Una puerta de papel llamada Risograph

Todo parece indicar que el término “escritor de provincias” tiende a desaparecer en nuestro país. A partir del año 2000, con la aparición de las publicaciones de la Risograph, salieron a la república de las letras más de 530 autores con un primer libro y más de 250 por segunda vez.

¿Apoteosis de la palabra impresa? Apoteosis que casi borra de golpe y porrazo la crisis editorial de la década que acaba de pasar. Ahí están los más de 2 153 títulos y la friolera de casi 2 000 000 de ejemplares.

No sería muy arriesgado afirmar que las ediciones territoriales han venido a cambiar el mapa editorial del país.

El manoseado tema de “siempre publican los mismos” da al traste con la aparición de estos 500 autores que de un tiempo acá han visto su libro por primera vez.

Para algunos resultan “sospechosas” las publicaciones de la Riso. Tal vez recordar que muchos de nuestros padres literarios más inmediatos tuvieron que sufragar sus propias ediciones puede dar una idea del jolgorio editorial al que asistimos.

A veces olvidamos cuán difícil resultaba desde provincias publicar en El Caimán Barbudo, y ya no decir en La Gaceta de Cuba, Unión, o colar un libro en una editorial de prestigio.

Más de 130 editoriales, unas 14 revistas provinciales y un sinnúmero de concursos literarios matizan la actualidad del país.

El magisterio editorial que nos legaron caballeros andantes como Alejo Carpentier desde la Editora Nacional de Cuba o Herminio Almendros desde la Editora Juvenil, es paradigma a tener en cuenta para los que, de un modo u otro, desde diversos puntos del país, nos ocupamos de la edición de libros.

Llegar a una librería y encontrarse a un escritor como Argenis Osorio, de Segundo Frente, un poeta de la Ciénaga de Zapata o un narrador de Santa Cruz del Norte da una medida de la pluralidad y posibilidades que tenemos los autores cubanos de vernos en letra impresa.

Que hay que hacer correcciones de tiro es evidente. No llamarnos al falso provincialismo de que en todo municipio hay un escritor de valía y que se puede publicar cualquier cosa.

Mejorar el diseño, la cantidad de ejemplares a imprimir, la promoción, el sistema de distribución y la presencia en ferias allende el mar también son elementos a discutir y tener en cuenta para hacer de este proyecto un verdadero vehículo cultural.

Editores como Alfredo Zaldívar (Vigía y Matanzas), o la tropa de Capiro en Villa Clara han demostrado que sin llegar al libro de las maravillas de

Boloña, la Riso tiene muchas capacidades por explotar. Ingenio, amor y talento esperan.

La fiesta apenas comienza. La presencia de estas ediciones en la Feria Internacional del Libro no solo en la capital, sino en más de una treintena de ciudades a todo lo largo y ancho del país, es una carta de presentación para esta puerta de papel llamada Risograph.

 

Tomado del libro Una puerta de papel llamada Riso, Editorial Letras Cubanas, 2005.

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Licenciado en Estudios Socio Culturales (2012). Miembro de la UNEAC. Ha ganado los premios de poesía José María Heredia (1992-1997), Pinos Nuevos, Calendario... Labora en la sección cultural de la radio CMKC, Radio Revolución.

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