Tiempo de estudiante: el mejor tiempo para leer

Sin dudas, son los mejores tiempos. Aun cuando tengas obligaciones de clases tienes puedes escoger lo que desees, buscar, encontrar, comprar, ir de fiestas, campismo y quedan horas para leer. Allí formas tu línea vertebral de la lectura. Puedes leer un libro diario, varios a la semana, casi veinte al mes. Descubrir que las aventuras de Verne y Mark Twain, por poner un ejemplo, se parecen a tus vidas, descubrir las historias de grandes hombres de la historia que imitarás para siempre.

Hay varios periodos de estudiante. Cuando te enseñan las vocales, consonantes, lees en sílabas, cuando lees de corrido. Te das cuenta que has descubierto la lectura, pero solo con el paso del tiempo descubres que aquella es la principal herramienta en tu vida: saber leer, que es saber andar, como dijo Martí. Y eso lo comprendes con el paso del tiempo; cuando lo que leíste te ayuda a enamorar, a conquistar un espacio personal o laboral, a encontrar una palabra, a perdonar, incluso a descubrir tu cuerpo y tus emociones.

Luego viene el periodo de la secundaria básica, el bachillerato y la universidad, y si has arrancado como lector dejarás de usar tus estipendios para comer, y comerás libros. Se vuelve uno un comelibros, y peor si descubre una librería económica con tremendas ofertas.

Tal vez ahora, con el celular y las Tablet sea más fácil tener la información, y viajar con millones de libros con poco peso. Te recuestas en la cola de la guagua, en las interminables colas hasta que alguien tenga que decirte, oye, atiende que te toca.

Ahora que pasó otro 17 de noviembre, Día Internacional el Estudiante pienso en esos asuntos. Jamás tuve tanto tiempo de leer lo que deseaba, de ordenar mis ciclos de literatura latinoamericana, cubana, universal, y darte cuenta que cada vez sabes menos y que te falta mucho más por leer.

Pienso en lo que leía en mis tiempos de estudiante, quiénes me sugirieron las lecturas inolvidables: un maestro, un profesor, un amigo, un escritor, las guías literarias en revistas y programas radiales y televisivos. En mi casa mi madre, regalándome los cuentos de Onelio Jorge Cardoso y El Quijote; mis primas de El Cobre con los cuentos rusos… Ahora guardo libros y lecturas gracias a ellos. Debes leer, por ejemplo, a Juan Rulfo, a Albert Camus, debes descubrir una y otra vez el Cuadernos de apuntes, de José Martí, decían; y mucho más.

Cuando pasan los años lo confirmas, nunca hubo mejor tiempo para leer que el de estudiante.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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