Graziella Pogolotti, argumentos y convicciones

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Por su frecuencia y ubicación en la prensa dominical, y acaso por ciertos giros testimoniales, los textos que Gra­ziella Pogolotti ha reunido en el volumen, que se presentó el sábado en la sede de la Uneac, pudieran clasificar como crónicas.

Pero ante En busca del unicornio, auténtica joya que Ediciones Unión pone a disposición de los lectores en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2016, no importan las etiquetas genéricas, porque lo que pesa y a la vez gana altura es la calidad de un ejercicio intelectual lúcido, necesario más que nunca para entender los tiempos que corren. Ejercicio que se inscribe en la saga de los escritores cubanos —Martí por delante— que han hecho del periodismo una virtud.

Vistas de conjunto estas breves y a la vez intensas reflexiones, publicadas originalmente en Juventud Rebelde en los últimos años, dialogan con los cubanos —no solo los jóvenes, aunque estos sean interlocutores privilegiados— protagonistas y testigos de una época de cambio y confirmación, donde muchas ideas tendrán que abrirse paso mientras otras, esenciales, deben hallar nuevos anclajes.

Aun cuando el espectro temático es variado, hay determinados ejes conceptuales sobre los cuáles la Pogolotti discurre una y otra vez, sin desmayos ni repeticiones, más bien —me permito transpolar una definición musical— valiéndose del principio del tema y la variación.

De tal modo despliega preocupaciones sobre la imbricación entre escuela, desarrollo, crecimiento espiritual y transformación revolucionaria de la sociedad.

Si en “Escuela y nación” llamó la atención acerca de cómo a partir de la intervención de Estados Unidos, que frustró la plena independencia, comenzó a “delinearse una polémica” entre “la influencia del pragmatismo norteamericano (…) reduccionista y utilitario, supeditado a las demandas del mercado laboral” y quienes “más arraigados en la tradición nacional” alentaban “la necesidad de sentar las bases de una formación integradora para la vida y la conducta ciudadana responsable, asen­tada en altos valores morales”, en “Edu­car para la vida” subraya: “Cre­ci­mien­to económico no equivale a desarrollo. El mejoramiento de la calidad de vida requiere la satisfacción de demandas materiales básicas, pero no alcanza su plenitud despojada de una auténtica dimensión espiritual”.

Y más adelante define la misión educativa: “Se trata, ante todo, de enseñar a pensar” e interiorizar que “educar para la vida significa formar intelectuales con conciencia ética y ciudadana, comprometidos con su tarea de impulsar el conocimiento enraizado en ofrecer respuestas a las necesidades fundamentales de la nación”.

En otro orden relaciona familia y formación ética, lectura e intelección, me­moria e identidad, pensamiento y ac­ción. La experiencia pedagógica se conjuga con una capacidad expositiva rigurosa, meridiana y amena, simbiosis que facilita la comprensión de las propuestas contenidas en cada entrega. Esta contribución de la doctora Po­golotti, quien ha sido honrada con el Pre­mio Nacional de Literatura y el de la En­señanza Artística, debe verse, además, desde la perspectiva del ejemplo: el de una mujer que comparte convicciones y argumentos con decidido ímpetu y em­peño vital.

Fuente: Granma Digital / Escrito por: Pedro de la Hoz

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