Entrevista

Jorge Luis Rodríguez Aguilar: “El diseñador gráfico editorial es una figura clave dentro del proceso comunicativo”

Jorge Luis Rodríguez Aguilar ha puesto dos títulos de impacto entre los lectores y profesionales cubanos: Diseño, diseñar, diseñado, teorías, estrategias y procedimientos básicos y Cámara en ristre. 35 clics para congelar la imagen.

Lo conocí en un Diplomado de edición que impartió en la editorial Oriente junto a la editora Teté Blanco, siempre defendiendo el diseño del libro, siempre reconociendo la importancia del diseño para el libro y la vida. Ha venido a llenar vacíos en el presente de nuestra literatura especializada. Brinda consejos fotográficos y de diseños, y se ha convertido en un escritor de novelas.

 ¿Por qué un libro para mostrar la importancia del diseño?

Un libro siempre hace falta y, cuando es sobre este campo particular, tan necesario y poco abordado en nuestro país, como lo es el Diseño, se hace más importante todavía. Tal vez no sea yo el más indicado para decirlo, pero su importancia radica, sobre todo, en la prontitud de su alcance, porque se escribió y se diseñó para estar ahí, siempre a la mano. No como un recetario sino como un libro de consultas o, lo que es mucho mejor todavía, que facilite el aprendizaje individual de quien lo necesite. Por eso ha sido escrito de manera que cualquier persona, ya sea un especialista, un estudiante o un lector curioso, pueda seguir cualquier tema y adquirir nociones claras de un campo tan vasto y tan complejo en nuestros días. De ahí que hago énfasis en los antecedentes y en la historia de esta disciplina, en los procesos y elementos que la construyen, como la percepción, la composición, el color y la tipografía, la imagen, su proceso semiótico-comunicativo y las identidades, que no aparecen como enunciados o como simples conceptos absolutos, sino todos ellos contextualizados y apoyados en muchas imágenes, que es la mejor manera de comprender el Diseño.

Y aunque este libro no fue pensado para usarse como un libro de texto, no escapa de esta posibilidad real. De ahí que muchos lo califican como un libro útil, que ha venido a llenar un vacío en el presente de nuestra literatura especializada, que repasa y actualiza el panorama editorial y, también, por qué no, la didáctica del Diseño. En este sentido, ha posibilitado el adiestramiento y la auto superación de muchos apasionados y practicantes de la Gráfica, ya que permite la socialización de nuevos saberes vinculados con teorías y conceptos actualizados sobre la comunicación y las dinámicas de un campo que ha evolucionado en el tiempo.

Es una pena que en estos momentos esté agotado, aunque tuvo el privilegio de ser reeditado al año siguiente de ver la luz, porque todavía muchos interesados me preguntan dónde pueden adquirirlo. Evidentemente, esto demuestra una necesidad latente hacia temas como este, que pueden ser abordados perfectamente por otros colegas.

Recuerdo que, en su presentación en la Feria del Libro, un amigo editor me preguntó si no pensaba en una segunda parte, pues dejé claro en los Agradecimientos, que otros aspectos del Diseño los abordaría más adelante. Pero no quería parecer monótono ni repetitivo y, después de unos meses de debate conmigo mismo, pensé que lo mejor era abordar la imagen desde una dinámica diferente, más práctica y adecuada a los contextos actuales. Nació, entonces, Cámara en ristre. 35 clics para congelar la imagen, un libro sobre consejos fotográficos que pretende aproximar al lector, a una nueva dimensión del mundo de la producción simbólica y de la percepción visual, a través de la lente fotográfica.

Estos treinta y cinco consejos fotográficos son el complemento y el resultado de una práctica y una metodología utilizada con mis estudiantes por más de diez años. Pero tampoco son reglas totales ni se asemejan a leyes o disposiciones inquebrantables. Son el inicio de un proceso que puede conducir a mejores resultados, a un disfrute total y eterno; pero, en especial, se convierten en recomendaciones útiles para quienes comienzan a recorrer las calles en busca de una visualidad diferente, para los que necesitan narrar historias, para quienes dudan de la palabra y creen en la imagen, para los que siguen apostando por la fantasía.

Así y todo, no he olvidado ese compromiso que hice con el lector y desde hace un año escribo otro libro, este sobre el diseño gráfico editorial, la verdadera segunda parte de Diseño, Diseñar, Diseñado. Teorías, estrategias y procedimientos básicos.

¿Y ahora te pica el bicho de la escritura de ficción?

Una vez que se empieza, es difícil parar o dejar de escribir. La literatura es algo apasionante y, producirla, crea vicio. Así me siento yo ahora mismo: enviciado, con unos deseos inmensos por escribir. Tal es así que, antes, no podía dormirme sin tirar unos trazos sobre una hoja, cualquier cosa, sin importar que ese dibujo fuera una mano, el contorno de alguna figura, un detalle de un objeto… Hoy, sin embargo, no puedo cerrar los ojos si no he escrito una oración.

Empezó como una parejería, como un acto de frescura, y a los seis meses tenía una novela de más de 500 páginas. Pero esa está ahí, guardada. La considero el motor impulsor, la que me permitió traducir algunas ideas en líneas y filosofar un rato. Es una novela compleja, tal vez un poco difícil de leer, porque está llena de problemas existenciales desde la misma Historia, contada por varios personajes en el tiempo. Pero no es una novela cubana. Tiene muchos antecedentes, que es lo normal y más lógico cuando uno comienza. Por eso decidí dejarla ahí, para otro momento, cuando quizás la relea y decida qué hacer con ella. Eso sí: me aportó algo muy importante, que fue perderle el miedo a un género tan complejo como la novela.

Y así, nuevamente imbuido en un acto de atrevimiento, me lancé a escribir una saga policiaca, de la que voy, en estos momentos, por el tercer libro. ¿De qué trata? Solo un adelanto:

Hilario es un buen policía. Todavía oficial y sin aspiraciones a subir de grado, pero con sueños, con muchos sueños. Tiene una manera de investigar, apegado a sus corazonadas y a un modo de deducir que siempre lo pone en contradicciones o en debate con sus jefes. Enamorado, dicharachero, revelador de la realidad que le rodea, revitaliza, con su manera de ser, investigar y de pensar, cada una de los casos que le encomiendan. Las historias, excepto una, hasta ahora, transcurren en Marianao, donde vivo.

No sé si estas novelas serán buenas, pero te juro que me divierto a montones. Eso para mí es lo más importante.

Con Teté Blanco impartías unos diplomados de Edición. ¿Cuánto aportan estos cursos?

Bueno, yo soy diseñador de profesión e investigador de este campo tan específico. La razón por la que impartí junto a la Dra. Teté Blanco y otros profesores, estos diplomados en La Habana y, luego, en Santiago de Cuba, es sencilla:

creo en la necesidad constante de la superación de nuestros profesionales dentro del mundo editorial y poligráfico. Vivimos en un momento en donde hay tanto que actualizar, tanto que debatir, tanto que cambiar, que no podemos permanecer al margen o desconectados de la realidad. Mi investigación doctoral arrojó que existen muchos más problemas de los que somos capaces de mencionar y uno de ellos es, tal vez para mí el peor de todos, la calidad del arte final.

No basta con escribir y maquetar un libro más o menos bien, que se venda en la feria, más o menos bien y que gane algún premio aquí o allá. Es imperativo que ese ejercicio se vuelva una constante del proceso de valoración crítica de nuestra producción editorial, algo que pocas veces sucede, pues no hay un retorno y, libro que se editó o se diseñó mal, ahí se quedó, en los anaqueles. Y no me refiero con editar o diseñar mal, que el libro tenga erratas, errores ortotipográficos o una imagen desencajada e impresa con mala calidad o a tres tintas cuando debió ser a cuatro.

Los problemas de calidad van más allá todavía y tienen que ver con otros procesos, más subjetivos que objetivos, como los problemas visuales, estéticos y comunicativos fundamentales que se presentan en el objeto-libro. Por solo mencionar algo: el diseño interior, en la mayoría de los libros observador en mi investigación (más de 950 en total), tenían casi el mismo diseño de tripa. Nada que ver con lo que se quiere en esa categoría. Tal parece que no existen otras variables para diseñar: tipografía Times New Roman, 12 puntos, justificado por los dos lados, interlineado a doble espacio, folio al centro… No importa si era un libro de poesía, de aventuras, un ensayo, una novela o una biografía. Si vamos a «diseñar» a partir de plantillas o de perfiles editoriales cerrados, no hacemos nada.

El Diseño es creatividad y, por más que me gusta abstraerme, no lo veo en muchos de los libros que se publican cada año en nuestro país.

De todo esto y más, iban esos diplomados que, hasta donde tengo conocimiento, ya no se imparten. Si es así, es una pena y creo firmemente que deberían retomarse, porque son muy necesarios, tal vez ahora más que nunca.

¿Qué importancia le atribuyes al diseñador del libro?

El diseñador gráfico editorial es una figura clave dentro del proceso comunicativo obra-público. Y fíjate que menciono «obra» porque un diseñador editorial no solo diseña libros. Jorge Frascara diría que un diseñador crea comunicaciones, lo cual considero correcto, y parafraseándolo agregaría entonces que, un diseñador gráfico editorial establece comunicaciones con el público, con un fin específico: que adquieran este producto, lo consuman y, luego, por múltiples razones, una de ellas por su calidad intelectual y/o artística, lo conserven.

Uno de los principios básicos del diseño gráfico editorial es que el consumo comienza por la cubierta, elemento que indiscutiblemente establece el diálogo con los lectores, atrae su atención y posibilita la compra futura del mismo. Es evidente que un buen diseño, por lo general, contribuye en la mejor venta del libro y para esto, el diseñador debe mostrarse atento y cuidadoso, pues no solo mover un poco de imágenes y letras es sinónimo de buena calidad. Está comprobado que las cubiertas de los libros tienen el mismo tiempo de impacto en la decisión de compra, que el que tiene un envase de cualquier otro producto en un estante de un supermercado. Menos de diez segundos bastan: los tres primeros son para demostrar que es diferente a las demás, los otros tres segundos, para despertar el interés gracias a su diseño y, los restantes, para impulsar la compra gracias al poder seductor de su conjunto (nota de contracubierta, color, legibilidad, dimensión, manuabilidad, peso, entre otros más).

Por eso es importante, porque influye en este proceso de consumo visual, la libertad creativa que sobre el diseño se tiene. El límite que muchas veces impone diseñar sobre un perfil estrecho o cerrado, determina la calidad final del objeto-libro. Esto implica que el diseñador se encuentre amarrado a patrones rígidos y poco flexibles, que limitan su creatividad y estimulan el rediseño. Aunque en la actualidad, los procesos de rediseño tienen una presencia mayor en todos los ámbitos de la comunicación gráfica de la información, lo cierto es que en el diseño editorial cada libro refleja una problemática gráfica diferente, que debe ser solucionada siempre de manera novedosa, acorde a los propósitos de la obra que se representa, en total comunión con los elementos de visualización de la información, así como de sus funciones.

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Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

1 Comentario
  1. Responder
    Naskicet Domínguez Pérez 24 agosto, 2018 a 2:52 pm

    Diseño, diseñar….fue uno de los libros mas demandado en Santiago de Cuba cuando se publicó.

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