Reseña

Un fusil que sobresale de la sombra

(…)
El eje del número se encuentra en un dossier dedicado a Fernando Martínez Heredia. Con el título Pensar y hacer la Revolución no se trata de un pastiche de textos desconectados y grandilocuentes, todo lo contrario, es un dossier-diálogo colectivo.

Ya el nombre da para polémica: pensar y hacer la Revolución. Esa conjunción puede dar la engañosa idea de una relación causa y efecto: pensar la Revolución y luego hacerla. Aunque se expresa en todos los trabajos, dos lo resuelven explícitamente. Dice el mexicano Magdiel Sánchez “Pensar y hacer la revolución constituye, como síntesis, el caminar de FMH. En esa unidad se entreteje su práctica política local e internacionalista”. Por su parte, Pedro Pablo Rodríguez lo resume así: “Si alguien en el campo intelectual cubano ha demostrado con su quehacer que para hacer la revolución esta ha de pensarse y repensarse una y otra vez, y que ese pensamiento requiere del ejercicio práctico de la revolución, ese es Fernando Martínez Heredia”.

Se ha insistido en la capacidad de Fernando para conectar con la gente joven. Lo hizo con sus coetáneos, y ya luego con los que se han dado en llamar “sus discípulos”, un término terrible si se piensa desde una educación bancaria y vertical de la que no fue parte y rechazó. Esa capacidad de conectar se visibiliza en este número. La edad de quienes escriben parece relativizar esa mitad de siglo que media entre los autores Aurelio Alonso (1939) y Rosario Alfonso (1988).

Incluso en un ejercicio “formal” es difícil despegarse de la cotidianidad con Fernando. Cuando quería “dar” y/o que te compraras una tarea, destacar algo que “hicimos bien” o azuzar un desacuerdo decía a los más jóvenes: “Niño, eres el anuncio de los tiempos que vendrán”. Pues este número de La Gaceta trae, en materia editorial y de futuro, varias anunciaciones (…)

Debe entenderse la imposibilidad de referenciar todos los textos de este número. Sería más conveniente hablar de algunas líneas generales y comunes.

Parece una preocupación colectiva la insistencia en poner a hablar a la gente común, lo que se diría “la gente del pueblo” sobre y desde la revolución. Así ocurre a partir de los seis cuentos de Fernando que inician la revista. En narraciones cortas empiezan a asaltarnos las canciones antiguas que tararea una tía, liberales alzados y conservadores, guardias rurales, combatientes de las gestas independentistas que no llegaron a generales hasta ese Emilio Vapalpueblo que se mueve de la fragua al torno, del taller a la discusión, del martillo a la lectura del periódico Hoy, para rematar con frases demoledoras como “Por él sé que existe «mecánico popular», y que no toda la sabiduría va a las aulas” o “Yo me pregunto de cuántas historias está hecha la Historia”. Después, el propio Fernando complejiza el asunto al recordarnos que el joven Marx “quería poner su talento personal en una relación íntima y nueva con el genio del pueblo” (…).

Las preocupaciones y temas tratados por Fernando se ventilan en todos los trabajos del dossier, y hacen que debamos enfrentarnos a los textos a golpe de emboscada: a cada paso, a cada frase, nos asalta uno nuevo o se amplía otro.

Quisiera particularizar en algunos textos, por la manera en que nos hablan hoy. En el mencionado El mundo en el que nació Carlos Enrique Marx…, Fernando se bate con la importancia de analizar las realidades en las cuales se “produce” el pensamiento, y considera en esas realidades no solo el elemento “material”; habla de examinar (…) la producción misma de conceptos y conocimientos sociales en función de sus concreciones sociales e históricas”. Esto forma parte de una preocupación dominante de Fernando: ver los marxismos y los socialismos desde su historia, que no se inicia con Marx y “El socialismo”. Más adelante, como un mazazo, le dice a sus intérpretes utilitarios “tengo una posición determinada como marxista. No todos los marxistas piensan igual que yo. Esto lo podría decir todo profesor al comenzar su curso de marxismo, pero, lamentablemente, no es lo usual”.

Me detengo ahora en el trabajo de Rebeca Chávez. La cineasta se lanza a preguntar por la experiencia vital de Fernando en los sesenta, específicamente por Pensamiento Crítico y el Departamento de Filosofía; y Martínez Heredia, con libertad, menciona nombres, emite juicios y recrea a un tiempo procesos, hechos y actores. No se esconde, como no lo hizo nunca y asume cada palabra con responsabilidad. ¡Y esto se anuncia como parte de un libro! A manera de muestra, me quedo con una frase de Fernando en este diálogo sobre aquellos años: “Empezamos a ser criticados por algunas personas del campo revolucionario. Nos encuentran excesivos, demasiado radicales y quizás algo irrespetuosos”.

  1. Fernando no elimina a “los críticos” (los que les criticaron a ellos) del “campo revolucionario”;
  2. Demuestra que a él (y varios de sus compañeros) a los que hoy se puede considerar sin dudas revolucionarios –y han sido legitimados desde perspectivas diversas como tales– les llegaban críticas en nombre de “la Revolución”.
    (…)

En junio, al morir Fernando, escribí un trabajo de nombre poco afortunado en el que decía: “Fernando merece un texto negativo, que sería un texto en rebeldía. Fernando merece ser interpelado (…) Fernando merece un texto negativo porque uno se queda sin la más puta idea de cómo armar un mapa con lo hecho, con lo vivido. Y en esta Cuba de hoy, donde quedarse sin mapas parece una moda, hay que gritar al menos desde los tres jirones que vienen a la cabeza”. Creo que este dossier de La Gaceta es, en este sentido, un conjunto de textos negativos.

Reitero mis disculpas por las omisiones. Les sugiero completo, de principio a fin, este número de La Gaceta. Considero, volviendo a los cuentos de Fernando, que constituye un material que sobresale, “una punta de fusil que sobresale del bulto de la sombra”.

*Una versión más amplia en http://www.lajiribilla.cu/articulo/un-fusil-que-sobresale-de-la-sombra.

1 Comentario
  1. Gracias por este reconocimiento a Fernando…

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