Reseña

¡Bernabé, Bernabé!: Los apasionantes modos de narrar la historia

El pasado 14 de octubre se cumplieron 71 años del nacimiento de Tomás de Mattos (1947-2016), escritor y abogado uruguayo; y este 2018, se cumplen 30 años de la publicación de su novela ¡Bernabé, Bernabé! A propósito de este aniversarios, comparto esta reseña de la edición cubana realizada en 2015 por Ediciones Sed de Belleza; todavía en librerías cubanas.

“ No solo la historia implica un rigor en la investigación, una confrontación de los datos y una interpretación, sino que también implica una manera de contarla. Si la historia renuncia a ser un arte narrativo, se vuelve un moco académico destinado a la reproducción informativa en un mundo cerrado”
Paco Ignacio Taibo II

¿Qué lleva a un hombre «amable, tímido y reservado», quien «hablaba mejor de los indios y se desvelaba más por mejorar su suerte»; a convertirse en el «peor enemigo que tenían los charrúas», en un asesino?

¿Por qué el héroe de Sarandí pierde la «gélida serenidad que lo caracterizaba», y se transforma en el obcecado perseguidor de un cacique, aun cuando todo aconseja abandonar la cacería?

Las preguntas remiten a un acontecimiento histórico: la campaña de exterminio de los indios charrúas; ordenada en 1831 por el general Fructuoso (Frutos) Rivera, primer Presidente Constitucional del recién creado Estado Oriental del Uruguay.

Esta historia y el protagonismo que en ella tuvo el coronel Bernabé Rivera, sobrino del Presidente don Frutos, es lo que nos cuenta Josefina Péguy, la narradora de ¡Bernabé, Bernabé!, primera novela del uruguayo Tomás de Mattos.

Un tal M.M.R. nos presenta a esta mujer en un texto fechado el 12 de octubre de 1946, que sirve de prólogo a la extensa carta escrita en 1885 por la Péguy, a su amigo y director del semanario El Indiscreto, Federico Silva. Esta carta constituye, en sí misma, el “cuerpo” de la novela.

La sola lectura del prólogo nos confirma que, en muchos sentidos, Josefina Péguy es la narradora ideal para lo que se contará.

Su posición económica; la afición a los libros; una memoria envidiable; el contacto directo con varios de los protagonistas o testigos presenciales de los hechos narrados; el acceso al bien nutrido archivo de su esposo, el abogado Juan Pedro Narbondo; y, sobre todo, el interés que siempre le provocaron las figuras del coronel Rivera y Sepé, último cacique del pueblo charrúa; le han permitido crear una cosmovisión muy personal de los acontecimientos de Salsipuedes, Mataojo y Yacaré-Cururú, epicentros de la antes mencionada campaña de exterminio.

Como una suerte de Miss Marple criolla y decimonónica, Josefina hurga entre los «vericuetos de la historia oficial» y ofrece una «versión inédita, mucho más feroz y veraz». Para ello conjura un coro de voces con las que dialoga: las valora, discrepa, cuestiona, las enfrenta a nuevas hipótesis; no con el objetivo de dirimir responsabilidades, sino de saber la verdad; esto es, ¿dónde se pierde la frontera entre el bien y el mal?

Esta dicotomía se vuelve tema capital de toda la novela, incluso desde el propio título. “¡Bernabé, Bernabé!”, es el grito con que militares e indios reciben jubilosos al héroe de la batalla de Sarandí. “¡Bernabé, Bernabé!”, es el grito que profiere el coronel Rivera ante la inminencia de la muerte, que parece sorprenderlo sin la ecuanimidad que siempre lo caracterizó en campaña. “¡Bernabé, Bernabé!”, gritan eufóricos los charrúas al ver caído al obsesionado cazador, el hombre que les arrebató el futuro.

Esta es «una novela ya escrita por la realidad». Así la definió su autor, un hombre que fue hijo, esposo y padre de médicos; pero escogió la abogacía como profesión y la literatura como vocación.

Tomás de Mattos Hernández nació el 14 de octubre de 1947, en Montevideo, República Oriental del Uruguay. Hasta 1988 tenía publicado tres libros de cuentos. En ese año publica ¡Bernabé, Bernabé!, su primera novela, y con ella gana los principales premios literarios de su país natal; mientras la crítica la definía como “una de las novelas más significativas de la nueva literatura uruguaya”. En lo adelante, no dejó de incursionar en el género y engrosó su bibliografía con otros títulos no menos exitosos. Tomás de Mattos, falleció el 21 de marzo de 2016, a los 68 años de edad.

Su muerte pasó inadvertida para la gran mayoría de los lectores cubanos. Y es lamentable que así haya sido, por tratatrse de «el autor de algunas de las obras literarias más significativas escritas en los últimos treinta años en el país del mundo que produce más futbolistas y escritores per cápita, (…) paradigma del hombre bueno y ético, que abrazaba la escritura con el rigor de un profesional y la pasión de un amateur.».[2]

En 2015, Ediciones Sed de Belleza, tuvo a bien reeditar esta novela; aun cuando en cierta entrevista, el autor había asegurado:«¡Bernabé, Bernabé! no interesa; en las editoriales extranjeras»[1].

Algo de razón tenía de Mattos. Esta carta-novela no escatima términos en lengua charrúa y referencias a batallas, lugares y personajes de la Historia del Uruguay; desconocidos todos (o en su mayoría), por gran parte de los lectores fuera de las costas del Río de la Plata. Sin embargo, se los aseguro, esto no será óbice para “atrapar al lector, envolverlo, hacerlo sentir cómodo”, como siempre ha pretendido el autor en sus novelas.

Por último, retomo las palabras de  Taibo II que encabezan este texto. Su elección no es fortuita; vinieron a mi mente en más de una oportunidad mientras leía ¡Bernabé, Bernabé! Ellas aluden a una manera otra de contar la Historia de Nuestra América; sin faltar al rigor de los datos y hechos, pero siempre a la búsqueda de otros efectos en el lector, más allá de la simple aprehensión del suceso histórico. Esta novela responde perfectamente a esta visión paco-ignacio-taiboiana, que tanto puede ayudar en estos tiempos a convertir la Historia en un best-seller.

[1] El hombre de Varela. Entrevista con Tomás de Mattos. Disponible en: http://www.montevideo.com.uy/categoria/Videoentrevista-1108. Visto: 30 de agosto de 2017.

[2] Palabras de Fernando Esteves, editor y ex director de Alfaguara en Uruguay

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