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Más allá de los límites: once novelas del siglo XXI

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Cortesía de

Norberto Codina, tomado de la revista La gaceta de Cuba No. 2 de 2015

Escrito por Nara Araújo

I

Es indiscutible la visibilidad de narradoras en el panorama de la literatura en nuestro país. Aquella carencia, de la cual hablara Luisa Campuzano, ha desaparecido ce­diendo lugar a una actividad creativa por parte de escritoras que, pertenecientes a distintas generaciones, con obras previas en otras formas discursivas, provenientes de disimiles profesiones, y algunas de las cuales residen en otros espacios que la capital del país, han edificado un cuerpo narrativo, fortalecido en la última década del pasado siglo. Antecedentes no faltaban.

En la literatura cubana dos autoras hi­cieron aportes a la narrativa, en particular a la novela: Gertrudis Gómez de Avellaneda, en el siglo xix, y Dulce Mana Loynaz, en el xx. Pero el ímpetu de obras como Sab, Dos mujeres, Espatolino, entre las más connotadas de la primera, así como de la enigmática Jardín, de la segunda, parecían casos aislados, valiosas perlas de breve co­llar. Aun cuando un momento del proceso narrativo cubano fue la novela feminista de principios del siglo xx, ésta no pudo ir más allá de planteos novedosos, al fallar la factura estética y sobreponerse el “mensa­je” a lo artístico. La recuperación de esa zona de la narrativa insular, comenzada por Susana Montero en nuestro país, reconoce sus irregulares cualidades literarias, para destacar su lugar en el panorama cultural de aquella época.

Hoy asistimos a una eclosión de la novela escrita por mujeres, fenómeno que ha marcado la producción literaria de otros países no sólo de habla hispana. Género dúctil y atractivo, con preferencia en el mercado editorial, a él concurren autoras de diversas filiaciones para participar de su diseño en la Cuba del siglo xxi, dando mues­tras de madurez artística. Algunos de los textos críticos que se han ocupado de esta producción en el contexto general o parti­cular, han leído en lo literario los signos de cambios ocurridos en los últimos años del pasado siglo en la Isla. Esas cartografías resultan de suma utilidad pues establecen las coordenadas entre la serie literaria y la serie social, y los vínculos entre las distintas formas de discurso.

En este caso interesa dar fe de un grupo de once novelas (diez publicadas en Cuba; una, en España), en el lapso entre 2003 y 2006, indicando así el resultado de una praxis literaria anterior, que alcanza un momento feliz, tanto por el número de obras, como por la variedad, pero igualmente anunciando, a pesar de lo falible de todo pronóstico, la continuidad de una novelística escrita por mujeres cubanas, que van más allá de tener un cuarto propio. En esos vínculos entre serie literaria y vida social, interesa entonces examinar los procedimientos que en estas novelas sirven para alcanzar un determinado grado de realización estética -asuntos, temas, estructura, personajes-, lo cual alimenta el cuerpo novelístico de la literatura cubana, que dentro y fuera de los límites territoria­les, goza de buena salud.

Las escrituras de las mujeres entran en el campo literario con cualidades que no se limitan a las del testimonio y el documento -funciones que el texto literario, sin vergüenza, puede asumir-, expresando una voluntad subversiva o una “conciencia de género” , sino que poseen sobre todo un valor estético, lo cual implica una jerarquía entre ellas.

Continua…

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