Reseña

De la música de Cuba hoy, la trova

Escrito por Danilo Guerrero Montero

Su cauce es huella prominente de un género de alma caritativa y pícara, que ha sabido sortear épocas en su tránsito libre entre las coplas de hijos de esta Isla o de descendientes de aquellos allende mares. Y es que la trova no tiene dueño porque habita en los herederos del verde caimán.

Calificar su difusión dentro y fuera de la Isla se torna cada vez más difícil. Hoy viene siendo como un “a veces sí, a veces no”. Los favorecidos siguen siendo los mismos exponentes de la Vieja y Nueva Trova. Son los más entendidos en el género y su evolución quienes han permitido el acceso a otras voces olvidadas o menos favorecidas de ayer y hoy. La radio y la TV hacen también lo suyo con programas dedicados al género, que han persistido a pesar de las mareas y las parrillas de programación.

Recuerdo con agrado que antes, entre los ’40 y ’80 de la pasada centuria, estaban aquellos cancioneros y revistas que incluían letras y cifrados, para que los apasionados de la trova rayasen sus guitarras y reprodujeran cual manufactura los himnos de aquellas generaciones. Luego fueron una verdadera rareza, digna del catálogo del mejor coleccionista. Hoy, pasada la primera década del nuevo milenio y para beneplácito de muchos, los cancioneros han reaparecido en las tiradas editoriales y han sido acogidos con gratitud en colecciones como Quiero una canción, de Ediciones La Luz.

En fecha reciente arribaron dos nuevos repertorios a dicha colección de la holguinera casa editorial. Y los antologados son hijos de esa tierra del norte oriental cubano, distanciados en generación, aunque unidos por la trova. Hablamos de los cancioneros Como una luna en pie de Fernando Cabreja y Del aire soy, de Manuel Leandro Ibarra.

El cuaderno de Fernando Cabreja Como una luna en pie, agrupa 60 composiciones seleccionadas y presentadas por el poeta José Luis Serrano, en un cúmulo dividido en tres partes que engloban el amor, lo introspectivo y lo social. Elogiable aglomerado que posibilita el pórtico necesario para un trovador “fuera de foco” en ámbitos extraholguineros y hasta hace poco locales. Este compilatorio es, a su vez, testimonio de canciones que aúnan “trovadictos” en peñas siempre colmadas, de las que la poesía nunca se aleja. Por lo que en el compendio no faltan líricas como “Tú y yo tenemos cosas en común. / Un sueño de algodón / y el deseo de volver a tocar el piano vertical.” o “Todo se nos va por el tragante. / Las palabras, el aliento, el esfuerzo y el cordel.” Hay imprescindibles: “La vida es ahora, este momento, no hay más tiempo” o “Todo lo puedo dar, hasta mis sueños, / mis lágrimas de sol, el mar con su canción, / la imperceptible vocación de mis secretos”. Así el compendio de Fernando Cabreja muestra el hechizo de un repertorio permeado por el divertimento trovadoresco y la rica reflexión. Solo resta el paso siguiente: “el encuentro de textos y melodía ante un público más amplio”, al decir de su compilador.

La antología de Manuel Leandro Ibarra “Del aire soy” aglutina 25 composiciones de la mano de Lizania Bermúdez, donde 10 de las obras reaparecen con su cifrado elaborado por Javier Pérez. Su diseño cuenta con fotografías de la compiladora y de Kaloian Santos, donde sus reversos contienen pinceladas extralíricas del trovador que conectan los diversos momentos de la antología. Allí nos declara Manuel Leandro Ibarra: “Nosotros tenemos la obligación de ser auténticos, de ser libres y sinceros, de sacar la música que nos fluye por el cuerpo y no nos deja dormir (…)”, para más adelante cantar: “Vivo la ausencia de esperar / que un día se agote el tiempo, / sin rastros, sin miedo a llegar / con alma y contra el viento”. Brotan en el conglomerado las estrofas celebradas de sus espacios por la ciudad, como “Seguro ya habrás aprendido que la soledad es algo enormemente bullicioso” o “Nunca sabremos si fuimos lluvia en la noche, / nacimos libres y pobres con la verdad”.

Se incluyen otras que, como nos advierte el poeta Manuel García Verdecia en las notas de contracubierta, exaltan “fervores y emociones de vida”. Hablo particularmente de “llevo la noche atada a la ventana y en tus labios / el mar se torna gris” o “Quizás el viento nos dé un minuto más / aunque la herida duela, / aunque el sudor me queme, / aunque la patria llame y nadie conteste, / aunque no queden sueños ni en ti, ni en mí”. Bajo este conjuro Manuel Leandro Ibarra asoma en este compendio su rostro lírico, marcado por las llamas de la existencia y por la luz de una poesía que traspasa épocas y soportes. También para él queda el reto del camino hacia otras audiencias, con igual brillo.

Ediciones La Luz nos muestra, con sus dos nuevos cancioneros, universos únicos, aunque no divergentes. Fernando Cabreja y Manuel Leandro Ibarra no son un par dialéctico sino un tándem concurrente. Rapsodas urbanos de generaciones que se yuxtaponen en pos de la existencia y la canción. Reitero mi agasajo al colectivo creativo liderado por Luis Yuseff Reyes, por surtirnos ininterrumpidamente con la savia de la lírica nacional, desde las rutas menos visitadas.

Prestos al convite, Como una luna en pie y Del aire soy esperan su lugar en los libreros de aquellos que quieren una canción de nuestros días y de los que escriben con su testimonio nuestra historia. Si acepta la invitación, solo despliegue sus páginas y déjese llevar.

Holguín, 20 de marzo de 2019.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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