Estamos de fiesta en esta FILH 2019

Escrito por Dazra Novak

Estamos de fiesta. Esta feria del Libro es una fiesta para los jóvenes. Esta FILH 2019, es, en realidad, la feria de muchos jóvenes cubanos. La celebramos de este modo porque está dedicada a nuestro querido maestro Eduardo Heras León. Para mi orgullo, para mi honor, se me ha convocado a hablar en nombre de los egresados del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, el lugar que él fundó y ha dirigido ininterrumpidamente por veinte años. Un lugar que hoy le suma a nuestro padre literario, más de mil hijos desde cada rincón de este país.

Imagino que para Heras esta feria-fiesta, más que una grata sorpresa, sea una inmensa alegría, una merecida recompensa después de tantos años de esfuerzo. Yo sé que hay momentos en que todavía no se cree todo esto que ha ido pasando y hoy lleva, merecidamente, su nombre. Hace unos días, conversando por teléfono, con la emoción propia de un niño en la voz, me decía que le estaban haciendo varias entrevistas, que lo habían llevado a su viejo barrio en la esquina de Tejas, que también visitaría la fábrica donde trabajó (cobarde castigo) alguna vez. Eso será duro, Heras, le dije, duro y hermoso. Apenas me dijo, , y se quedó callado unos segundos… Pude sentirlo removiendo aquellas viejas historias. Luego prosiguió como si nada diciendo que hoy habría en esta mesa amigos de toda la vida que hablarían de él y me propuso que también yo estuviera presente… si no era mucho pedir. ¿Cómo negarme ante un hombre que nos ha dado tanto?

Claro que al colgar se consolidó en mí el temblor por la sola idea de estar entre grandes que ya han hecho historia, que han vivido mucho, y me dije, ¿ahora qué hago, qué digo, de qué voy a hablar yo? ¿Cómo devolver mi escasa experiencia en algo, por lo menos, justo? Estas preguntas me persiguieron durante días enteros mientras recorría esto que llaman vida cotidiana y que incluye irse a la cocina a lavar los platos (sí, los escritores no andamos pensando solamente en las musarañas, también fregamos platos, lidiamos con el transporte público, hacemos cola para el pan. Ya saben, por estos días… el pan…) Y mientras esto pasaba ese modus operandi del acto creativo, sin piedad y sin pausas, me lanzaba frases a la mente. Ideas sueltas, poéticas, agradecidas. Frases de las que solo sobrevivían, al cabo de la jornada, dos palabras: terreno amable.

¿Por qué terreno amable? ¿Por qué me venían a la mente justo esas dos palabras cuando debía elegir entre las múltiples vidas de Heras? Esto no lo entendí del todo al principio. Solo sé que esas dos palabras me persiguieron durante varios días, a cualquier hora, hasta que también apartando períodos digamos que fueron quedando por fin delimitados sus grandes cotos de hazañas: el de su libro “Los pasos en la hierba”, el de los trabajadores de una fábrica de acero que terminaron como personajes de uno de sus libros, el de sus críticas de ballet, el de jugador de ajedrez, el de sus anécdotas con grandes escritores, el de soldado y hasta el de sus consabidos detractores. Los repasé todos hasta que quedó uno solo, el terreno donde se agolpa la juventud y crece la literatura de este país, no solo con nuevos escritores, sino con promotores culturales, editores, buenos y apasionados lectores.

Y muchos se cuestionarán: ¿qué es eso de terreno amable? Claro, es que estamos hablando de algo que ya mencioné en aquella ocasión cuando un jurado se debatía entre darle o no el Premio Nacional de Literatura, algo que solo los jóvenes conocen de primera mano. Los más experimentados no entienden de esto en profundidad. Ellos saben más de técnicas y talentos, de la Historia con mayúscula y de esfuerzos para sacar adelante sus obras. Saben más que nosotros de polémicas y políticas, de quinquenios grises y resistencias. Está claro que han vivido mucho, y eso, hay que honrarlo y respetarlo. Nosotros, en cambio, hemos vivido muy poco, ¿qué son nuestras luchas comparadas con las de los que nos antecedieron? Nosotros podemos hablar de cosas más sencillas, aunque no menos importantes. Podemos hablar de esta, su obra silenciosa, porque sabemos de sobra lo que vale ese gesto desinteresado de nuestro querido Chino. También porque conocemos y hemos abrazado cariñosamente ese otro nombre que no se menciona lo suficiente cuando se habla de esta gran obra que es el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Junto al nombre de Eduardo Heras León, nosotros sabemos que siempre está, estará, el de Ivonne Galeano, su esposa, su compañera, su amiga, su cómplice, la madre de estos miles de hijos onelianos.

Todos los egresados sabemos lo que vale esa vocecita uruguaya cuando nos informa vía telefónica que hemos sido elegidos para el Curso de Técnicas Narrativas. No solo los de aquí de la Habana, sino los muchachos en las provincias de todo el país. Su voz es la confirmación de que no estamos solos en ese empeño de escribir, de que quizás, q-u-i-z-á-s, ese sea el primer paso en una carrera literaria, de que quizás no soñamos en vano tantas noches con la idea de publicar, algún día, por lo menos, un cuento. Ustedes ni siquiera imaginan que algunos vienen desde lugares muy intrincados, nunca antes habían salido de su ciudad, y de pronto una vocecita muy cariñosa les dice que vienen para La Habana. No tienen que pagar nada, aquí tienen alojamiento, transporte, alimentación, otros escritores que están dispuestos a compartir con ellos sus experiencias. Así de difícil, y así de sencillo. Les ponen en las manos un libro de más de mil páginas, compilado por Eduardo Heras León y traducido por Ivonne Galeano. Un libro de técnicas narrativas, de autores tan importantes como Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Raymond Carver, Galeano, Calvino, Juan Bosch, entre otros. Un ejemplar de ese libro, que no se comercializa porque fue concebido expresamente para la docencia, y porque sería imposible pagar los derechos de autor, se pone en las manos de cada uno de esos jóvenes al comienzo del curso. Ese libro que lleva por título Los desafíos de la ficción, y que sabemos que muchos autores, para decirlo en buen cubano, “luchan” por detrás del telón para tener un ejemplar en sus bibliotecas personales.

Aprovecho y les comento algo que muchos de ustedes tampoco conocen. Una de las primeras conferencias de Heras en el Centro Onelio es la más bella y completa clase que pueda darse sobre escritura de ficción. Se titula “La evolución de la narrativa a través de la evolución de las técnicas”, y ahí uno asiste a las maneras de narrar desde los mismísimos comienzos de la literatura hasta el siglo xx. Es ahí donde uno, como aspirante a escritor, comienza a entender ciertas cosas, donde uno comienza a organizar el caos que es, en principio, toda creación. Por suerte para todos, una de las grandes enseñanzas que arroja el Centro Onelio es la de compartir conocimiento, la de compartir oportunidades. Por eso en esta feria-fiesta los jóvenes les invitan a escuchar esa maravillosa conferencia que el maestro estará ofreciendo este lunes 11 de febrero, poco antes del mediodía, en el Centro Dulce María Loynaz. Algo que ha sido posible gracias al Encuentro de Jóvenes Escritores de Iberoamérica y el Caribe, que también lo estarán homenajeando ese día.

Repito, una de las grandes enseñanzas de Heras e Ivonne ha sido la de compartir. Heras, en estos veinte años, ha compartido con nosotros el tiempo disponible para su propia obra literaria. Ha dejado de escribir algunos libros para ayudarnos a nosotros a escribir los nuestros. Es probable que alguno de ustedes haya presenciado, en más de una ocasión, el momento en que Yoss, que más que escritor es todo un personaje con su vestimenta de rockero que no le deja pasar desapercibido, se levanta, agarra el micrófono y dice, con ojos llorosos y emocionados, Chino, todos nuestros libros son tuyos. Esa es una frase que compartimos unos cuántos, en silencio o a gritos. La repetimos y repetiremos, sobre todo, sus hijos agradecidos, los que sentimos esta deuda dulce, este cariño inmenso por él.

Ante todo, soy un maestro, ha dicho Heras en numerosas entrevistas y conversaciones. Y si alguien ha comprobado la verdad encerrada en esa frase, si alguien ha sentido esa mano cálida que reconforta y anima e impulsa, han sido los más jóvenes. Los que alguna vez nos paramos delante del aula y en un temblor leímos uno de nuestros primeros cuentos, imperfectos, como suelen ser los primeros cuentos, y apretamos los dientes y aguantamos las lágrimas al escuchar las críticas más feroces. Sí, en el centro también se aprende a recibir críticas, se aprende que la literatura es un camino esforzado donde se trabaja mucho, se gana poco, y hay que insistir. Muchos de nosotros llevamos años insistiendo y ustedes quizás no nos ven todavía, pero nosotros avanzamos, aquí estamos, y seguiremos.

Muchos de los egresados somos hoy miembros de la Asociación Hermanos Saíz, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, estamos en todas las provincias de este país, en proyectos comunitarios y en talleres de barrio, en bibliotecas y universidades. Estamos, también, en unos cuántos países del mundo. Algunos de nosotros son editores, están al frente de editoriales, lideran proyectos en Internet y llevan adelante revistas literarias tanto impresas como digitales. A veces me pregunto si habrá habido en la historia de la literatura cubana semejante cúmulo de escritores noveles, y me respondo, es probable, pero me atrevo a asegurar que es la primera vez que tantos escritores noveles (y algunos que ya van dejando de serlo) tienen esta sensación de familia, este sentido de pertenencia. Eso es algo que le debemos al chino y a Ivonne, algo que le debemos a los profesores que llevan años trabajando en el Centro Onelio, Sergio Cevedo y Raúl Aguiar, a la subdirectora Mariela Echevarría, a Francisco López Sacha y a Abel Prieto, a los que han colaborado con sus excelentes conferencias, como Margarita Mateo y Senel Paz, y tantos otros que han compartido con los jóvenes algo de su tiempo y experiencia.

Y ahora termino estas palabras, (que no son un final, más bien son una pausa porque algunos no dejaremos nunca de agradecer), con una frase que estoy segura de que muchos harán suya, en la teoría, y más en la práctica:

Maestro Heras, usted no ha empleado su tiempo en vano, su obra es nuestra obra, puede confiar en que nosotros la seguiremos llevando adelante.

Palabras leídas en el Panel dedicado a Eduardo Heras León en la Sala Nicolás Guillén. 

Ver perfil completo

Consejo editorial compuesto por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

Deje una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

El inicio de sesión/registro está temporalmente inhabilitado