Mis amigos y yo sabemos que no hay regalo más importante que un libro, y libros me traen de regalo los amigos por los aniversarios, los viajes a las Ferias y las incursiones al extranjero, ¿y qué es un regalo sin que el mundo sepa quién te lo dio? Para eso están las dedicatorias, el libro vive más de una vida, tiene alas y me gustaría saber, cuando llegue a mí, a quién pertenecía, dónde, cuándo y quién lo regaló.
Una amiga tuvo el placer de asistir, en la República Dominicana, a la presentación de un libro maravilloso, El viajero del siglo, Premio Alfaguara de Novela 2009, y conocer al joven y apuesto autor que se lo dedicó, de manera ingeniosa, como deben ser las dedicatorias: El viajero del siglo es para Consuelo, que es muy bienvenida a este lugar que empezará a existir cuando ella entre. Abrazos grandes, Andrés Neuman.
Dedicar un libro también es literatura, no importa que no conozcamos al lector que ha esperado pacientemente en una larga cola, hasta llegar al autor para recibir una dedicatoria, siempre se puede escribir algo personal y hermoso, también por eso el escritor escribe.
José Kozer no me conocía cuando me dedicó su excelente antología poética No buscan reflejarse, dice: Para Marta, la otra hermana de María, de su José.
Hace unos años fui a la presentación de un muy buen libro en el cual participé con la realización de varias ilustraciones muy elogiadas, al final el autor escribió: Con afecto, el autor.
En 1979 la editorial Arte y Literatura publicó uno de mis libros preferidos en la colección Cocuyo, Nueve Cuentos de J.D.Salinger, el título del cuento número seis es una preciosa e inusual dedicatoria: Para Esmé, con amor y escualidez.
Entre mis dedicatorias preferidas está la del libro Amor, de Toni Morrison, un amigo me lo envió desde España con otro amigo y dice: Con semejante título para qué dedicatoria, Con todo título, L. Vigo lejano.
De la Feria del Libro de 2009 me regalaron un libro deseado Isadora, de Maurice Lever, con una dedicatoria que es algo para recordar: M, Mujeres como nosotras, mujeres de siempre, como la siempre amistad por encima de los avatares. Abrazos T.M.
Trabajar en una Editorial tiene la ventaja de conocer, casi siempre, a los autores; y cuando quedan satisfechos del arte final o sienten que han logrado una empatía con los editores o diseñadores pueden dedicar su obra: Para Ángela H., que escribió este libro conmigo, eso dice Luis Álvarez Álvarez, en Nicolás Guillén, identidad, diálogo, verso. O recibir la dedicatoria / regalo de Joel James Figarola en El Caballo Bermejo: Para MM, que tiene similares angustias con la cultura cubana, con un abrazo J J F.
Y qué decir cuando Nicolás Guillén, en cuerpo, alma y guayabera, entra casualmente a una librería y te encuentra con El Gran Zoo, en la mano, y te quedas sin habla y llega el placer cuando te pide el libro y tu nombre, saca del bolsillo una pluma fuente dorada y escribe: Para Marta Capullito de Rosa, Recuerdo de Guillén, la fecha y luego dibuja una florecita.
Decididamente dedicar es un arte, y forma un vínculo indisoluble entre el lector, el autor y su obra.
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