Después de varias ediciones y adiciones por parte de la Universidad Central de Bayamón, el volumen finalmente vio la luz por la Editorial Ciencias Sociales. Durante todos estos años de amistad, la Dra. Cairo no solo ha sido una maestra y una colaboradora estrecha. Ella ha sido una intelectual entera y una lección de ética profesional. Ella me abrió las puertas de la cultura, me enseñó a preguntar, a colaborar y a integrarme en las redes de lo cubano.

Como una anécdota de su carácter y de mis arrebatos de juventud, recuerdo que a la muerte de nuestro querido historiador Francisco Pérez Guzmán comencé a sentarme en su lugar en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba hasta que un día llega Ana y me dice: “muchacho, qué tú haces sentado en el lugar de Panchito”. Siempre seria y siempre en broma, me recordaba que mi promoción intelectual necesitaba recorrer un largo camino para ocupar simbólicamente aquellos espacios.

Fue siempre severa con la lectura de mis textos antes de su publicación a los que siempre añadía pistas y posibles pesquisas. Dormitamos juntos en las mesas de la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba. Participamos en discusiones interminables los sábados en la tarde hasta que las muchachas de la Sala Cubana nos venían a recordar la hora del cierre en las que se vivía la Patria a cada instante. Allí nació su idea del pensamiento cimarrón como elemento imprescindible del ser caribeño y al ser cubano. De alguna manera, allí aprendimos los más jóvenes a cimarronear y a pensar la Patria. Organizamos exposiciones en la misma Biblioteca, presentaciones de libros, colaboramos con Librínsula o con la Revista de la Biblioteca Nacional. Por espacio de dieciséis años, desde 1994 que entré en la Escuela de Artes y Letras y me hice asiduo a la Sala Cubana de la Biblioteca hasta el 2010 en que inicié mis estudios de postgrado en los Estados Unidos, la Dra. Cairo, o más bien Ana, ha sido mi amiga más que mi mentora.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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