Entrevista

Arturo Arango: “Me encanta ser atrapado durante varios días por universos distintos”

Arturo Arango es uno de los escritores cubanos contemporáneos que sigo. Es uno de los que participa activamente en la construcción de la historia literaria del país. Escribe cuentos, novelas y guiones para el cine. También escribe ensayo, curiosamente, acerca de la poesía y la cultura; es jefe de redacción de la revista La Gaceta de Cuba. En esta Feria del Libro 2019, circula la novela No me preguntes cuándo, publicada por Ediciones Matanzas con una tirada de tres mil ejemplares. Una sugerencia que hacemos desde Claustrofobias.

 ¿Qué propone esta vez Arturo Arango con la novela No me preguntes cuándo? ¿Continúa hablando de la realidad cubana?

La novela tiene un marco cubano pero lo sustancial de la trama ocurre en México. Por eso, habla de nuestra realidad de soslayo. El protagonista declara en algún momento que nunca le ha interesado mucho la política.

¿Cuáles son algunos de esos personajes?

El protagonista, que se llama Ernesto Camilo, es manzanillero, como yo, y conozco a su familia. Su tía me dio clases en la secundaria. El resto de los personajes son mexicanos. Él va al D.F. por un tiempo, y queda entrampado en una realidad, en un contexto, que le era totalmente desconocido. Cuenta su historia desde allí, y al cabo de varios años, cuando ya puede tratar de comprender lo que le sucedió.

¿Cómo llegó a convertirse la novela en una película?

Viceversa. En 2005, en Guadalajara, vi un pequeño suceso que me llamó la atención y comencé a fabular a partir de una actitud, de un personaje, de unas frases. Poco después lo conté a Juan Carlos Tabío. Empezábamos a concebir otra posible película y él colocó la historia en el metro de Madrid. El proyecto quedó en media página. Más tarde estuve hospedado en un hotel situado sobre la calzada de Tlalpan, en la Ciudad de México: una vía espantosa. Me di cuenta que era el contexto ideal para esta historia. Y, por esos mismos días, conocí al director mexicano Álvaro Curiel de Icaza, quien había rodado en Cuba su película Acorazado. Le conté lo poco que tenía en la cabeza y me pidió que lo escribiera. Ya con el guion terminado, mientras Álvaro recorría el arduo camino de obtener fondos para realizarla, escribí la novela. Por puro azar, novela y película están viendo la luz casi de manera simultánea.

¿Estás satisfecho con el resultado?

Aún no he visto la película. Álvaro está entusiasmado y recibí muy buenas opiniones de otras personas, no implicadas en su producción, que ya la han visto. En cuanto a la novela, sí. Se parece mucho a lo que imaginé.

¿Qué otros libros se han llevado al cine?

Solo el cuento “Lista de espera”. En cambio, he llevado a la literatura otros tres guiones: un largometraje y un cortometraje que escribí en los años 90 para Gerardo Chijona se convirtieron, respectivamente, en la novela El libro de la realidad y en el relato En la hoja de un árbol. Ninguno de los dos llegó al cine. Más tarde escribí un falso testimonio que cuenta el proceso de investigación y escritura para El Cuerno de la Abundancia, que dirigió (y coescribió) Juan Carlos Tabío. Ahora Ediciones ICAIC tiene en proceso editorial un libro que contiene los dos relatos: “La hoja y el cuerno”.

¿En muchos otros países muchas novelas van del libro al cine? ¿Qué crees del caso de Cuba?

La industria cubana del cine no da para mucho, sobre todo en estos momentos. Los fundadores del ICAIC atendieron bien la literatura cubana, sobre todo Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa y Humberto Solás.

A mediados de los 80, Ambrosio Fornet organizó un taller de guiones en el ICAIC para acercar a quienes éramos entonces jóvenes narradores a la producción cinematográfica. De aquel taller surgió Plaff. Me consta que también Daniel Díaz Torres (que era un lector extraordinario), Rigoberto López y Gerardo Chijona se vincularon sistemáticamente a escritores, aunque no siempre las películas se hicieron.

Que en una cinematografía, en un espacio cultural, esas dos ramas del arte se mezclen es un síntoma de madurez, pero no garantiza el resultado. Partir de una obra literaria ofrece a los realizadores del filme una base anecdótica, personajes que suelen estar bien caracterizados, a veces un contexto interesante o inquietante, pero luego hay que atender a las exigencias propias del lenguaje audiovisual y a los intereses estéticos y temáticos de quienes se convierten en re-creadores o en nuevos autores.

¿Es la novela tu género preferido?

Al escribirla, tiene la virtud de que una vez que el cosmos se va construyendo, se hace más tenue el temor a la página el blanco, la angustia que provoca comenzar desde cero.

También la prefiero como lector. Me encanta ser atrapado durante varios días por universos distintos, de los que me apropio con la anuencia, incluso el beneplácito, de sus autores.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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