Evelio Traba: “El miedo de no poder escribir fuera de Cuba”

Creo que a más de un escritor cubano ha sacudido de forma brutal el miedo de no poder escribir fuera de Cuba, lejos de sus raíces y su cultura, y por supuesto, de frente a las complejidades de un mundo cambiante que mucho exige en todos los órdenes. Tal vez contribuye a exacerbar este miedo la propia condición insular de Cuba que a tantas generaciones de artistas y escritores ha marcado. Pero a medida que uno va explorando otras formas de sentir la patria por medio de la ausencia y la reinvención, se percata de que muchas veces ese supuesto bloqueo para escribir fuera de Cuba, o de cualquier sitio que represente una atadura de emociones, experiencias y afectos, nace de una pasmosa incapacidad de adaptación que es necesario superar.

Lo peor resulta muchas veces vanagloriarse de lo que evidentemente constituye una especie de manquedad. “Creo que solo puedo escribir una obra legítima y válida si estoy en mi zona de confort, creo que solo puedo proyectarme a mis anchas si tengo todo el tiempo para escribir”; estos suelen ser argumentos esgrimidos casi siempre por quienes terminan produciendo una obra famélica, débil, sin anticuerpos para sobrevivir en otras circunstancias.

En lo personal, descubrir que lo galáctico existe más allá de la constelación de aldea, fue un proceso doloroso, lleno de constantes lastimaduras. Pero cierto es que no me visualizo como novelista (cuán poco me gusta esta clasificación) si no hubiese salido del marco de todo lo conocido. La adversidad, las puertas clausuradas, la noción del límite, el espinoso ejercicio de la responsabilidad familiar y profesional, la lucha contra los relojes como si fuesen molinos gigantes, la sensación omnipresente del fracaso, son elementos que solo se encuentran en el peligro de ver lo que existe más allá del cómodo horizonte cotidiano.

En Ecuador aprendí de manera forzosa esas lecciones. Tal vez no del todo, pero creo que sí de un modo que ha garantizado en gran medida mi supervivencia como escritor. El camino es de una dureza necesaria, pero creo yo que de un gran valor de autoconocimiento y honestidad para el oficio de la escritura.

Lo que sí debo confesar es que escribir fuera de Cuba como patria sentimental, ha endurecido y ahondado las raíces que en ella misma tengo sembradas. Y en gran medida, cuando pienso en este tema, no puedo evitar la evocación de figuras como Heredia, Martí, Carpentier, que hicieron buena parte de sus obras lejos de Cuba, y sin embargo pocos han sido tan cubanos como ellos.

El escritor es como un pez, que, para merecer cauces propicios y tranquilos, debe al menos en una ocasión haber nadado en una copa de vinagre. Escribir fuera de Cuba me ha enriquecido precisamente porque ha estado a punto de aniquilarme como creador. En lo personal reconozco en el peligro, en la zozobra, ingredientes básicos para una escritura, si no efectiva o de considerable alcance, al menos de una probada honestidad. En otras palabras: mucho debo a los naufragios.

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