Miedo a las fotos de grupo

Cuando me pongo a mirar fotos de grupo siento algo de miedo. Voy al pie y leo: Fulano de tal, al centro, con algunos desconocidos. Y ya no decir de aquellas imágenes en la que determinados individuos son borrados como por arte de magia y no de las más modernas técnicas.

No hace mucho encontré una revista Bohemia de los años sesenta. En una de sus páginas, una foto de tres connotadas figuras de la época. Alguien, sospecho que con fino y mordaz humor, había escrito al dorso con tinta azul: El buen ladrón, el mal ladrón y el del medio.

En Cartas a un amigo argentino (Emecé, Editores, 1999), de Witold Gombrowicz, se cuenta que el 8 de abril de 1963, a bordo del Federico C., cuando el autor de Ferdydurke, regresaba a Europa después de veinticuatro años de exilio en Argentina, alineó a los amigos y alejándose un poco dijo:

Con permiso, los voy a mirar como si fuera una fotografía…

A veces me detengo en este pasaje e intento adivinar a sus amigos de izquierda a derecha: Jorge Videla, Jorge Di Paola, Juan Carlos Gómez, Jorge Franquet, Roberto Cebrelli y el fantasma de Virgilio Piñera.

Toda foto de grupo se puede convertir en una manzana de la discordia. Prefiero las otras. Esas que captan otra muerte, otra estática.

«Se fotografían las cosas para poder sacarlas de la cabeza», decia el dilecto Kafka en un acto de fe y memoria por el mundo objetual.

Justo ahora estoy mirando una foto de grupo. Apenas distingo a tres o cuatro. Hace frío. Unos con bufandas. Otros con miedo, como yo. Miedo a las fotos de grupo.

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Licenciado en Estudios Socio Culturales (2012). Miembro de la UNEAC. Ha ganado los premios de poesía José María Heredia (1992-1997), Pinos Nuevos, Calendario... Labora en la sección cultural de la radio CMKC, Radio Revolución.

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