Yunier Riquenes García Coordinador editorial
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Literatura femenina, ser mujer, o Nosotras dos…

Marzo es un mes que invita a hablar de la mujer, de la literatura femenina o dedicada a las féminas, da igual. Sí, porque si hay un tiempo para todo entonces este es el de las chicas. Existen sobrados motivos por los que dedicar un espacio a conversar un poco de temas que nos interesen a nosotras, para promover la no violencia y para desatarnos un poquito de los estereotipos que nos persiguen a diario.

Hace poco tiempo fui invitada a participar en unos talleres sobre sexualidad, los participantes querían mi visión acerca del tema visto desde la literatura. Tratando de abordar el asunto desde mis opiniones, sin atiborrar a los adolescentes a los que iba dirigido el taller y haciendo especial énfasis en la necesidad de leer para tener apreciaciones propias, preparé mi intervención de la cual hago memoria por estos días en que las mujeres tuvimos nuestra celebración.

Cuando se habla de literatura femenina o dedicada a la mujer, uno recapitula y piensa en cuánto se ha escrito acerca de nosotras, cuánto libro valioso anda por ahí. Tendríamos necesariamente en Cuba que hablar de José Martí, de Cirilo Villaverde, de Miguel de Carrión, por solo citar tres clásicos que abordaron temas relacionados con la mujer y con su sexualidad, aunque de maneras bastante conservadoras o típicas de la época —como quiera que de alguna manera fueran revolucionarios los tres. Y en eso andaba yo disertando de las novelas de estos autores cuando un chiquillo me preguntó por la homosexualidad femenina y sacó de su bolsa de estudiante a Nosotras dos.

¿Y qué pasa con Nosotras dos?

Por suerte el chico no me tomó desprevenida, pues hacía algún tiempo había leído la antología y había tenido la oportunidad de conversar con Dulce María Sotolongo acerca de mis criterios sobre la selección. Quizás ella no recuerde el encuentro, pero yo sí recuerdo que me dio la idea de escribir acerca de lo que pensaba sobre el libro. Entonces sin olvidar que hablábamos de sexualidad femenina y que en el público predominaban las chicas que ya comenzaban a poner cara de susto comencé a hablar de Nosotras dos.

¿Ustedes saben lo que es una lesbiana? Les pregunté a los chicos que primero se rieron y luego parecieron sorprendidos in fraganti en alguna travesura. Una mujer que se acuesta con otra mujer —me dijo el dueño del libro. ¿Y sabes cuál palabra dijiste dos veces en la misma oración? Mujer, ¿no? —me respondió. Perfecto, una lesbiana es una mujer.

Dulce María Sotolongo declara en su prólogo a Nosotras dos, publicado por Ediciones Unión, que en la antología existe una interrogante expresa en cada historia y a la que cada autor trató de responder según su visión y maestría: ¿qué es una mujer? Debo aclarar que me parece importante que se realizara una selección de cuentos sobre el erotismo femenino —ya sea homosexual o no— realmente era una deuda que la literatura cubana tenía con las chicas, pero por buena que haya sido la selección no creo que haya quedado respondida la pregunta.

Porque, si quedamos en que una lesbiana es una mujer, entonces, ¿qué es en realidad? Acaso una aberrada sexual que busca aventuras homoeróticas incestuosas, una artista frustrada, una esposa prisionera de sí misma o una extranjera que no encuentra rumbo ni lugar. ¿Qué es? ¿Una marimacho vulgarona, una eterna víctima de las circunstancias? Quizás. No hay ahí muchas historias de mujeres felices —o lesbianas felices— ni de chicas que se encuentran en su propia naturaleza. Casi siempre la sexualidad las confunde, las preocupa, las mata…

Por momentos creo que algunos autores expusieron su propio asombro al adentrarse en un mundo tan controvertido como el de la homosexualidad femenina —peor visto que la masculina en muchas maneras— o quizás habló más alto su encubierta falta de buena voluntad hacia las mujeres que prefieren a otra como amante, compañera, familia. Es una apreciación, claro, igual que me parece a veces indulgente de más la forma en que se trata a las mujeres en algunas historias: siempre sufridas, siempre justificándoseles en todo.

No quise hablarles a los chicos de temas relacionados con técnicas narrativas ni de la calidad de los relatos, solo me detuve en las temáticas y en las representaciones de los personajes. Que conste: Nosotras dos no me parece un mal libro, ni la invención gratuita de un modo de exponer a la mujer, sino digo y sostengo que se quedaron fuera otras visiones que pueden completar el crucigrama de lo que la mujer es. Tampoco creo que sea un problema sólo de esta antología, sino que en otras como Instrucciones para cruzar el espejo y Como railes de punta—por solo citar dos ejemplos— sucede lo mismo, aunque en esta última la temática gay no es fundamental.

Entiendo que la sexualidad es un tema escabroso, sobre todo en nuestro país donde—digámoslo claramente— existen más prejuicios de los que somos capaces de aceptar, pero si de veras queremos hablar de igualdad de derechos, de aceptación, de ruptura de códigos aprendidos y aprehendidos, tendrán que editarse otras antologías, pero no sólo con historias de lesbianas. Creo que la mujer, con todo lo que ella representa, es capaz de llenar páginas valiosas con sus historias, con sus conflictos, no es necesario que digamos algo así como “las mujeres lesbianas tienen el derecho de amarse y de que sus historias formen parte de nuestra literatura…” Las mujeres, tenemos, sí, ese derecho cualquiera sea nuestra condición.

Me parece que estamos en un buen momento, pues las generaciones que nos siguen tienen una apertura mental impresionante. No se necesitan escudos protectores para nuestros adolescentes que viven con padres y madres homosexuales, ni siquiera para aquellos a los que la homosexualidad les llega por trasmano. Tampoco hay que usar paños tibios para hablar de sexo en sentido general, ni de alcoholismo, ni de disfunciones familiares. Esos misterios que se pintaban antes para hablar de esos temas han acabado para ellos. Por eso y porque no les interesan los tapujos, creo que la literatura debe dejar de presentar primero los estereotipos y luego la realidad que ellos viven cada día.

Las historias de mujeres, escritas por mujeres, son las más exitosas…

Terminado el asunto y ya con menos tensión, los chicos aceptaron hablar de Villaverde, de Martí y de Carrión. Luego yo me fui a casa pensando que muchas veces, las temáticas femeninas en algunas obras puntuales de la literatura cubana, han sido trabajadas desde preceptos ambiguos o equivocados y se han hecho clásicos de esos preceptos que no traslucen en realidad la naturaleza femenina. Porque cuando la mujer deja de ser un personaje o una temática per se y se convierte en símbolo de algo más —la patria, la época, la sociedad, la nación— entonces comienzan las complicaciones porque, aunque ellas pueden ser comparadas con todo eso, en la comparación también pueden perderse sus esencias. Hay que tener un solemne cuidado con los límites. No pongo, ni podré poner jamás en tela de juicio la valía de la obra de Cirilo Villaverde, o de Carrión, mucho menos la de Martí, a quien he reconocido siempre como un activo defensor de la mujer, solo digo que los personajes femeninos tienen un valor intrínseco que les da el simple hecho de ser mujeres. Si además de eso aparecen otras significaciones…

También sigo pensando que las historias de mujeres, escritas por mujeres son las más exitosas, aunque a veces la maestría de los hombres escritores es mayor que la de las chicas, hablando puramente de técnica…Creo, sinceramente que más mujeres debían embullarse a escribir sus historias, porque aceptar que alguien hable por nosotros, que se atreva a decir que interpreta el pensamiento, el alma femenina… Eso no es imposible, pero muy difícil sí es. Y tiene que prevalecer la solidaridad, el entendimiento y la verdad. No tiene gracia que perdamos nuestro misterio, pero tampoco que sigamos mintiendo mientras por ahí muchos se vanaglorian de habernos conocido.

Ahora espero tranquilamente a que los chicos de la secundaria vuelvan a invitarme a conversar y me permitan ante todo sentirme orgullosa de haber nacido mujer.

Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

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