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Cartas credenciales: para presentar en Santiago nuevas voces poéticas

“Cartas credenciales” fue un espacio que en los inicios de la librería Ateneo Amado Ramón Sánchez de Santiago de Cuba, se realizaba una o dos veces al año, para dar a conocer a poetas y narradores que se asomaban por primera vez al ámbito literario. Tomamos el término del mundo de la diplomacia pues era el modo de que llegaran con buenas energías a la República de las letras en la ciudad.

Era el dilecto y bien apreciado poeta brasileño Drumond de Andrade el que decía que cuando le era presentado un joven poeta lo primero que hacía era ponerse a rezar por él. Luego se empeñaba en disuadirlo de entrar al gremio y por último darle unas palmaditas en el hombro y decirle: “¡Adelante, el camino es largo, espero que tengan las fuerzas suficientes!”.

Y he aquí que hoy presentan sus Cartas credenciales Roberto Carlos Fournier, Eduardo Clavel y Sarai Soler. En lo personal, ya he rezado por ellos. He tratado de sobornarlos con críticas para que se aparten del camino, pero ellos siguen en la resistencia y no me queda otra alternativa que darles palmaditas amistosas y alentarlos a que sigan, de no ser así, no fueran los invitados de este 3 de enero, primer jueves del año 2019.

Si la memoria no me juega una mala pasada fue a Roberto Carlos Fournier el primero que conocí. Estudiaba Letras en la Universidad de Oriente y desde muy temprano en la carrera comenzó a merodear los espacios culturales de la ciudad. Entre ellos, los Sábados del Libro y alguna que otra vez el Taller Literario Aula de Poesía. Luego vinieron encuentros más cercanos a propósito de su tesis de grado que si mal no recuerdo era en torno a la vida y obra de Severo Sarduy y vino el intercambio de bibliografías y los consabidos préstamos de libros. Y finalmente me dio la oportunidad de presentar su primer libro publicado por Ediciones La Luz.

Fournier, dueño de una amplia cultura pasada por el tamiz de las buenas lecturas ha venido articulando un discurso donde lo homoerótico y las referencias librescas que acompañadas de un componente coloquial y dialogante lo ubican entre los poetas más atendibles de su generación. Ahora se desempeña como editor, un oficio bien valedero, ya que el oficio de poeta en nuestro país aún no está previsto en el código laboral.

Eduardo Clavel se me pierde en la memoria. Tal vez unos Juegos Florales o la siempre bienhechora pupila de Sandra de la Cruz o Belkis Crespo Cruz que en el sentido estricto de la palabra “han descubierto” a muchachos que, en la zona de Quintero, Cuabitas y el poblado de Boniato intentan poetizar la ciudad desde esas alturas (recordamos a Darío Cisneros).

De los tres, tal vez Clavel sea el más ríspido e iconoclasta. Como todo el que comienza es un verdadero indisciplinado en materia de lecturas. No porque no lea, sino lo contrario. Toda una marejada de referencias que se combinan con un buen gusto musical. De ahí sus referencias, sus intertextualidades y cierta “sonoridad” como diríamos de alguien que como el tigre de Blake tiene mucho de cordero digerido.

Clavel obtuvo el año que acaba de pasar el premio Luisa Pérez de Zambrana para autores inéditos. También estudia en la Universidad de Oriente y Dios quiera que ello le permita seguir ordenando o más bien “desordenando” sus saberes en pos de la poesía.

No por gusto he dejado para último a Sarai Soler. De ellos tres fue la primera que conocía de vista. Coincidíamos en los vetustos y mágicos pasillos de la biblioteca municipal Abel Santamaría donde en compañía de su madre se adentraba en el mundo de los libros de tal manera que sus padres temieron por su salud. Pero gracias a Dios la locura no ha llegado todavía ni para Fournier, ni Clavel ni mi última embajadora.

No recuerdo con exactitud el día que llegó al Taller. Vino con cuatro libretas enormes y yo en broma le dije ¡Ah!, tus obras completas. Poemas  dispersos, hirsutos pero allá dentro se podía distinguir una personita con luz, con madera, con deseos de desafiar el reino.

Abordar la cotidianidad, hacer de lo doméstico un acto poético, vivir en estado de alerta poética marcan sus actuales derroteros. A veces, en las sesiones de trabajo nos desespera por su impulso de rehacer, destruir, abacorar el acto escritural pero tenemos que llamarla a capítulo. Pero eso es un buen síntoma. Síntoma de que acepta la pelea, acepta el reto de la escritura.

Así andan estos nuevos embajadores de la poesía que hoy presentan sus Cartas credenciales en nuestra ciudad ¿rezar por ellos? ¿Disuadirlos? ¿Una palmadita en el hombro? Dios y el tiempo que suelen ser la misma cosa pudieran tener la respuesta. Agradezco a los coordinadores del Centro José Soler Puig y la librería Ateneo por dar comienzo al año literario 2019 con este bautizo poético.

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Licenciado en Estudios Socio Culturales (2012). Miembro de la UNEAC. Ha ganado los premios de poesía José María Heredia (1992-1997), Pinos Nuevos, Calendario... Labora en la sección cultural de la radio CMKC, Radio Revolución.

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