Yunier Riquenes García Coordinador editorial
Hola amig@, ¿en que podemos ayudarle?
Enviar
Mundo editorial

Literatura de China: un haz de sabiduría

Cuando escuché que la edición 27 de la Feria Internacional del Libro de La Habana se dedicaría a China, mentalmente hice un recorrido por la literatura que conocía de allá. Debo admitir que no era mucha y que tenía casi todos los recuerdos de ella un poco oxidados… Pero en mi afán de meter la cuchara en todo me puse a buscar entre mis libros.

Lo primero que recordé fueron los nombres de Li Po y Wang Wei, dos poetas considerados clásicos dentro de la literatura perteneciente a la dinastía Tang. Hace ya tiempo y con una premura que me avergüenza ahora un poco leí sus textos bucólicos llenos de imágenes tan lejanas y tibias como los anafres de esa tierra. No recuerdo ningún sentimiento especial por alguna de aquellas obras que conocí en los lejanos días de la universidad, por eso tuve, necesariamente que releer. Me rencontré enseguida con sus ríos, sus campos, sus líderes guerreros, sus aldeas y con ese romanticismo del que a veces creemos incapaces a los chinos en poemas como “A mi amor lejano” de Li Po:

Cuando estabas, las flores llenaban la casa./Y al irte, dejaste el lecho vacío./La manta bordada, doblada, permanece intacta./Tres años ya han transcurrido,/Pero tu fragancia no se disipa./¿Dónde estás, amor mío?/Te añoro, y de los árboles caen hojas amarillas./Lloro, y sobre el verde musgo brilla el rocío.

O en “Nostalgia en una noche silenciosa” también de Po: La luna, sobre mi lecho sus luces proyecta./Me parece escarcha sobre la tierra./Contemplo la luna al levantar la cabeza,/Y, al bajarla, añoro mi aldea natal.

Añadido a tus favoritosEliminado de tus favoritos 0

La despedida al amigo que parte, la espera al amado ausente, el despecho amoroso, el culti a la bebida y la nostargia del exiliado son algunos de los temas presentes en esta excelente selección de ...

0

Después de unos días y poniendo un poco a prueba mi experiencia como lectora, estos textos vinieron a conformar un paisaje más nítido no sólo de una época, sino de un país que se sabe inmenso. Es válido recordar que la percepción de esa grandeza nos llega a través de traducciones que no son fidedignas formas de conocer una literatura que responde a una lengua tonal, cuyas resonancias y rimas ni me atrevo ni a imaginar, pero que sin dudas forman parte de su propia belleza. Hay que estar conscientes de ello para que no se nos vuelvan insípidos algunos de los textos. Y también hay que leer sin prejuicios porque los poetas chinos son apegados a sus costumbres, a sus códigos, a sus extraños modos de expresión y de vida, como cualquier escritor por occidental que sea.

Esas relecturas me remitieron también a Confucio y a otro filósofo que no sólo le sirvió de contraparte, sino que ha contribuido a acrecentar su leyenda: Lao Tsé, quien fijó las bases de una religión hasta ahora irreconciliable con el confucionismo y que tiene como fundamento al Tao te King, su obra cumbre, la cual considero de más fácil lectura, a pesar de que encierra una profundidad asombrosa. Me gustaría decir que comprendí enseguida lo que es el Tao, pero debo admitir que —aunque pasé años hablando de él con la idea de haberlo fundido a mi acervo— un amigo me hizo saber que estaba equivocada acerca de lo que pensaba de él y en una conversación lo descubrió ante mí como un elemento indispensable para la vida cotidiana, no sólo por el automatismo que crea la filiación a algunas religiones, sino como práctica en la formación del ser humano, así como lo es la Biblia para creyentes o no creyentes, por ejemplo. Entonces me llené de humildad y desempolvé el librito…

Después de una lectura que duró varios días, pues me propuse reunir algunas de sus traducciones tomé nota de lo que me pareció importante y que puesto en simple palabras, podría parecer simple: ser moderado, ser flexible, estar preparado para cualquier contingencia, no desear nada, no juzgar, aunque se tenga elementos para ello, no afanarse por nada y cultivar la virtud. Todos estos son consejos expresos que da el Tao… y en su práctica está la eficacia de un líder, de un sabio o de cualquier hombre ya sea de bien o no. Sí, porque el Tao no descarta a los hombres malos, sino que es su existencia lo que da sentido a la bondad y eso no es algo nuevo, pero el hecho de que la sabiduría lo admita sin execraciones es bastante humano. Como se dice por ahí, hasta para ser malo hay que hacerlo bien. Y esa es una de las cuestiones que a mí me hacen reflexionar, porque aunque tácitamente declara que el sabio debe hacer el bien, ser justo e irreprochable, la mayor parte de sus enseñanzas no son privativas de los “buenos”.

En muchas religiones la sabiduría, la riqueza, el bienestar y la vida eterna dependen de la pureza y la santidad del alma, pero en el Tao El Sabio ayuda a los hombres/y a ninguno considera inútil./ Siempre guarda cosas que resultan útiles/y esto es como guardar luz./Por lo tanto/ considera que el hombre bueno es el maestro del malo/ y el hombre malo es una lección para el bueno./ Quien no valora a su maestro ni ama la lección/ pierde el camino…

Ahí está una de las esencias del taoísmo, su propio símbolo: el yin y el yang, que como dicen se encuentra en todas las cosas, no como elementos que se mezclan, se complementan o se oponen, sino que se alternan. Comprenderlo es avanzar en el conocimiento de lo que somos y de lo que presumiblemente llegaremos a ser.

Además, es necesario observar que el Tao te King, otorga al hombre una dimensión distinta a lo que consideran otras religiones: El Tao es grande,/el Cielo es grande,/la Tierra es grande,/ el Sabio también es grande. Palabras más, palabras menos, estamos ante una revelación importante, pues aunque estos versos hablan de elementos prácticamente incomparables entre sí, cada uno tiene su propio valor, su inmensidad. Pienso, por ejemplo en la Biblia que establece un orden en el que Dios está por encima de todas las cosas y la grandeza de los seres humanos radica exactamente en su humildad, en asumir que nunca llegaremos a la estatura de Dios, lo cual me parece justo, pero a la vez un poco decepcionante. No así el taoísmo que permite al hombre su propia grandeza, regodearse en su propia riqueza que ha de ser, básicamente, su sabiduría. Pero la sabiduría como riqueza al fin, conseguida con perseverancia y sacrificio, puede ser utilizada por el hombre, puede hacer con ella lo que considere mejor, sea quedarse bajo un árbol en la contemplación del universo o dominar el mundo.

Ya un poco más entrenada y con ánimo de acercarme a la China moderna —aunque sea de manera literaria— me fui a las librerías a tratar de conseguir algo sustancioso. Las opciones fueron bastante pobres, aunque esperamos que esa realidad cambie muy pronto, por lo menos esa fue la respuesta de las libreras. Mientras tanto voy leyendo lo que se puede gracias a Internet, pero yo soy de la vieja guardia y el papel impreso contiene para mí placeres innombrables… Así que tendré que esperar a que la edición de la Feria llegue a nuestra región a ver si hay suerte…, y libros.

Pero si no hubiera y tuviéramos que conformarnos con lo que se puede encontrar ahora mismo, quisiera aconsejarles a los lectores que hicieran sus propias notas sobre la poesía china, o sobre su filosofía ahora que se nos abrió una puerta hacia allá a través de su literatura, que si bien no encierra toda la sabiduría del mundo nos alecciona de manera sencilla y profunda sobre algunos de los preceptos que nos harían acaso llegar a ella.

Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

Deje una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Registrar una cuenta nueva
Restablecer la contraseña