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Una historia polémica: la real Sociedad económica Amigos del País en Santiago de Cuba

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Otra novedad historiográfica que se oferta en las librerías cubanas es el volumen La Real Sociedad Económica de Amigos del País en Santiago de Cuba, del Dr. Carlos Rafael Fleitas Salazar. Se trata de una investigación histórica publicada por Ediciones Santiago en 2014, donde la polémica y el rigor científico se dan la mano para ofrecer al lector los pormenores de una institución que marcó un hito en el progreso sociocultural de la capital del antiguo Departamento Oriental entre 1787 y 1885.

Tras veinte años de investigación, el autor consigna en este texto –estructurado en cinco capítulos— la génesis, desarrollo y declive de la Real Sociedad Económica de Amigos del País en Santiago de Cuba (RSEAP.SC) desde la segmentación en tres períodos, con sus respectivas peculiaridades políticas e histórico-sociales.

El primero de ellos: de 1787 a 1824, marcado por la influencia directa de la Ilustración francesa, y caracterizado por la llegada de la imprenta a la ciudad en 1792, junto al surgimiento de los primeros periódicos, como el Ramillete de Cuba y El Canastillo, plataformas del intenso quehacer reporteril de Manuel María Pérez y Ramírez (1772-1852). La creación de los diversos rotativos que circularon en la localidad por aquellos años estuvo asociada con el primer período de libertad de prensa decretado por Fernando vii entre 1810 y 1814.

El segundo momento de dicha institución se remonta de 1825 a 1868, donde el amor patrio se vio reflejado en el incremento de su membresía; la fundación en 1833 del diario El Redactor –órgano de la RSEAP.SC – como máximo exponente del periodismo especializado del Santiago colonial; el estímulo al fomento de la producción agrícola y la minería; o la creación de nuevos proyectos educacionales que diesen respuesta a las deficiencias existentes dentro de la instrucción pública colonial en la municipalidad, etc. En cambio, la tercera etapa data de 1868 a 1885, signada por la crisis derivada del estallido de la Guerra de los Diez Años en la región oriental. Esta circunstancia repercutió directamente en la membresía, al emigrar al exterior muchos de sus socios; la disminución de sus fondos y el aumento de las deudas bancarias que condujo al declive de la institución. El carácter “ilustrado” de sus afiliados mermaba en comparación con épocas anteriores, al integrar sus filas algunos representantes del gobierno colonial, como el Sr. Blas Villate, Conde de Valmaseda –nombrado Socio Honorario— y del patriciado santiaguero, quienes entronizaron su autoritarismo en el seno de ésta.

Durante la consulta de este texto puede advertirse el empleo profuso de fuentes documentales y hemerográficas por el autor. En sus páginas, encontrará el lector una visión heterodoxa de la historia local, desde el empleo de múltiples corrientes metodológicas –propias de la sociología, la historia económica y la historia de las mentalidades— que avalan el oficio del Dr. Fleitas. Aquí se desmienten mitos asociados con personalidades que engendraron el pensamiento criollo en el siglo xviii, como el monseñor Joaquín Osés de Alzúa y Coparaccio, el arzobispo Antonio María Claret y Nicolás Joseph de Ribera; o en su consolidación durante el primer sexenio del siglo xix, como Francisco Muñoz del Monte, José Villafañe Viñals, Juan Bautista Sagarra, y otros más que contribuyeron –desde sus ámbitos temporales y filiación ideológica— al desarrollo científico, educacional y socioeconómico de la ciudad santiaguera y el antiguo Departamento Oriental.

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