Teresa Melo: El nido

El nido (parte 2)

Es posible que, además de Tayseth que me ha preguntado ayer con su sensibilidad, alguno o alguna recuerden aquella publicación que titulé “El nido”; ella quería saber si el gorrión lo había descubierto donde lo puse. Justo había pensado escribir la continuidad de la historia, visible en estas imágenes que ilustran cómo es posible aprender, levantarse y volver a construir lo que se pierde. Hace unas tardes, además, un pequeño detalle me dio felicidad (y ya sabemos que ese estado del alma, a veces esquivo, nos lo provocan los pequeños detalles): vi cómo llegaba un exaltado pajarito a llevarse partes del nido vacío, que he conservado en el portal como un recordatorio. Ahora es más difícil que personas sin amor por lo bello destruyan la casa de estos pequeños seres; casi todos los postes eléctricos, allá en lo alto, exhiben ese entramado que es símbolo de la persistencia: los nuevos nidos. Aprendamos un poco (o mucho) con ellos.

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