Reseña

Eduardo Heras León en el aula inmensa de la vida

Escrito por Mariela Varona

No he podido asistir a los homenajes y presentaciones de libros de Eduardo Heras León que, en esta feria dedicada a él, han tomado una dimensión mediática muy explicable. No he podido asistir a nada, pero me enterado de todo porque los alumnos del Onelio —que somos legión—, esparcen y comparten en las redes sociales noticias, fotos, anécdotas y apreciaciones personales. Incluso sospecho que esta feria dedicada al Chino Heras ha generado tantos textos, que alguien como Yunier Riquenes tendrá que compilarlos amorosamente; y un editor como Luis Yuseff los traerá a la Feria Internacional del Libro del año próximo en un volumen más grueso que el de hoy.

Cuando supe que presentaría Eduardo Heras León en el aula inmensa de la vida, me prohibí a mí misma caer en el sentimentalismo o la ñoñería. Me prometí hacer una reseña objetiva, seria y profesional, para que las malas lenguas no digan que vine a repetir ditirambos, vender el producto de Ediciones La Luz a toda costa, o que aprovecho la ocasión para lisonjear al Chino en público. Las malas lenguas deben saber que nada de eso hace falta. El Chino Heras conoce de mi devoción y agradecimiento hace casi veinte años, los libros de La Luz se venden súper bien sin necesidad de marketing y encima, fue el mismo Heras quien me enseñó que las coronas de laurel de los escritores las otorga el tiempo, no las circunstancias.

Este libro es una compilación de veinticuatro entrevistas concedidas por Eduardo Heras en distintas épocas y para medios periodísticos de Cuba y otros países, más cinco discursos y una conferencia que aparecen como anexos. Es la concreción de un proyecto soñado hace mucho por Yunier Riquenes, poeta, narrador y ensayista a quien conocí envuelto aún en los pañales de la literatura cuando arribamos juntos al segundo curso del entonces Taller de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Aquel adolescente a quien llamábamos “nuestro niño” Maribel Feliú, Oneyda González y yo —las matronas del taller—, es hoy un prestigioso intelectual que nunca ha olvidado a su maestro.

Por su vínculo con la Asociación Hermanos Saíz y particularmente con la editorial de la AHS en Holguín, Yunier Riquenes contaba con un aliado poderoso para concretar este proyecto de homenaje al Maestro de Juventudes y Premio Nacional de Edición y Literatura. Luis Yuseff, quien no vive meciéndose en el Premio Nicolás Guillén ni en otros lauros obtenidos como poeta, era el hombre ideal para acoger el proyecto de este libro, pues Ediciones La Luz para él se ha convertido en alfa y omega, y acoge con la misma donosura principesca con que se bebe un capuccino la más desesperada de las causas. Sus trifulcas con imprenta y poligráfico son legendarias en Holguín, y me consta que al mismo tiempo que aseguraba la edición y realización de este libro, tenía otros veinte exigiendo los mismos cuidados. Pero al fin, Yunier Riquenes y Luis Yuseff lograron que hoy tuviéramos este libro necesario.

La primera entrevista concedida por Eduardo Heras que aparece en el volumen data de 1987. La última, de 2015, lo que significa que en 270 páginas están condensados casi treinta años de testimonio, o más bien el testimonio de una vida durante casi treinta años. En esas entrevistas, a medida que se transita de una a otra en el tiempo, es posible ver la evolución del pensamiento del escritor respecto al convulso proceso de interacción entre los intelectuales y el gobierno revolucionario cubano. Las marcas que dejó en el hombre, el pensador, el pedagogo, el editor y el crítico, se pueden ir contando una a una y forman, a fin de cuentas, la novela que el Chino nunca terminó de escribir porque la estuvo viviendo en carne propia. Y en esas marcas está perfectamente visible el amante de las utopías, el apasionado por la literatura y el arte, y el hombre que conserva la fe, aunque todo lo demás le haya sido arrebatado.

Con los datos biográficos que rememora, unidos a los discursos de agradecimiento por los premios recibidos, también tenemos un adelanto de esas memorias que el Chino SABE que nos debe. Padre, madre, hermanos, esposa; escritores, músicos, bailarines, actrices y actores favoritos; comandantes y soldados, obreros y funcionarios, alumnos y colegas, desfilan sin pausa a través de los testimonios del Chino. Sus nombres se pueden encontrar, juntos, en el índice onomástico que en esta edición parecía imprescindible, y lo es.

Y con la conferencia —o confesión pública— que pronunciara Eduardo Heras durante el debate sobre el “quinquenio gris” auspiciado en 2007 por el Centro Teórico-Cultural Criterios, el libro expande su misión esclarecedora porque constituye el testimonio no de un hombre, sino de una época; no solo de un intelectual revolucionario, sino también de los peligros que encierran los fanatismos y la agazapada sombra reaccionaria de los burócratas y arribistas de izquierda. Porque los jóvenes tienen que saber que la cultura de este país no solo está en riesgo por la globalización, el consumismo y la pasión por lo foráneo. También lo está por funcionarios de poca monta que enarbolan las banderas del socialismo con bocas y manos, pero llevan otra bandera muy distinta en el cerebro. Y aunque lo más probable es que sus nombres no trasciendan como el de aquellos que victimizan, pueden echar muy malas zancadillas.

Eduardo Heras León, a pesar de esas zancadillas, es hoy leído, admirado, escuchado por los jóvenes a quienes ofreció el Centro Onelio como casa y abrigo. En estas páginas habla de Girón, pero también de literatura; habla de ajedrez, pero también de técnicas literarias; habla de escritores famosos, pero también de muchos desconocidos; habla del ballet, pero también de su vida con Ivonne Galeano y de la gratificación constante que recibe de sus muchos alumnos.

En esta Feria Internacional dedicada a él, creo que los detractores del Chino y del Centro Onelio deben tener el hígado hirviendo al escuchar los ecos de tantas celebraciones. Y por eso asumo que todos los presentes en esta sala son amigos o admiradores del Chino, ese hombre en quien encontré la honestidad, la necesidad compulsiva de lectura e incluso, el “despiste” total ante lo cotidiano que caracterizaban a mi padre. El hombre a quien Yunier Riquenes y yo declaramos siempre como Maestro en cuanta entrevista hemos concedido a nuestra vez, con el orgullo de haber crecido como escritores alentados por sus palabras y su vida toda.

Estoy segura de que en este libro encontrarán las claves de esta devoción que compartimos Yunier y yo, y muchos otros, por el hombre, el narrador, el más paciente de los críticos cuando se trata de escuchar a otro; el que ha sobrevivido a la guerra y a la desidia, el que ha devuelto luces cuando la sombra se empeñó en aplastarlo. Espero que aprendan con este libro que la vida de un solo hombre puede iluminar, con la magia de estas páginas, la vida en esta aula inmensa donde no vamos a cansarnos de aprender.

Gracias, Chino.

Presentación del libro En el aula inmensa de la vida, en La Habana, 12 de febrero de 2019. Sala Alejo Carpentier.

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