Hacedor: un grupo literario para concretar un sueño de escritura

En 1996, cuando apenas era un adolescente, ya soñaba con escribir, mejor dicho, ya escribía. Eran trazos ahora indescifrables, versos profanos, historias de hadas y fantasías que sólo guardo para mí. Eran tiempos de soñar en el 2000, todos hablaban del nuevo milenio y la canción “Venga la esperanza” sonaba en todas las radioemisoras. Entonces, la gente era más soñadora y, quizás, como una de las canciones de Silvio Rodríguez que prefiero, andábamos en busca de un sueño.

Por eso me aventuré en buscar a alguien que me orientara cómo escribir y no dejaba dormir a mi madre, porque no me explicaba cómo se podían llenar tantas páginas, pero después que las tuve llenas me preguntaba cómo podía verlas hechas un libro. Y continuando con los sueños, uno cree al principio que hacer un libro es coger y llenar muchas hojas de palabras y signos. Y dice escribí un libro, o peor, otros que dicen tengo escritas tantas novelas, cifras espantosas que realmente asustan.

Mi madre me llevó a la casa de la cultura de Jiguaní porque yo quería cantar, pero por supuesto no había nacido para el canto y sólo bastó la prueba del ritmo a través de las palmadas para que me mandaran de golpe y porrazo a casa. Después regresé porque quería ser escritor, y para suerte, la especialista de literatura me dio la dirección de Delis Gamboa Cobiella.

Comencé a importunarlo en el edificio donde vivía y me sugirió muchas lecturas que hoy agradezco. Conocí con catorce años a Rulfo, Borges, Cortázar, Hemingway y cubanos como Onelio Jorge Cardoso, Rafael Soler y Miguel Mejides. Leí también Mientras agonizo, de William Faulkner.

Le llevaba casi semanalmente un cuento a Delis y me los revisaba palabra por palabra, me hablaba de cosas que yo solamente intuía, por supuesto me habló de Carlos Casasayas el escritor del pueblo de un solo parque, una calle central y un fortín que protege aún el espíritu de su gente.

Así Delis me ayudó a pulir un cuento y gané un concurso de estudiantes aficionados, era solo el comienzo para que todas las inquietudes en vez de disminuir, se incrementaran.

Después, sin saber bien cómo, porque Delis fue el punto a donde fuimos todos, me dijo es en la fábrica de hielo, por la noche, y allí conocí a Enrique Hernández y Ángel Julio Vázquez, después, otra noche, llegó Alexey. Yo casi sin patria municipal, tenía que coger mi bicicleta y partir muy tarde hacia mi patria más pequeña en el barrio donde vivía. Pero aún así no dejé de ir a los encuentros. Entonces Kiki, como le decimos a Enrique, hablaba con una voz engolada sobre los personajes, el narrador y otros aspectos. Kiki, había pasado como Delis, por casa de Carlos Casasayas y recibió sus lecciones. Ángel también, solo me quedaba callar, aprender y por supuesto escribir para tener siempre algo para leer.

Así pasamos un tiempo hasta que llegó la noticia de que Delis había sido escogido para cursar el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, después todo lo que Delis aprendió nos lo daba a través de sus conversatorios y de sus explicaciones en los cuentos y prestaba los materiales. En ese tiempo se convirtió en el terror de los concursos provinciales.

Al año siguiente, yo acababa de cumplir dieciséis, Delis trajo la convocatoria del próximo curso, nos dijo manden. Y mandé, gracias a la mecanografía de Ángel Julio porque no sabía ni lo que era una máquina de escribir. Y por suerte, me aceptaron.

Dos años más tarde Alexey fue seleccionado y ya discutíamos como quien sabe técnicas literarias y tallereábamos los cuentos, casi nadie se quedaba sin hablar.

Desde mi punto de vista este es el primer período de Hacedor, para aquel momento el grupo no tenía nombre establecido, aunque pensábamos en Avante, un grupo cultural que existió en el municipio, y el único narrador era Casasayas.

Nos mantuvimos sin nombre hasta que un día, en la otra casa de Delis nos reunimos y tomamos café, claro está.  Se habían sumado Endry Guía, Rafael Rodríguez, Eduardo Sánchez, Eduard Encina y Jorge Labañino quienes también pasaron por el Centro. Esa tarde, se propuso Antares, se mantuvo Avante y alguien dijo Borges, y enseñó el libro El Hacedor y dijimos ya está, Hacedor, y aunque hubo sus reservas la mayoría votó por este último.

Lo más importante era actuar desde ese momento, y hacer cosas a favor de lo que soñábamos, dejar de quejarnos de que Las Tunas, por ejemplo, tenía a Alberto Garrido y a Guillermo Vidal.

En 1998 Ángel había dicho que para el dos mil ya tendríamos libros publicados y llegó la riso, y Ediciones Bayamo sacó los libros Fin de Siglo, de Enrique Hernández y El agua en el agua, de Delis Gamboa en 2002.

Y en el 2004 Delis publicaba otro cuaderno de cuentos El Ritual de los perros y yo publicaba mi primer libro, La llama en la boca. Además, incluían en Desde ninguna parte una palabra, selección de jóvenes narradores granmenses a Rafael Rodríguez, Alexey Mendoza, Enrique Hernández, Delis y a mí.

El grupo ideó una peña literaria para cumplir varios de sus objetivos, se creó el espacio físico y sicológico que aún no existe en la provincia, se llevaron escritores invitados del municipio, de otras partes de la provincia y de Santiago de Cuba y Holguín, había oportunidad de entrevistar frente a frente a escritores que sólo habíamos oído escuchar o leer sus libros. Además, participaban con nosotros gente de pueblo interesados también por la literatura: maestros, médicos, estudiantes y hasta militares. En la peña había espacio para la sección Hacer la palabra donde se aprovechaba para entrevistar, se presentaban libros y revistas y se comentaban los últimos resultados del grupo.

Se hicieron homenajes a Guillermo Vidal, Jorge Luis Hernández, fallecidos en fechas cercanas y también a Arsenio Rosales, y Carlos Casasayas. No olvidamos a maestros como Hemingway, Cortázar, Alejo Carpentier en su centenario, y aunque no fuera narrador, a Pablo Neruda. Hacedor reconocía para no dejar a nadie olvidado ni desconocido, sobre todo a escritores que merecen el reconocimiento.

A pesar de ser un grupo que vive en un pueblo alejado de las grandes capitales Hacedor impactó en varios concursos, cuentos que mostraban el otro lado de la cara. Datos que no voy a referir aquí, sino que lo remito a los datos de los autores.

Actualmente el grupo no trabaja solamente el cuento sino otros géneros como la novela para adultos y para jóvenes, la poesía, el periodismo, el ensayo y la literatura infantil con resultados en Cuba y en el extranjero.

Una de las variantes que teníamos de publicar nuestras poéticas era a través del boletín Hacedor, gracias a las prodigiosas manos de Linet Soberón, analista de Cultura, pero desafortunadamente se rompió la impresora Epson LX-300 y se perdió gran parte de este trabajo, también los papeles de carbón se perdieron.

Pero nosotros no nos hemos perdido y continuamos mandando a concursos, proponiendo a las editoriales para dejar de ser jóvenes desconocidos, mostrando el trabajo de una literatura que se hace fuera de la capital, una literatura que mantiene los rasgos de cubanía e identidad, que muestra el otro hombre, el que sueña con otros sueños. Aunque soñamos permanentemente con Borges. Pero estamos convencidos, no basta con soñar; sino trabajar diariamente.

 

En la foto:

De izquierda a derecha, de pie: Carlos Casasayas Comas, Jorge L. Legrá, Rafael J. Rodríguez, Yunier Riquenes García, Reynaldo García Blanco, Angel Julio Vázquez Mendoza

de izquierda a derecha, agachados: Gustavo Ramírez, Delis Gamboa Cobiella, Alexey Mendoza y Eduard Encina Ramírez.

Foto tomada en Jiguaní, en 2004.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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