La comodidad es fatal para un poeta

Por:  Claudia Hernández Maden

Foto: Yuri Hernández

El 8 de junio, durante la jornada de clausura de la XL edición del Premio Regino E. Boti, volvimos a escuchar el nombre de Moisés Mayán, pues su libro Carga al machete acababa de obtener el galardón en el apartado de poesía. Entonces me propuse llevarme la primicia y entrevistarlo antes de que tuviera tiempo de rumiar sus respuestas, algo que no pude hacer el pasado febrero cuando el poeta conquistó el Premio Calendario.

Con El factor discriminante le aplicaste un violento “golpe de timón” a tu obra que inició un desmarque dentro del lirismo que caracteriza buena parte de la poesía holguinera, de momento nos sorprendes con un nuevo cuaderno que también conquista un premio nacional, ¿qué está cociéndose ahora mismo en las calderas donde generas tus versos?

“En ocasiones uno se siente confiado sobre determinada plataforma, y no quiere abandonar su zona de confort, pero esa comodidad es fatal para un poeta. Si la poesía no te importuna ten por seguro que no moverá un solo nervio en el lector. Entonces abrí las ventanas y entró un poco de aire. Eso fue lo que hice con El factor discriminante. Los autores trabajamos con lenguaje vivo, el problema está en que muchos nos esforzamos para maniatar la movilidad de la palabra y terminamos convirtiéndola en una estructura sedentaria. Ahora bien, clausurar un espacio de tu creación personal y aventurarte a lo desconocido es un riesgo que no todos están dispuestos a asumir. Ni siquiera lo recomiendo”.

¿Qué pueden esperar los lectores de Carga al machete?

“Hasta ahora Carga al machete cuenta solo con el criterio de tres pares de ojos. Me refiero a los miembros del jurado que lo premiaron: José Luis Serrano, Mireya Piñero y José Ramón Sánchez. Desde mis días de estudiante de Historia, estaba un poco conmocionado por la brutalidad de las cargas al machete, por la forma en la que una vulgar herramienta de trabajo se transformó en un arma implacable, y quería escribir sobre eso. Solo hacia el final de la escritura me percaté que estábamos celebrando el 150 aniversario del inicio de las guerras de independencia. Carga al machete es un cuaderno que pretende hacer al lector partícipe de mis inquietudes y por eso fabrico el texto como si se tratara de un tren bala. Necesito transmitir un mensaje alto y claro. No puedo andarme con circunloquios”.

Recibes el Premio Calendario en la Feria de La Habana y solo unos meses después el Boti, una pregunta se impone ¿qué papel juegan los premios en la formación del escritor?

“Alguien ha dicho que la literatura es algo así como un deporte de alto rendimiento. Me parece que hay mucho de razón en esa frase, porque a veces te llegas a sentir presionado. Conozco de autores que se fijan cuotas de por lo menos un libro al año. Publicar es absolutamente necesario, esa es nuestra razón de ser. Y ahí están los premios, con la disyuntiva de poner a competir tu obra, como si entrenaras perros de pelea. Tu libro contra los libros de otros poetas. Ganar o no ganar, pero en fin jugárselo todo. Los concursos son una vía legítima, el camino más rápido al texto impreso. Cada vez que surge un premio en nuestro panorama literario festejo ese nacimiento”.

El nuevo estado en el que se ubican El factor discriminante y Carga al machete podría entenderse como un nivel definitivo en tu poesía.

“Ni siquiera considero que estos dos libros puedan compartir el mismo estado, pero de algo si estoy seguro, no pienso que se trate de un período definitivo. Yo quería retornar a la prosa, a los ejercicios que había inaugurado con el El monte de los transfigurados, donde por momentos los textos padecían una hibridez inter-genérica que les aportaba cierto dinamismo. Pero además necesitaba desprenderme de algunas herramientas que se habían oxidado en mi taquilla, y eso significa una vuelta al lenguaje palmario, a la idea en sí, a la capacidad comunicativa del poema”.

¿Qué opinión te merece la joven poesía cubana?

“Ya cumplí 35 años. Ha iniciado mi cuenta regresiva dentro de la AHS, una organización que para mí no ha sido ningún fantasma, pues tengo mucho que agradecerle. Así que prefiero hablar de los más jóvenes. Dentro de las pasadas Romerías de mayo participé como jurado del Premio Nuevas Voces de la Poesía Cubana, y pude echarle un vistazo a fondo a 40 autores inéditos de casi todo el país. Mi opinión es que no tenemos de qué preocuparnos, hay modos y maneras bastante válidos, quizás les falte un poco de constancia para transitar de los poemas sueltos al libro, pero eso se aprende sobre la marcha”.

 

 

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