Mundo editorial

Enrique Martínez Blanco: una leyenda en los libros ilustrados para niños y jóvenes en Cuba

“Y entonces, el niño se verá a sí mismo, por unos momentos, convertido en un hombre grande, capaz de atrapar en su trazo la magia de la naturaleza y volcarla con savia renovada a las hojas de papel. Nadie imaginará siquiera que el pintor de los seres inauditos es un mensajero de los animalitos que nos han regalado las hadas”.

 

Querido tocayo:

En los años 80, cuando recién graduado de Periodismo me acercaba curioso e inquieto a la Editorial Gente Nueva para informarme sobre sus novedades, siempre te veía afanoso laborando en tu mesa de trabajo, de la que luego salían volando toda clase de criaturas mágicas, cuya belleza, ni la peor poligrafía lograba desdibujar. Con tus grandes espejuelos, tu cara sonriente, tus comentarios chispeantes o ese humor y entusiasmo que siempre te acompañaban, me recibías en el messanini del Instituto Cubano del Libro (donde a la sazón laboraba tu Departamento de Diseño) y allí me mostrabas, Enrique, tus nuevas imágenes. No podía imaginarte como un jefe pero, de hecho, por espacio de dos décadas dirigiste artísticamente Gente Nueva, la editorial que más títulos para niños publica desde 1967.

Tú fuiste de los primeros que dieron a la ilustración y el diseño un digno rango junto al texto; ese protagonismo no siempre reconocido y afín a la buena literatura con mayúsculas dirigida a los pequeños y también a los grandes lectores. Compartiste oficio con autores de fama mundial, como Gianni Rodari, Nicanor Parra, Franz Kafka, Ana María Machado, José Martí, Michael Ende, Joan Manuel Serrat, Elena Dresser, entre otros, y con algunos nacionales como Miguel Barnet, Nicolás Guillén, Dora Alonso, Eliseo Alberto Diego, Manuel Cofiño, Herminio Almendros, Antonio Orlando Rodríguez, Silvio Rodríguez y muchos más.

Te asombrabas de tus propias creaciones; tu versatilidad, oficio prolijo y ese siempre inspirado desempeño, poco tenían que ver con el niño incrédulo ante tu talento que siempre has sido, asombrado perenne por el modo en que las figuras jugueteaban entre sí haciendo cualquier tipo de cabriolas en la desafiante página en blanco, para reorganizarse en una zoo-ilógica armonía que desafiaba toda convención tradicional, con tal de mover a la risa o al pensamiento.

No podías imaginar entonces, cuanto soñaba ser dibujado por ti, no solo por mi ansiedad en abandonar la ineditez, sino deseoso de que mis historias fueran acompañadas por ese modo tan tuyo de mostrar las cosas. De alguna manera lo adivinaste, cuando ya a principios de los 90 me publicaste por el Taller de Gráfica donde hacías grabados mi primera obra contigo: El hada, la maga y la lechuza del niño triste. Luego, cuando organizabas la muestra “Lo imposiblemente posible” para la Galería Habana, a punto yo de ser padre, me pediste unas palabras que te parecieron el cuento de tu vida y ahí nació un libro como pocos: “La gran fiesta de los bichos”. Kodansha de Japón lo trajo al mundo de la mano de tu Gran Premio Noma y en realidad esas figuras antropomorfas que delineabas y a las cuales yo trataba de seguir con verdadero apuro relatando tu propia historia de niño dibujante desde tu pueblo natal, nos dieron más de una felicidad. A mí me regalaron tu amistad de tantos años, tu apoyo en momentos duros para todos y una colaboración de décadas, pues muchos años después siempre llegabas a Gente Nueva, cargado con una enorme carpeta de maquetas que luego íbamos dando a la luz. En aquellos “especiales” 90 venías del D.F. con tu bolsa de sueños contagiándome de grandes proyectos, desde un diccionario de inventos científicos, hasta unas leyendas adaptadas al formato de afiche o la petición de cuentos del circo. Muchos quedaron en ideas. Otros fueron (y son), como El payaso que no hacía reír, Gato de estrellas, La brujita inconforme y tantos libros que todavía se mueven por el mundo.

Por ti no pasaban los años, querido Kike, siempre el mismo niñote jovial y lleno de ilusiones, dibujando grandes especímenes que adornan más de un hogar o una importante galería y cosechando premios de ilustración y diseño. Solo Kitty, tu más cercana y eficaz colaboradora quizás pueda llevar la cuenta de tantos libros que te ayudó a maquetar y que juntos hemos movido por los escenarios editoriales del mundo. Desde un cuento de animalitos, una selección de hadas, los Pelusos o más. No puedo olvidar tampoco hoy, que de tu mano me llegó “Versos sin dueño”, de Dimas Juantorena Danger, otro colega que hace poco se ha ido: entrambos hicieron un decálogo de amor para la infancia en un libro sencillo y educativo.

Por eso, hermano querido, aunque sea verdad, aunque desde ahora vivas en la dimensión de los sueños y la memoria que se atesora con esmero entrañable, pese al correo de Kitty, las llamadas con la noticia de tu adiós físico, todavía te siento cerca y viviendo en tu mundo de seres increíbles, donde hay mumines y troles mexicanos, ocelotes y grillos, coyotes, muchos gatos azules, garzas con garras, perros con cola de serpiente y hasta cocheros azules o cualquier criatura de magia y encanto. ¡Tú llenaste el mundo de la infancia de tus propios alebrijes en una mitología que todavía requiere catalogación y estudio!

Quiero seguirte viendo como siempre, afanado con uno o varios libros a la vez, entusiasta, animoso, hombre de proyectos, solidario con los autores que comienzan y añorado por los más famosos de cualquier contexto. Pese a tus siete décadas de vida, el eterno muchachón jovial, cubano y ocurrente que nunca dejó atrás la ilusión y, con un envidiable espíritu, pese a cualquier dolencia, mantuvo esa llama encendida, ese asombro que te hace un creador inquieto y lleno de caminos diferentes.

En una entrevista afirmaste una vez lo que puede considerarse el crédito de tu desempeño profesional:

“Prefiero los libros que no exponen un texto masticado y digerido para “niños bobos”, cuentos que dan posibilidades de crear historias paralelas y donde lo absurdo e imprevisto estén presentes. Libros donde el joven lector realice decodificaciones inteligentes y hasta donde participe activamente creando y modificando la historia principal. Siempre que choque con un trabajo de este tipo, a pesar de mis casi 70 años, lo abordaré con gran entusiasmo. Como hay muchos escritores que piensan como yo, seguramente me faltan muchos años de diseño e ilustración para las nuevas generaciones. Estos premios recientes me impulsan a continuar garabateando papeles con muchos colores y grandes esperanzas”.

Por eso, querido hermano, siempre serás para nosotros El Señor de las imágenes, de los muchos colores, de las grandes esperanzas, esas que nunca se pierden y, por una eternidad, nos hacen crecer, soñar y confiar…

Un abrazo, hasta el infinito y más allá, con el aprecio de siempre,

Enriquito

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