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El hombre que amaba las preguntas

A la memoria de Ismael Oria Castellanos

Se llamaba Ismael. Ismael como el de la ballena blanca, de Melville. Lo cuestionaba todo: El precio de las viandas en el mercado; el parte meteorológico en el noticiero de las ocho; las notas oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero Ismael murió con una interrogante en la boca: ¿Dónde está el tambor de hojalata? Los  más allegados, que sepamos, Ismael no era admirador de Günter Grass, pero los senderos que llevan al paraíso son insondables e inescrutables.

El hombre que pregunta es un sabio. Reconocer la ignorancia no es pecado. Pero si esa interrogante lleva en si una sustancia socrática salpicada de ironía, las cosas de la vida van mucho mejor.

Las interrogantes de Ismael eran largas, tortuosas y algunas veces con un dejo de sarcasmo. Era una semántica de la ironía.

Digamos por ejemplo que usted llega a una tertulia de amigos y un hombre que cifra los sesenta años te pregunta de sopetón:

Jovenzuelo ¿Dónde estaba usted en diciembre de 1991 cuando en la planicie de Bielaviezh se firmaba el acuerdo de disolución de la URSS? No me vaya a decir que usted estaba llorando por la muerte de  Freddie Mercury o el adiós al comunismo. .

Ismael fue un lector profundo. Su biblioteca iba de lo sublime a lo sublime. Allí podías encontrar La lozana andaluza, de Francisco Delicado, novela que por muchos años durmió el sueño eterno en la Biblioteca provincial Elvira Cape, pasando por Ensayos y Críticas, de Edgar Allan Poe (en traducción de Julio Cortázar), ejemplar que una vez compró por tres pesos moneda nacional en la antigua librería Renacimiento hasta una edición de Abrí la verja de hierro, con las erratas corregidas con tinta azul por el mismísimo Fayad Jamis.

Lo último que le llegue escuchar al preguntón de Ismael fue:

Jovenzuelo ¿Sabe usted quién fue Salvador Monsalud? ¿No? Pues mire, a usted que le gusta tanto criticar lo que sucede en este país, hiciera muy bien si leyera La segunda casaca, de Benito Pérez Galdós.

Ismael no persiguió ballena alguna. Apenas viajó en avión. Por ser Vanguardia nacional del trabajo, se ganó un viaje por los países socialistas. Regresó con el mismo safari beige con bolsillos de plastrón,  charreteras y portabalas, y una foto de grupo en la Plaza Roja. Es el primero de la derecha. No sonríe a la cámara, Más bien parece que le pregunta ¿Dónde está el tambor de hojalata?

Ahora escucho un redoble y me pongo a llorar por Ismael.

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Licenciado en Estudios Socio Culturales (2012). Miembro de la UNEAC. Ha ganado los premios de poesía José María Heredia (1992-1997), Pinos Nuevos, Calendario… Labora en la sección cultural de la radio CMKC, Radio Revolución.

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