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Reseña

Otra vez María Virginia

Escrito por: Herson Tissert

¿Alguna vez se han sentido parte de una cofradía?, ¿han tenido esa sensación de secreto compartido, de participar de un hecho especial? Eso es lo que sucede cuando descubro que un libro que me gusta mucho es también de la preferencia de alguien más. Algo así esperaba encontrar, pues sigo pensando que mejor se escribe acerca de algo que despierte simpatía, en la reseña de María Virginia está de vacaciones (Gumersindo Pacheco, Premio Casa de las Américas 1994) que se publicó, hace ya algún tiempo, en el suplemento literario El Tintero, del periódico Juventud Rebelde. La autora expresó algunos criterios sobre esta pequeña obra maestra, todos ellos muy acertados en el campo de la narratología y el análisis literario. Sin embargo, no leí nada de lo que esperaba encontrar.

No me dijo que se había emocionado hasta las lágrimas, que había reído hasta el borde del dolor estomacal. Que se había pasado tiempo buscando entre sus amigos cercanos, una versión particular de Mariano Jesusón. Que había recorrido todo el camino desde Cabaiguán hasta Guanabo, que era el tercer viajero en esta historia y había introducido, en la discusión con el filatélico, al pelotero de su preferencia. Recuerdo ahora paso por paso, la manera en que este libro llegó a mis manos, en una edición muy diferente a la que nos entregara recientemente la editorial Gente Nueva. Fue el regalo de un gran amigo, creo que en mi primer cumpleaños en la Universidad.

Una edición pequeña, casi de bolsillo, de Letras Cubanas y financiada por el Fondo de Desarrollo de la Educación y la Cultura. Algunos años después, en una edición de… (la olvidé casi todo) me encontré con María Virginia y yo en la luna de Valencia. Era como una primera parte de María Virginia está de vacaciones, aún más delicada, más onírica, igual de divertida. Por suerte, Gente Nueva también la publicó, bajo el título María Virginia, mi amor. Como su hermana mayor había corrido buena suerte en los concursos, pues ganó, en 1990, el Premio El Caimán Barbudo. Cuando pienso en ello, inmediatamente viene a mi mente el ganador de este mismo premio en 1989.

Se trata de otro de mis libros preferidos. Un libro de cuentos llamado El deshollinador, de Alexis García Somodevilla, que se vino a publicar, por Ediciones Mecenas, en el año 2000. La complicidad con estas historias es de otro tipo. No deja de ser un texto divertido, pero la risa (o mejor la sonrisa) a la que mueve está al borde de la angustia. Así de fácil y un poco arbitrariamente, se enlazan tres de mis libros preferidos. Para mí, las dos María Virginia son lo mejor que se ha escrito en la literatura juvenil cubana, y El deshollinador, el mejor libro de cuentos escrito en Cuba después de 1959. Claro que estoy exagerando, pero exageraciones peores se hacen todos los días y al menos esta, no le hace daño a nadie. Además, mi “literatura cubana” son los 100, 200 o 10000 libros que he escogido o que me ha sido posible leer. Hace poco los leí. Le regalé María Virginia está de vacaciones a una persona a la que quiero mucho. No hay nada más molesto que regalar un libro y que este no sea apreciado. Por suerte este no fue el caso y esa es otra de las alegrías que le debo a María Virginia.

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