Tres poemas de Yansy Sánchez, Premio de poesía La Gaceta de Cuba 2018

La tala

La tala indiscriminada ha llegado hasta mí. Yo tenía en mi cabeza un árbol como tener la razón. Yo tenía la razón hasta que la tala indiscriminada me hizo perder la cabeza, perder el árbol que era mi razón de ser. Mi madre decía que no sembrara árboles en la cabeza, porque terminan por crecer y hacerse tan visibles, que alguien de seguro querría aventurase a derribarlos. “Los árboles, hijo, se siembran en la tierra, como los hombres”; pero aquel era tan lindo, tanto lo celebraba, tanto, que fue creciendo, creciendo, hasta que se hizo extraordinario, y duro contra el árbol no se hizo esperar el talador, duro contra mi cabeza hasta que por fin cayó y fue grande mi ruina.

Perro negro a plena luz

En medio de la carretera, insalvable el perro, insalvable, fracturas en la vertebral, mi ocurrencia reconstruía su cadáver. La masa informe aún sugiere animal voluptuoso. Qué pena para esos automóviles a gran velocidad que no lo hubieran visto, qué pena; pero cómo justificar el topetazo, a plena luz, con toda esa anatomía sugiriendo el pare. Cualquiera, a la verdad, puede quedar en blanco unos segundos. El chofer quizá nunca quiso matar a un animal. El chofer, que aprende también por referencia, se impedía vengarse de un amigo. Le habrían dicho quizás: esto te arrancará la rabia, mijo, sería para ti una limpieza, le habrían dicho. El chofer que aprende también por referencia, prefirió quedarse en blanco frente a aquella aparición, el perro incólume en medio de la vía: su chivo expiatorio perplejo a plena luz, frente al claxon y las velocidades; el perro, que nunca aprendió por referencia, pagó su aprendizaje con la vida.

Mala praxis

Por alguna razón siempre asocié los kimonos a la guerra. De pequeño, en el justo momento de combate, me vestían de un ejemplar para principiantes. Conforme a mi destreza cambiarían sus colores, conforme a mi adicción, recalcaban, para el arte de golpear sobre el tatami. Nunca tuve un kimono color negro. Albergo desde entonces alguna frustración: “¡tú no sirves para esto, muchacho!”, las palabras del maestro con su negro kimono restallante. La verdad, experimento cierta emoción, una secreta afinidad por los que van de negro hacia el combate, tan bellos. Me divorcia la emoción por los kimonos de los golpes recurrentes del maestro. Propinar contra el maestro un golpe y una linda margarita a los que van de negro hacia el tatami, tal vez así conciliaría; pero no pude. Dar contra el maestro un golpe no pude, frente a su negro kimono color negro no pude, frente a su amplio cabello rozando el cinturón: dojo o tatami, no podría. Por si acaso, sigo en guardia. El maestro del kimono color negro me golpea, donde no espero me golpea, descubre bajo la manga una sonrisa. En verdad, tiene razón el maestro, yo no sirvo para esto.

 

Ver entrevista a Yansy Sánchez en https://www.claustrofobias.com/2018/07/el-poema-suele-asaltarme-como-un-relampago/

Ver perfil completo

Consejo editorial compuesto por periodistas y colaboradores de toda Cuba que gustan del mundo literario.

Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

      Deje una respuesta

      Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

      Registrar una cuenta nueva
      Nombre y Apellidos (Requerido)
      Perfíl literario (Requerido)

      Si deseas marcar varias opciones mantenga oprimida la tecla CONTROL (CTRL)

      Fecha de nacimiento
      Lugar de nacimiento (Requerido)
      Residencia actual
      WhatsApp / Celular
      Sitio web / Redes sociales
      Restablecer la contraseña