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Escriba y Lea o la maldita suerte de las cosas

Yoel Almaguer de Armas

– ¿Posterior a la Edad Antigua?
– Sí.
– ¿Posterior a la Edad Media?
– Sí.
– ¿Posterior a la Revolución Francesa?
– Sí.
– ¿Posterior a…?

Y la maquinita arriba de la mesa marcaba las oportunidades que le quedaban a los tres panelistas, quienes debían adivinar el hecho histórico, la personalidad o lo que fuera. Entonces Escriba y Lea era un programa estelar de la televisión cubana.

Tenía audiencia: los estudiosos de la historia toda, los aficionados, los interesaos y hasta los niños seducidos por el afán de los abuelos, que eran medios analfabetos, pero conocedores de lo que era bueno para el andar seguro de alma y conciencia: “Este programa es muy bueno, porque te dará mucha cultura”, me decían en casa.

Siempre hubo quien dijo que Escriba y Lea era aburrido, pero probablemente ninguno de esos llegó muy lejos en la vida, porque quien no conoce algo de la historia le resulta casi imposible hacer su propia historia.

Escriba y Lea era un programa divertido. Uno podía jugar con la historia desde la adivinanza o el personaje incógnito. Incluso, empezamos a admirar a aquellas personas virtuosas, repletas de conocimientos adquiridos casi siempre de manera autodidacta. Luego pasaron a la popularidad el profe Ángel Pérez Herrero, la doctora Ortiz y más acá en el tiempo, el profesor Félix Julio.

Hace unos días alguien dijo que el equipo de trabajo de Escriba y Lea estaba triste, por el horario, por la falta de sentido de pertenencia hacia ellos y por el desprecio.

La televisión, la radio y todos los demás medios de comunicación no han encontrado un espacio para contar, eficientemente, la historia. Algún que otro intento ha llegado con los dramatizados, pero casi siempre desde el artificio, la exageración y la poca hondura en el tema; y otras veces programas mal logrados, con escasa preparación académica de presentadores atrevidos que no pueden, por desconocimiento, ser partícipes del tema del programa.

Escriba y Lea es un espacio necesario en la televisión cubana, como lo ha sido Vivir del Cuento o la Mesa Redonda. Cuba necesita hablar de historia, de la nuestra y de la que nos han legado como cultura general. La historia no solo de los héroes que hicieron esta o aquella revolución, sino la historia de una bailarina, de un pintor, de una calle, de una construcción, de un presidente, de un traidor o de una mujer que vivió duro.

No quiero decir que la programación del Canal Educativo es menor, ni que cuenta con menos interés por parte de los públicos. Me refiero aquí a la necesidad de hacer más extensivo un programa que trasciende los límites de lo educacional para ser familiar, o de barrio.

Alternativas sobran para llevar, nuevamente, a Escriba y Lea a un horario de máxima audiencia. Por ejemplo, pudiéramos hacer ajustes con espacios como Suena Bonito, trasmitido los viernes a las ocho de la noche por el Canal Cubavisión. En ese mismo horario, el martes, los televidentes tienen Piso 6, tan cambiado de horario y de días, y que al final son dos programas musicales, dos más.

La historia que se contaba en Escriba y Lea era atractiva, todavía lo es. Sería bueno tenerla un poco más cerca y contada de esa manera, para analizar qué hemos sido y hacia dónde vamos.

El siguiente tema, sin información visual, lo envió Ángela Chamizo del municipio de Sandino, en la provincia de Pinar del Río; y se trata de un personaje de la revolución cubana.

– ¿Este personaje es una mujer?
– No.
– ¿Es un personaje fallecido?
– No, está vivo.
– ¿Es un hombre que se destaca en el ámbito de las artes y la política?
– Sí.
– ¿Este hombre casi siempre se viste de gris?

Y los panelistas sonríen, porque ya tienen la respuesta.

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