Reseña

Lourdes González: a salvo de todos los naufragios

Escrito por Moisés Mayán

El pasado 14 de mayo poco después de las ocho de la mañana le envié un mensaje de texto a Lourdes González. «Por alguna de esas misteriosas costumbres de amanecer, hoy me encontré leyendo Papeles de un naufragio antes de las 7. Un libro como ese está a salvo de todo». Dos minutos después el timbre de mensajería de mi teléfono se activó, era Lourdes. «Es el mejor y único halago que me reconforta en días oscuros, gracias amigo».

Acababa de embutir en mi librero, recién llegada de París, una edición de bolsillo de Soldados de Salamina de Javier Cercas; me habían prestado Tokio Blues, de Haruki Murakami, y mi eReader terminaba al fin de descargar  Balón dividido, una peculiarísima historia del fútbol con la firma de Juan Villoro, sin embargo yo estaba hundido en la cama releyendo Papeles de un naufragio. ¿Qué es lo que tiene este libro?

No era la primera vez que me hacía esa pregunta. Recuerdo que en la antesala de los 2000 cuando practicaba religiosamente la costumbre de asistir a una presentación y comprar el libro, encontré a mi padre, lector esquivo de ficción, con los ojos clavados en Papeles de un naufragio, mientras le explicaba a mi madre un texto en específico Aprendices de túneles. “Hablar bien de lo que se piensa mal, y mal de lo que se admira”. Las palabras se apretaban a su boca como si estuviera chupando un marañón.

Había toda una muralla de cuadernos sobre mi cama, pero la dispersa atención de mi padre fue a toparse con Papeles… ¿Qué es lo que tiene este libro? Se trataba de la edición príncipe, con aquellos míticos galeones de Cosme Proenza en una cubierta con predominio del negro. El volumen publicado en 1999, gracias a un particular interés del Ministerio de Cultura, había merecido tres años antes el Premio de la Ciudad en Narrativa, por votación unánime de Salvador Redonet, Reynaldo González y Eugenio Marrón.

La imprenta permaneció cerrada durante ese tiempo, pero Papeles… estaba pensado para imponerse. En la celebración de Los cien años del cuento en Cuba, evento coordinado en Holguín por Francisco López Sacha, se presentó finalmente el volumen. Pero no fue el Hotel Pernik, con testigos como Antón Arrufat, Ambrosio Fornet, Mirtha Yáñez, Eduardo Heras León o Jorge Luis Hernández, el punto de partida de un itinerario que colocaría a su autora en la tierra firme del idioma.

Papeles… se escribió en 17 días en la barra de una paladar de nombre Paradiso, “para no olvidarnos del José que fue Lezama”. Textos perturbadores, andróginos, mixtura entre narrativa y poesía, centauro tropical de la palabra. En Papeles… bullen los gérmenes de un discurso primigenio que luego retomaría la Generación 0, la salinidad del océano y la violencia del torrente crean en sus páginas una zona de peligro para embarcaciones pequeñas.

Fue Jorge Luis Hernández quien puso en manos de Aida Bahr su ejemplar de Papeles…, y la entonces directora de la Editorial Oriente, lamentó no poder inaugurar la Colección Mariposa con un título así. En el 2002 aparecería la edición francesa Dossier d´ un naufrage con prólogo del reconocido hispanista Claude Couffon, en 2006 Letras Cubanas lo pondría nuevamente a disposición de los lectores, mientras en 2010 con el sello de Iacobelli, Lourdes acercaría Papeles de un naufragio al público italiano. Durante dos décadas estas prosas desobedientes han contagiado a lectores que pueden encontrarse lo mismo en la peña Alta Marea del trovador Fernando Cabreja, que en un bar de Bogotá, o en una de las cátedras de la prestigiosa Sorbona. ¿Qué es lo que tiene este libro?

Después de cuatro ediciones, Papeles de un naufragio adquiere cuerpo de papel en la Colección Mariposa de la Editorial Oriente, por única vez, con el rótulo «poesía», bajo la cubierta iluminada por un óleo de Armando Gómez. Este libro y su autora están al margen de cualquier encasillamiento. “El que busca poesía encuentra poesía, el que busca narrativa encuentra narrativa”, como ha definido uno de sus incondicionales. Este año, Holguín dedica su Feria a Lourdes González y a José Miguel Abreu Cardet (Premio Nacional de Historia). No es casual que Papeles… esté celebrando 20 años de viaje, no es casual que en ese centenar de páginas está el parteaguas de una literatura, nada es casual cuando se vive bajo palabra. La nueva edición antecedida por una nota introductoria de Rogelio Riverón, huele a tinta fresca. En nueve líneas Lourdes me dedica un ejemplar. Me alejo para devorarlo solo, callado, sin compañía fiera, pero descubro que el libro no me pertenece. Lo ha dedicado a mi padre. Eso tiene Papeles de un naufragio, no pierde nunca su capacidad de sorprender.

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