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Los ojos de Orlando cantan

El tema de la nostalgia producto de la emigración cubana no es nuevo. Es un tópico peliagudo precisamente por ese ir y venir en nuestra literatura. Lo singular de esta vez radica en el tino al conducir esa nostalgia por historias tan habituales.

El libro, Ellos cantaron Happy Bithday, nos anuncia la dualidad que viven algunos de sus personajes, los  cubanos de los noventa, divididos en dos bandos: los que se fueron y los que se quedaron. Luego de acabarlo sabes que es mucho más que eso, pero vuelves a leer algunas partes, en espera de escuchar a todos los habitantes de estas páginas corear la misma tonada de celebración en el idioma del enemigo –me disculpo, del que fuera el enemigo en esa época, ahora nos estamos reconciliando, espero-.

Los personajes hablan directamente en la mayoría de los cuentos. Monologan en sus mentes en un diálogo con el lector y lo involucran en sus reflexiones sobre una realidad muy cercana a la generalidad de los cubanos. Solo en el último vemos la historia desde fuera por esa división espacio-temporal entre ellos y su lugar, entre los ellos que fueron y los que son y no serán más al pitar la máquina.

En Cuba, y en casi todas las sociedades del mundo, hoy se dice que no hay racismo institucional, y es verdad, pero es sabido que el verdadero sobrevive, el que no zafamos de nuestros genes.

El tema del racismo no es nuevo, tampoco, ni siquiera el enfoque de la automarginación desde el prejuicio arraigado en la mente del hombre. En Cuba, y en casi todas las sociedades del mundo, hoy se dice que no hay racismo institucional, y es verdad, pero es sabido que el verdadero sobrevive, el que no zafamos de nuestros genes. Y por eso, entre otras razones, la negritud ha sido un punto de referencia en todas las manifestaciones artísticas por acá. Quizás, el casi susto provocado por el ambiguo modo de narrar esa historia, es lo que la salva.

El personaje escritor, tan asiduo a la narrativa y la poesía actual que hacemos, comenta sus vicisitudes para vivir y crear. Nos anuncia, como en un juego de intertextos, sus próximos libros. Recuerda que debajo de cualquier piedra, en esta isla maravillosa, puede salir un escritor –y de los buenos-, incluso debajo del monolito de Hipócrates; y que escribir sobre escribir es totalmente lícito, siempre que se construya un personaje verosímil y auténtico,  aún en su ser común. Ahora bien, amén de que le aporta organicidad al libro, es un tanto desalentador encontrarse con tantos escritores juntos, tan parecidos  y tan cerca. Los otros personajes me los callo para que lean.

Innegablemente acertado, para cualquier lector con tres dedos de frente, resulta el manejo de lo espacio-temporal. Aquí el espacio-tiempo es un agujero en forma de gusano enrollado sobre sí mismo. Adelante allá, atrás allí, quieto aquí, y otra vez, sin respetar un orden necesariamente lógico, pero coherente con el texto. Entonces visitamos el presente actual, el presente pasado, el presente futuro, o el presente inmediato, el futuro posterior, el pasado mediato. Vivimos un rato lo que para ellos fue/es: la Cuba Sonreída, la Cuba Período Especial, la Cuba Batalla de Ideas, la Cuba Solidaridad Humana; el Caribe Hirviente, el Caribe Enfermo, el Caribe Necesitado; y, también, el Estados Unidos Sosiego Material, el Estados Unidos Lejanía, el Estados Unidos Soledad, el Estados Unidos Nostalgia. Y así –si no lo sigues agudo te pierdes- conoces las interioridades de los personajes, porque es este un conjunto de cuentos de una profundidad psicológica envolvente.

Regreso a los ojos de Orlando –que me disculpe el tutearlo-, ahora que conozco sus cuentos, aunque seguramente la mayoría es un invento de su fértil imaginación, por el tono con que narra, es inevitable sentirlo en ellos. Sin ademán de piropo –bien puede tomarlo así, si lo prefiere-, sus ojos son, en esa foto, un personaje más del libro, y dicen, con creces, todo lo que él calla.

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(Jobabo, Las Tunas) Soy Licenciada en Letras por la Universidad de Oriente. Actualmente estudio en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. En mis tiempos libre escribo cuentos y poemas y luego salgo corriendo a impartir clases de Español Literatura. He tenido la oportunidad de escribir algunos guiones de cortos de ficción.

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