Ricardo Hodelín Tablada: “Yo tenía el médico dentro”

Siempre digo que soy un médico por vocación y por convicción. Precisamente la capacidad que tiene el médico de enfrentarse a varias personas y tener que convivir con el dolor de mucha gente te hace fortalecer el espíritu, y es por ahí un poco por donde viene la literatura.

Soy también un lector desde pequeño. Soy un martiano que he tratado de leer todo lo que he podido de Martí; y esto ha conformado a este médico que es un lector voraz y que, además, se apasiona por las investigaciones históricas, por tratar de encontrar aquella verdad en fuentes documentales, archivos. Todo eso me apasiona mucho y me complementa la capacidad.

Uno puede tener la capacidad de trabajar en una determinada área y cuando cambia de trabajo esa parte del cerebro está un poco como descansando, y el conocimiento que se establece por sinapsis te permite abarcar un mayor conocimiento; siempre buscando por supuesto las herramientas que te permitan no ser un improvisado en el tema, y hacerlo con la mayor dignidad posible.

Soy un cubano común nacido en los años 60, en una familia humilde. Mi padre, ya fallecido, fue barbero; mi madre es ama de casa. Tuve un padre que fue un lector voraz que tenía una colección de Bohemia. Ese es un legado que me ha dejado y que aprecio mucho. Mi padre leía los artículos de Bohemia y a pesar de tener tan solo un sexto grado, señalizaba, hacía su criterio, y todo eso me lo fue transmitiendo.

El lector que soy, no tengo la menor duda, se lo debo a mi padre; él me empezó a regalar libros. Recuerdo cuando me regaló La Edad de Oro que para él era un libro importante y por supuesto que lo es. Mi madre es una ama de casa, que se encargaba que en aquel hogar tuviera lo necesario, lo básico, en darle cariño a ese niño, pero realmente no tenía esa formación en el orden científico, y mucho menos literario. De ahí salió este joven, un joven cubano de la época que hice la secundaria en la Espino Fernández; santiaguero, muy santiaguero.

Yo creo que mi paso por el preuniversitario Cuqui Bosch me marcó mucho. El que estudia en él tiene un sentido de pertenencia de ese centro donde estuvieron jóvenes del alzamiento del 30 de noviembre. Todavía están las huellas allí; y yo creo que eso fue un momento muy importante. Ahí me convertí en un martiano.

No puedo dejar de mencionar a Gladys Hourrutinier, la persona que nos llevaba de la mano y nos decía: usted puede ser un ingeniero, usted puede ser un cosmonauta, pero usted tiene que ser una persona que tenga una cultura general. Y eso me llevó a los talleres literarios, al teatro, a ampliar mis conocimientos, porque además yo estaba convencido de pequeño que iba a ser médico. A mí me encantaba esa posibilidad que, además, era la de mi padre que no lo pudo ser; y esa posibilidad de ayudar al otro, de estar cerca del dolor ajeno me fascinaba. Así fui llegando a lo que soy hoy.

Pertenecer al grupo Seis del ochenta fue un momento importante de mi vida. Éramos un grupo de jóvenes que comenzábamos a hacer literatura en Santiago, empezábamos a participar en talleres literarios, éramos dirigidos en aquel momento por Aida Bahr, que era una joven graduada en filología con mucha perspectiva en su carrera. Era un momento donde los talleres literarios tenían mucha fuerza; se hacían eventos nacionales.

Por este grupo pasaron Leonardo Padura, Senel Paz, Eduardo Heras León con el que entablé una relación que todavía persiste. La idea inicial de crear este grupo fue de Amir Valle, o sea Amir en condición de líder de grupo trató de reunirnos a una serie de jóvenes que estábamos entrando en la literatura en esa época; y recuerdo que precisamente el nombre del grupo lo propuso él.

Nos reuníamos en cualquier lugar a hacer y discutir literatura, en esos momentos yo hacía cuentos y poesía, llegué a participar en eventos nacionales y es el momento en que aquellos seis jóvenes discutíamos de cuentos, discutíamos de poesía, de literatura y nos poníamos la meta de que había que leer para hacerse un escalón en la literatura y entonces ahí nos decíamos si no había leído a Wilde, a Byron y ahí empezamos a intercambiar libros, a intercambiar.

Quiero mencionar a Ignacio Vásquez, tengo que mencionarlo porque él era el profesor que nos decía: los cuentos de Oscar Wilde están mal traducidos y entonces había que aprender inglés para poder leerlos y todo aquello te iba aportando. Después me separé del grupo y me dediqué a la medicina, entonces la gente decía cómo es posible, pero es que yo tenía el médico dentro.

Este es el hombre médico, investigador, martiano, que escribió el libro Las enfermedades de José Martí.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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