Alejandro Hartmann Matos: “Lo de Baracoa es magia, embrujo…”

Soy un luchador incansable, un hombre lleno de energía positiva, lleno de un amor extraordinariamente apasionado por la tierra que es Baracoa, mi ciudad primada. Un patriota de corazón, de espíritu, de alma.

Me encanta pasear por mis calles y saludar a mi gente. Las relaciones humanas para mí son importantísimas. Soñador, creo que siempre hay que soñar, es un elemento importante del ser humano.

Nací hace 70 años, el 30 de marzo de 1946 en Baracoa, en mi casa, donde mismo vivo ahora, en la cama donde nació mi padre y todos mis tíos.

De la experiencia que tengo de los cientos de personas que he atendido, y han sido muchas, pues soy el segundo director de museo más antiguo de Cuba después de Eusebio Leal; he llegado a la conclusión de que lo de Baracoa es magia, embrujo.

No es solo su naturaleza bravía, extraordinaria, peculiar, distintiva…, es también la gente, la hospitalidad, su manera de ser, su franca forma de recibir a quienes nos visitan. Baracoa es eso. Es, como dijera Cristóbal Colón en su diario, “la cosa más hermosa del mundo”. Yo creo que, por su naturaleza, pero también por su pueblo bello, hermoso.

Una de las impresiones más importantes que he tenido en estas labores investigativas fue el viaje por el Caribe con Enrique Núñez Jiménez. Recorrer varias islas en canoa, a la intemperie, remar como lo hicieron los indios taínos varios siglos atrás, cuando poblaron las Antillas Menores y Mayores, fue extraordinario.

Otro hito en mi vida profesional fue cuando la Asamblea Municipal, años atrás, me nombró oficialmente Historiador de la Ciudad, una condición que ya me había dado el pueblo mucho antes del acto oficial. El momento más bello, en lo personal, fue cuando nació mi hijo. Es lo más especial de mi vida. Alejandro Hartman, Junior, nació el 4 de noviembre de 1983.

De tantos premios, el Yunque fue muy especial, porque fue el reconocimiento de mi pueblo y de las autoridades, que consideraron que yo merecía, junto a mi hermano Urbano Rodríguez, en los 500 años de la Villa. Me hinchó el corazón, porque es el nuestro.

Duermo poco. Necesito solo cinco o seis horas para un completo descanso. Me acuesto casi siempre a la medianoche, y me levanto a las seis hasta los domingos, que es mi día de descanso. Vengo para el museo, porque es mi otra familia.

No puede faltarme la lectura. Todos los días leo entre 40 y 50 páginas. Leo política, economía, me encanta la economía. Estoy actualizado de todos los conflictos de Cuba, de América y del mundo, uno como historiador no puede estar aislado, no es posible hacer una historia local sin el contexto general.

(Fragmentos de la entrevista que le realizara Lilibeth Alfonso Martínez para el periódico guantanamero Venceremos, publicado el 13 noviembre del 2016).

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