Yunier Riquenes García Coordinador editorial
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Mundo editorial

Fervor de Fernández Retamar

Me reconozco como asiduo lector de Borges, laborioso de Cortázar, intermitente de Pizarnik. Trato de abrazar todo lo que llega a mis manos proveniente de Bioy. Gelman se aparece, cuando menos lo espero, en el taller de escritura que coordino aquí, en Montevideo. La literatura de Argentina se respira en esta orilla del río; con frecuencia llegan al puerto, como polizontes, los ecos agudos de Piglia, la lúcida mirada de María Negroni, en ocasiones, el viciado aroma de un párrafo de Hernán Ronsino.

La literatura argentina se me hace -como a todos- inagotable, pero entre los mencionados autores, al menos entre algunos de ellos, podemos avistar cierta pretensión de corazón (entendido este como centro); por supuesto, absoluta subjetividad.

Escribo esta nota luego de recorrer el camino más largo. Tuve que pisar La Habana y tomar de los anaqueles de una librería de viejo este Fervor de la Argentina de Retamar, para, por primera vez, esbozar un mínimo camino personal (general) de mis lecturas argentinas. Se trata apenas de un pensamiento. No estoy en condiciones de ahondar demasiado, reconozco la necesidad de tiempo, de claridad mental y de relecturas. Pero Retamar me sacudió, y es en honor a su libro que vive este pequeño y espontáneo posteo.

Roberto Fernández Retamar, leyenda viva de la literatura latinoamericana, (cubano él), reúne en esta invalorable obra una serie de textos -ensayos, cartas, crónicas y hasta poemas- cuyo eje central es la literatura argentina y sus conexiones con Cuba. El profuso diálogo entre hombres de letras, entre Retamar y autores como Borges, Cortázar, Gelman o Martínez Estrada, es quizás uno de sus elementos más apasionantes. La mayoría de los textos fueron publicados, de forma individual, en diversas revistas culturales como la emblemática revista de Casa de las Américas -épica institución que hoy dirige el propio Retamar-, a lo largo de varias décadas y en medio de sucesos históricos de gigantesca relevancia. Afortunadamente, Retamar no escatima en observaciones y testimonios, y con esto, impulsado por su talentosa prosa logra situarnos allí, nos envuelve e involucra.

No es un dato menor la presencia recurrente del Ché. Retamar, quizás sin proponérselo, nos ofrece un retrato reverencial pero humano de esa figura mítica, del argentino más cubano, del cubano más latinoamericano. Otro punto de altísimo interés.

Internarse en la páginas de este libro es adentrarse en una gran biblioteca personal, la del propio Retamar; esconderse entre sus estanterías y espiarlo escogiendo unos pocos libros. Sobrevolar el milagro, las vivencias de sus lecturas. Uno lee a Retamar -arrellanado en su sillón favorito- que lee a Cortázar que lee a Retamar que lee al infinito…

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