Entrevista

Rafael Hernández | Revista “Temas”: veinticinco años buscando respuestas a nuestras interrogantes

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Entrevista a Rafael Hernández, politólogo y director de la revista Temas

La revista “Temas” cumple veinticinco años, ¿en qué escenario y con qué propósitos surgió esta publicación?

Temas fue creada por Armando Hart en el medio del periodo especial, como una expresión de voluntad política para facilitar un espacio al pensamiento crítico sobre los problemas contemporáneos. Hace veinticinco años, aquello era un gesto heroico, porque no había papel, ni recursos; pero él fue capaz de advertir el fermento intelectual que bullía debajo de la capa gris de la crisis, que estaba reorientándose, en medio de la falta de brújula que habíamos tenido hasta los 80, e intentaba explicarse el mundo que nos rodeaba. Él entendió que el papel de las instituciones culturales y académicas, de los investigadores, era clave, porque en su indagación resonaban los problemas de la sociedad.

El debate iniciado entonces en torno a los temas de la sociedad civil no era una abstracción de intelectuales ensimismados, como algunos creían, sino que esos temas sobre los que se investigaba y debatía en la Cuba, de los años 90 para acá, eran en el fondo los mismos que se conversaban en la calle, con otros códigos, pero los mismos; que reflejaban esa necesidad de reorientación de la gente en relación con el presente y el futuro, suscitada por la incertidumbre que nos envolvía a todos, y que respondía a la necesidad de entender el mundo en que estamos viviendo, sin respuestas prefabricadas, como las que proveía el llamado marxismo-leninismo y sus expresiones ideológicas. Este enfoque, que proveía de antemano respuestas para todo, entró en crisis cuando de pronto los problemas se transformaron en interrogantes nuevas, muchas inesperadas, para las cuales no servían las respuestas almacenadas.

Una revista como Temas procuraba contribuir a esa tarea, que va mucho más allá de la que puede asumir una publicación, y que apenas podían abarcar el conjunto de instituciones académicas y culturales del país. “Esa recuperación de los problemas nuestros, y esa apertura intelectual, estaban ocurriendo en medio de una profunda crisis que no era solo económica, pues no solo afectaba el estado material de la vida, sino el estado espiritual de la gente. Temas pudo hacerse porque en el mundo de las investigaciones, de los estudios universitarios, y también en el sector de la cultura, había una especie de eclosión, que proveía análisis e interpretaciones extraordinariamente ricas, aunque no se difundían porque se habían cerrado casi todas las publicaciones periódicas existentes, y apenas se editaban un puñado de libros. “La revista surgió entonces, con el reto de reflejar esos cambios que estaban teniendo lugar en la sociedad cubana y en el mundo en el que esa sociedad se inscribía. Se trataba de problemas que no eran solo de Cuba, sino del mundo. Así, el propósito fue, desde el principio, que para entenderlos debían ser tratados por autores cubanos y extranjeros.

¿Qué relaciones existen entre esa complejización, esos cambios en Cuba y el mundo y las dinámicas de trabajo de la revista Temas?

En contraste con la idea de que una revista debe tener detrás a un grupo de vanguardia, cohesionado en torno a un núcleo de ideas centrales, que se convierten en una especie de bandera, Temas no era eso en lo absoluto. No se inspiraba en un manifiesto, ni pretendía encarnar a ninguna vanguardia esclarecida, que siguiera los pasos de los movimientos característicos del siglo pasado. Temas aspiraba apenas a ser una caja de resonancia de las reflexiones existentes sobre los problemas de la realidad contemporánea, dentro y fuera del país. Como revista de análisis e investigación, no de opiniones, se proponía difundir la reflexión fundamentada, el análisis basado en argumentos, con fuentes y referencias. En vez de un coro de voces identificadas con una línea de pensamiento, se proponía reunir enfoques realmente diferentes. No por razones de credo filosófico, de eclecticismo, sino porque no había manera de reflejar la problemática de la Cuba contemporánea sin esos enfoques distintos. Esa necesidad también respondía al criterio de que la convivencia de esos enfoques diferentes era lo que permitía avanzar. La verdadera dialéctica del pensamiento se propicia mediante enfoques diferentes, no en una sola institución que se ocupe de cada campo o problemática, y nadie más lo haga. La idea de que solo un grupo de investigadores deba escribir sobre un tema, con su única manera de verlo, y nadie más publique o se ocupe de ese problema es ajena a la naturaleza de las ciencias sociales y humanísticas, y al fomento de un pensamiento dialéctico. De esa manera no se puede desarrollar una cultura cívica y política, ni conectarla con el conocimiento. Y por último, en la concepción de la revista era central la cuestión del debate, que estaba entonces y ahora en todas partes.

La reflexión fundamentada, la diversidad de enfoques y el debate de ideas son la matriz de Temas. Intentar abarcar todo lo anterior en el marco de una publicación podría considerarse ligeramente desmesurado, sobre todo si se lo hubiera propuesto un grupo determinado. De manera que la revista desde el principio pudo existir y multiplicarse solo porque hubo una instantánea colaboración de autores dentro y fuera de Cuba. Temas nació bajo esa estrella, y eso es lo que explica que haya podido seguir.

Ver ampliación en http://www.cubadebate.cu/especiales/2019/03/16/temas-25-anos-buscando-respuestas-a-nuestras-interrogantes/

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