Reseña

De lo efímero a lo eterno. La palabra al aire

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Si existe algo que hace eterna parte de la historia que se ha vivido y se vive es un libro. Bien lo sabemos. Pero un buen libro puede hacer lo que algunos llaman muy mal, un arte o un trabajo efímero como la radio. Aún cuando sea breve por la trasmisión la radio no llega a ser efímera, si lo que se dice se le mete a uno en el corazón, llega a ser inolvidable, la radio puede ser de toda una vida. De eso saben bien hombres y mujeres que una vez comenzaron a escribir, copiar, manejar el sonido y desafiar los micrófonos. Comenzaron por un día y volvieron al día siguiente, y sin darse cuenta regresaron un tercer día, y un cuarto y pasó una semana, y luego un mes y un año, y varios años y jamás han sido traicionados por su compañía.

Entonces si uno no ha vivido la historia pasada, si uno no ha estado rodeado de hombres y mujeres que creyeron en lo efímero y eterno de la radio, lo mejor es acercarse a un libro, un libro que por supuesto tuvo que realizar un autor del medio.

En este caso, para los que no vivimos en un lugar que se llama Santiago de Cuba y queremos saber de la historia de la radio santiaguera, que es también la historia de su gente, bien vale acercarse a un libro, este libro de Eric Caraballoso Díaz, gestionado por la Fundación Caguayo y publicado por la editorial Oriente. Aquellos que no sabíamos nada de Santiago, sus emisoras, locutores, actores, actrices y programas trasmitidos, ya podemos abrir con confianza este volumen. La palabra en el aire. Memorias de la radio santiaguera.

Aquí, esa palabra que estuvo en el aire se atrapa con el puño cerrado. Y se lo acerca uno al oído, para escuchar y soltarlo luego, como una luciérnaga que sale volando y nos deja la luz. Este es un libro que abre caminos, que brinda luz, tal vez no la suficiente, pero sí una luz que alumbra el camino.

Aquí queda el testimonio, quedan escritos por fin los desvelos, los sueños, las aspiraciones, la realización de mucha gente que sacrificó la familia, el amor, la amistad, la salud, para darlo todo, entregarlo todo por estar detrás de un micrófono. ¿Qué tienen los micrófonos y los estudios de grabación que dominan a la gente? Aquí se explican fundaciones, la aparición de un medio allá por 1922.

Tal vez no nombre la cantidad de nombres y estaciones, de la ciudad y la montaña que están aquí. No le voy a contar al lector datos, porque es este un libro que debe leerse como si uno estuviera escuchando una radionovela, o un testimonio en el medio. Aquí se dejan escuchar las voces que se entretejen y conforman la historia de la radio. A veces unos muy reconocidos, a veces otros que para los oyentes no fueron tan importantes.

Este libro debe leerse, como sugirió su autor, junto al libro de Reinaldo Cedeño A Capa y espada, que cuenta la historia de la televisión, donde varios de estos personajes se repiten. Debe leerse este libro desde los títulos, las notas y las codas, deteniéndose en las fotografías. Debe leerse este libro hurgando en cada uno de los personajes y con paciencia, para que mientras se lea, se escuche, es este un libro para leer y escuchar mientras se lee, mientras se recuerdan sus protagonistas. Debe leerse la bibliografía.

Tal vez este libro presente ausencias y extrañezas, pero en la vida también hay ausencias que luego va uno buscando la manera de llenar.

Pero cuando lee este libro puede saber que su autor es una persona meticulosa, que se entrega, que sabe buscar la palabra y colocarla. Un autor que advierte en las líneas iniciales que esta no es la historia de la radio santiaguera, es un esbozo, y ha dejado para otras páginas, otras historias que no puso contar ahora, sabe bien este autor que la radio no es para nada efímera y mucho menos puede recogerse en mil ni dos mil páginas, sabe este autor que para escribir sobre la radio hay que llenar tantas páginas como libretos, o programas en vivo, sabe que esta historia no acaba. Sabe nuestro autor que los libros de historia jamás se terminan.

Yo les digo, acabo de leerme este libro y he aprendido sobre la radio. Tal vez se hubieran perdido para siempre muchos de estos recuerdos, pero por suerte quedaron aquí. Yo tuve el enorme gusto de leer estas páginas, y se las sugiero. Ya les digo, no les cuento, pero aquí están hombres y mujeres muy reconocidos, algunos desaparecidos físicamente, pero siguen vivos. Este es un libro que no deja morir. Este es un libro que repito no cree en lo efímero, respeta y honra.

Gracias, Eric por devolver, por hacer permanecer lo hermoso. Por hacer, como decía Reinaldo Cedeño, la radio, imbatible.

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