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Álvaro Castillo Granada : “Soy el librero que yo quiero ser”

Álvaro Castillo Granada es un librero que respeta el oficio, por tanto, es uno de los que habla de libros como quien habla de un ser querido. Es colombiano de nacimiento, pero podría decirse que reservó un buen por ciento de su corazón para Cuba y los cubanos, para nuestra cultura. Se le ve en la Feria del Libro de La Habana, persigue a los escritores para que le firmen sus libros; es capaz de traer una de sus páginas arrancadas para firmas y luego las pega nuevamente en aquellos textos. Álvaro se ha vuelto un cubano más y sabe bien cuando se habla de “cubaneo”.

Las pequeñas ediciones que Álvaro realiza abren nuevos caminos a los autores cubanos. Aunque no se reconoce escritor escribe cuentos y hace periodismo para reconocer y homenajear, para divertirse. Incluso ha sido reconocido con una mención en el concurso hispanoamericano de cuento Julio Cortázar, y hay más que dejaremos para otra conversación; esta la sostuvimos en el stand de Claustrofobias Promociones Literarias en la Feria del Libro de La Habana de 2018, antes de aparecer su primer libro Un librero, Random House Mondadori, 2018.

¿Cuándo comenzó la pasión por los libros?

Desde niño leí, aprendí a leer solo cuando tenía 4 o 5 años con los anuncios comerciales de unos zapatos de una tira cómica, de un personaje que se llamaba Olafo. Desde muy niño comencé a leer porque era como un refugio para la timidez. Yo, aunque ahora trato de disimularlo muy bien, soy una persona sumamente tímida. Los libros siempre fueron un refugio, primero busqué libros en la biblioteca del colegio porque en mi casa no había muchos, pero tanto mi mamá como mi papá son lectores. Puedo decir que la pasión por la lectura viene desde mi infancia.

¿Eres un come libros empedernido?

Se puede decir que sí. Una de las cosas que más me gustan en la vida es leer. Soy muy curioso y muy inquieto; cuando me apasiono y me interesa un tema trato de leerme todo lo que pueda encontrarme: a favor o en contra. Lo que más me gusta en la vida es intentar comprender las cosas. Y leer me ayuda a eso.

¿Cuándo comenzaste a almacenar libros?

De niño compraba libros usados porque eran muchos más baratos que los libros nuevos, en una calle antigua de Bogotá donde había muchas librerías que ya nos las hay. Era la calle 19. Cuando estaba en el colegio me iba con mis compañeros de estudio, mis amigos, a buscar libros y discos. En esa época los libros eran muy baratos y los compraba por el precio. Con el tiempo fui descubriendo que mucho de los libros que había comprado eran joyas, primeras ediciones, o libros importantes o de alguna trascendencia. Recuerdo que cuando me gradué tenía 42 libros. Me acuerdo del número exacto.

Después comencé a trabajar como librero, ahí puede acumular un poco más. Por cierto, este año cumplo 30 años de estar en este oficio. Los libros se van y vienen otros. A veces hay que salir de ellos, se venden, se regalan, se prestan, los dono, pero siempre me ha gustado guardar todos los libros de autores que me interesan o admiro, o de los temas que a mí me llaman la atención. Si tú miras mi biblioteca te darás cuenta que es muy ecléctica donde lo más obvio no va a estar y lo que no es obvio es lo que va a estar.

¿Y cuándo comenzó la historia de la librería?

Primero empecé a trabajar como empleado en una librería que se llamaba Enviado Especial Libros después en una que se llama Norma Ramos Libros. Trabajé 10 años como empleado en una librería de libros nuevos; pero yo no dejaba de buscar libros usados porque eran los que me interesaban y los que yo leía y quería comprar. También había gente que me encargaba libros y se los conseguía.

Cuando quedé desempleado en el año 1998 decidí que no quería trabajar para nadie, decidí con tres amigos abrir la librería San Librario Libros, que este año cumple 20 años. Queda en Bogotá, en la calle 70, no. 12-48. De esos cuatro permanecemos dos en la sociedad y es una librería que a mí me llama mucho la atención que, a pesar de ser un espacio muy pequeño, es un espacio, en términos lezamianos, irradiante. Es un lugar que se ha convertido en lugar de peregrinación de muchas personas, y van clientes de muchas partes del mundo a visitarnos.

Creo que la gente percibe que los que trabajan allí aman su oficio, aman la lectura, aman conseguir los libros a la gente y también, es un lugar donde se consiguen libros que en otro lugar no son fáciles. Me he acostumbrado a llevar libros cubanos. Vengo a la feria del libro no solo a ver a mis amigos, sino también a comprar libros. Para mí es un honor y un placer hacer un papel de puente entre la literatura cubana y el lector colombiano. Y entre libros van, y libros vienen, también se me cuelan los buenos amigos. Ya tengo una biblioteca gigantesca que a veces siento que se me desborda, y tengo, y aquí voy a ser bastante “pesao”, una colección de libros cubanos muy respetable. En los países que he visitado no conozco una librería en América Latina que tenga tanta literatura cubana como San Librario, es un espacio reducidísimo, de metros cuadrados.

Para una mejor promoción y reconocimiento también te inventas una editorial…

Sí, otra de las facetas es editar. He editado casi a 30 autores cubanos, de todas las edades y tendencias, trascendencias, con un proyecto que primero se llamó Ediciones San Librario, ahora se llama Ediciones Isla de libros; y también es para eso, promover autores cubanos que admiro y respeto, es un pequeño grano de arena en esta inmensa playa que es la literatura cubana.

¿Lo más difícil para ti como librero, qué es?

Soy el librero que yo quiero ser. No quiero decir con esto que esté descalificando a otro tipo de librero. Soy el librero que me hubiera gustado conocer. No sé si es bueno o malo, pero es ese. Tal vez lo más difícil en una librería, sobre todo, de libros usados, a veces es la relación con el público. El público en cualquier lugar del mundo, así como puede ser excepcional, puede ser muy difícil, y muchas veces hay roces y desencuentros, eso es lo más complicado.

La promoción es lo menos complicado porque a mí encanta; o sea, la librería tiene un Facebook, un Instagram, y tiene otras cosas que he descubierto gracias a las nuevas tecnologías que es una forma de promocionar, de relacionarse. Yo me inventé el Facebook que a mí me gustaría ver en una librería. Es muy caprichoso lo que a mí me gusta y los autores que me gusta promocionar. Es efectivo porque es una relación íntima con los lectores así sea de una forma virtual porque mucha gente se acerca a la librería gracias a este espacio.

En el caso de San Librario lo más difícil puede ser el espacio tan pequeño. A veces los lectores desacomodan tantos libros y volverlos a encontrar es un problema porque la librería no está automatizada. Todo está en mi mente. Es una librería mental. Y tú sabes que la mente es caprichosa y cuando la desordenan un poco nos pasa como Carilda que nos perdemos totalmente.

Un librero… el libro… todas esas historias te condujeron a tu primer libro…

Desde muy joven me gusta escribir, pero no soy un escritor. Primero: no soy un escritor. Segundo: no puedes decir que soy un profesional. Yo escribo porque me gusta y porque me da la gana, y porque necesito hacerlo. Yo soy el escritor del que habla Rainer María Rilke. O sea, escribo cuando siento la necesidad imperiosa de hacerlo, de recordar, de homenajear, y de comunicarme con el lector y mostrarle lo que para mí es hermoso, lo que para mí vale la pena, es memorable, y hacerlo sentir a él esa experiencia que yo viví.

En este oficio pasan cosas: anécdotas simpáticas, raras, extrañas o maravillosas. Este libro es una recopilación de algunas de estas anécdotas, historias que me han tocado de personajes que he conocido, personajes que han muerto, personajes que me han dado la mano en algún momento. Entre estos textos hay cuentos, y otros que son una mezcla entre ficción y crónica, o crónica ficcional, como se quiera llamar. Son las experiencias de un librero que quiere contar sus historias de encuentros, homenajes a libreros cubanos que ya han muerto, homenajes a libreros colombianos, recorridos por La Habana, recorridos por Bogotá, historias que han pasado con libros que han llegado y se han ido, libros que me han inducido a investigaciones y pesquisas e historias en las cuales me he sentido en peligro, obligado a ficcionalizar porque son tan extrañas que no hay otra manera.

¿Podrán leerlo los cubanos?

El libro es una de mis grandes satisfacciones en mi vida y uno de los grandes homenajes que puedo rendirle a mi oficio y a la lectura. Cuando firmé el contrato con Randon House les dije, solo hay una condición y una salvedad. ¿Cuál es la condición? La condición es que no le cambien el nombre; la salvedad es que los derechos sean libres para Cuba. Entonces si algún día, alguna editorial cubana quiere publicarlo, ahí está. Hay que soñar, mi hermano, hay que soñar…

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Lector

Licenciado en Letras (2006). Ha obtenido, en el género de cuento el Premio Cauce, Premio Razón de Ser, Premio La Isla en peso, la Beca de Creación Fronesis y la Beca de creación. Fundador de Claustrofobias.

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